El subsoleo es una práctica de
labranza de la parte sub-superficial del suelo, con la que no se produce
inversión de prismas, y tiene el propósito de romper las capas
compactadas del suelo que restringen el movimiento del agua, del aire y
la penetración de raíces (Soil Conservation Society of America 1982).
El principal implemento agrícola usado es el subsolador, "una pieza
metálica, pesada y de gran resistencia, la cual al introducirse en
el suelo y ser tirada por un tractor, causa la ruptura de las capas
compactadas". El subsoleo se realiza para aflojar el suelo, aumentar
la aeración, mejorar el drenaje y la distribución de la humedad,
destroncar y despedregar, todo ello para favorecer el crecimiento
radicular.
Cuando un suelo presenta compactación o drenaje interno impedido,
el crecimiento de las raíces es restringido, se limita la captura de
humedad y se incrementa la escorrentía y la erosión. Rice (1983),
señaló que los cultivos con un desarrollo radicular restringido en
el horizonte superficial, nunca llegan a alcanzar su potencial de
producción.
En general, el subsoleo permite aumentar la producción de varios
cultivos como la soya y el maíz, en terrenos donde se realiza
labranza mínima (griffith et al . 1986; Ortiz 1985)
La época apropiada para realizar el subsoleo está determinada por
la estación de siembra del cultivo, el tipo de suelo, el contenido
de humedad del suelo, el clima y la susceptibilidad del suelo a la
erosión. Como ejemplo, en los Estados Unidos se recomienda hacer
esta práctica en suelos pesados durante el otoño, cuando tienen el
grado óptimo de humedad proveniente de la precipitación (y no
solamente de la irrigación) (Green et al . 1981).
Cassel (1979) indica que los subsoladores tienen otros usos además
de romper las capas compactadas del suelo. Con ellos se puede halar
una masa metálica con forma de "bala" o similar (aguilón), a través
de suelos arcillosos húmedos para crear un orificio que permite el
drenaje o la irrigación sub-superficiales.
Cuando el suelo está húmedo se requiere de menos energía para el
subsoleo, pero el volumen de suelo que es disturbado disminuye. Por
lo general, el mayor beneficio se logra cuando el suelo está
relativamente seco (London 1991). Según Cassel 1979, el ámbito
óptimo de humedad se encuentra entre 1 y 9.8 bares (3 y 44 pF), lo
que corresponde a una condición cercana a la capacidad de campo
(London 1991)
En plantaciones ubicadas en regiones con un ecosistema de bosque
húmedo tropical, posiblemente nunca se logra alcanzar el momento
"óptimo" para el subsoleo. Por ejemplo, en las plantaciones de palma
aceitera del Grupo Numar en Coto (Costa Rica), la "ventana" para
realizar esta labor es muy corta. Contrariamente, en la región de
Quepos (Costa Rica) y San Alejo (Honduras), se presenta una época
seca más larga que permite una mayor flexibilidad para realizar el
subsoleo.
Como beneficio del subsoleo, se menciona la reducción en la
densidad y dureza, y el incremento en el volumen de macroporos del
suelo, lo cual mejora la aeración y el drenaje interno y aumenta la
tasa de infiltración del agua (Caliman et al.1990). En estudios
realizados en Coto, se encontró que el contenido de humedad y la
porosidad (poros grandes) ejercen un efecto sobre la producción de
palma aceitera de 61 y 18% respectivamente, (Durán et al .1993,
Durán 1994).
En esta misma región, Ortíz y Durán (1993) encontraron que el
subsoleo, más una pasada de rastra mejoraron el crecimiento y el
rendimiento inicial de la palma aceitera, con relación al testigo
sin labranza. En este experimento, todos los tratamientos donde se
utilizó algún tipo de labranza mostraron un mejor crecimiento que el
testigo (cero-labranza).
Donde no existen problemas de compactación o drenaje, no es
necesario subsolar. Si hubiese horizontes compactados, entonces, es
importante considerar los beneficios económicos del subsoleo u otra
práctica de labranza.
Literatura citada
Caliman, J.; Concaret, J; Aubry M., 1990. Labor de subsoleo en una
plantación de palma aceitera. Presentación del implemento adecuado y
de las condiciones de realización. Oleagineaux 45(8-9):393-394.
Cassel, D.K. 1979. Subsoiling. Crops and Soils. American Society of
Agronomy. Madison, WI. p. 7-10.
Durán, N.; Ortíz, R.A.; de Bruin, S. 1993. Utilización de
tensiómetros para la medición del status de humedad del suelo y su
relación con la producción de palma aceitera. Congreso Agronómico
Nacional. San José, Costa Rica p. 217.
Durán, 1994. Evaluación del efecto de algunas propiedades físicas
de suelos y precipitación en la producción de palma aceitera.
Congreso Técnico. Grupo Numar. Coto 47. Costa Rica.
Green, D.; Woolley, D.G.; Mullen, R.E. 1981. Agronomy Principles
and practices. Burgess Publishing Company. Minneapolis, MN. p.
134-149.
Griffith, D.R.; Manneuring, J.V.; Box, J.E. 1986. Soil and moisture
management with reduced tillage. In Sprague M., and F. Triplett
(Eds.) No-tillage and Surface-Tillage Agriculture. John Willey P.
and Sons. New York. p. 19-58.
London, J. R. (Ed.). Booker tropical soil manual. Longman
Scientific and Technical. London. p. 88.
Ortiz, R.A.; Durán, N. 1993. Oil Palm growth as affected by
different tillage systems. American Society of Agronomy Agron.
Abstr. Madison, WI.
Ortiz, R.A. 1985. Chemical and physical properties of long-term
multiple cropping systems as affected by tillage. Agronomy Dept.
IFAS. University of Florida. Gainesville. 127p.
Rice, R.W. 1983. Fundamentals of no-till farming. American
Association for vocational Instructional Materials. Athens, GA. p.
59-60.
Soil conservation Society of America. 1982. Resource conservation
glossary. Soil Conservation Society of America. Third Edition.
Ankeny, IA. p. 171.
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