| Resumen En esta revisión se
hace referencia a 135 especies de enemigos naturales de 27 especies de
artrópodos perjudiciales a la palma aceitera en América tropical: 98
parasitoides, 15 depredadores y unos 22 agentes entomopatógenos. Se hace
énfasis en las especies encontradas en Centroamérica. Se conoce muy poco
acerca de la biología y comportamiento de la mayoría de estos
organismos, lo cual limita su utilización en programas de manejo
integrado. El número de artrópodos potencialmente perjudiciales a la
palma aceitera comprende más de 80 especies. La gran mayoría no causan
un daño notable económico, pues sus enemigos naturales mantienen bajas
sus poblaciones. El conocimiento de la biología, hábitos e
interrelaciones entre organismos perjudiciales, enemigos naturales y
ambiente es crucial para mantener las relaciones de equilibrio natural
dentro de un agroecosistema. La vegetación asociada al cultivo puede
jugar un papel clave en mantener una población estable de depredadores y
parasitoides dentro de la plantación, y favorecer el desarrollo de
epizootias por parte de algunos microorganismos.
Introducción El agroecosistema de la
palma aceitera posee dos componentes vegetales íntimamente relacionados:
el cultivo y la vegetación asociada. La mayoría de la fauna existente
está en la vegetación, incluyendo los organismos que regulan a las
poblaciones de artrópodos perjudiciales para el cultivo (Syed y Shah
1976; McKenzie 1977; Genty 1981, 1984; Wood 1982; Desmier de Chenon
1987; Prior 1987; Mexzón y Chinchilla 1992; Hoong y Cristopher 1992;
Delvare y Genty 1992; Dhileepan 1992).
Las plantaciones de palma aceitera en Centroamérica han sido
inspeccionadas por varios entomólogos en el pasado, pero la
información sobre los enemigos naturales es escasa y comúnmente se
encuentra en publicaciones de distribución muy limitada. En América
del Sur, el mayor volumen de información proviene de Colombia y en
menor grado de Ecuador y Brazil (Genty et al . 1978; Reyes y Cruz
1986). Varios investigadores de la compañía Chiquita Brands Int.
realizaron diversos estudios de las plagas y de algunos de sus
enemigos naturales en plantaciones de Costa Rica y Honduras
(Stephens 1962, 1984; Evers 1976, 1979, 1982; Richardson 1979;
Chinchilla 1992). Recientemente, Mexzón y Chinchilla (1992)
realizaron un inventario de los artrópodos perjudiciales y sus
enemigos naturales en tres países (Costa Rica, Honduras y Panamá),
en donde encontraron 11 especies de organismos depredadores, 23 de
parasitoides y al menos 6 agentes entomopatógenos.
Con relación a la vegetación, McKenzie (1977) en Sumatra y Genty
(1988) en Colombia, observaron que los enemigos naturales de
insectos se hospedaban y alimentaban en plantas con nectarios, como
por ejemplo, especies de euforbiáceas, malváceas, solanáceas y
otras. Mexzón y Chinchilla (1992) mencionan 18 especies de plantas
comunes en las plantaciones, en las que se alimentaban parasitoides,
y posteriormente, Mexzón (1992) añade 19 especies más.
Delvare y Genty (1992) recolectaron en forma sistemática 187
especies de parasitoides asociadas a 12 especies de malezas en
plantaciones de Colombia y Ecuador.
Esta revisión tiene como objetivo recopilar parte de la
información acerca de los enemigos naturales de los artrópodos
perjudiciales a la palma aceitera en América Tropical.
Artrópodos Perjudiciales y sus Enemigos Naturales
La mayoría de las especies perjudiciales a la palma aceitera en América
tropical son larvas de lepidópteros, de las familias Attacidae (
Auto-meris spp.), Brassolidae (Brassolis sopho- rae, Opsiphanes cassina
), Limacodidae ( Euprosterna eleasa , Euclea spp., N
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| R hinostomus barbirostris se encuentra
comunmente asociado a palmas viejas estresadas, y posiblemente
no es una plaga primaria de la palma aceitera. |
atada sp., Sibine spp.),Oecophoridae ( Peleopoda arcanella ),
Psychidae ( Oiketicus kirbyi ) y Stenomidae ( Stenoma cecropia ).
Daños en menor grado, aunque también de importancia son causados
por los crisomélidos Delocrania cossiphoydes , Hispoleptis
subfaciata , Spathiella sp. y Caliptocephala marginipennis , (Genty
et al . 1978; Reyes y Cruz 1986; Genty 1989; Mexzón y Chinchilla
1992). Las hormigas arrieras (Formicidae) y los coleópteros
Rhynchophorus palmarum y Strategus aloeus también ocasionaron daños
de importancia.
En Colombia, E. elaeasa Dyar, O. kirbyi Guilding y
S. cecropia
Meyrick han sido algunas de las plagas más dañinas (Genty 1978;
Genty et al . 1978; Reyes y Cruz 1986).
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Coleóptero alimentándose de una
larva de S. aloeus |
En Centro América, daños severos han sido causados por O. cassina
Felder, S. cecropia, O. kirbyi, Sibine fusca y
S. megasomoides
Walker.(Ever 1976, 1979; Richardson 1979; Chinchilla 1992) O. kirbyi
fue una plaga muy importante en las plantaciones de banano en los
años sesenta (Lara 1970; Stephens, 1984). Se conoce de la existencia
de al menos 41 especies de insectos que causan daño a la palma
aceitera en Centroamérica (Mexzón y Chinchilla 1992). La gran
mayoría se reconocen como de importancia secundaria, debido a que
poseen un importante complejo de enemigos naturales que mantienen
sus poblaciones en una condición de equilibrio.
Parasitoides de Larvas y Pupas
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Sibine sp . infectada por hongo |
Superfamilia Chalcidoidea
Las familias mejor conocidas son Chalcididae, Elasmidae,
Eulophidae, Eurytomidae y Pteromalidae (
Cuadro 1 y
Cuadro 2 ).
Chalcididae: las avispitas de los géneros Brachymeria y Conura
son las más conocidas en palma aceitera, por su abundancia como
parasitoides de varios defoliadores lepidópteros.
En el género Conura los individuos son comúnmente de color
amarillo con bandas negras en el tórax, abdomen y patas; algunas
avispitas son de color negro con manchas rojas. Su tamaño es
variable; de muy pequeñas (2.0 mm), como el caso de los
hiperparasitoides de Cotesia, hasta algunos de tamaño considerable
(15 mm), como las que parasitan las especies de Automeris. Conura
también ataca otros lepidópteros (Brassolidae, Limacodidae,
Oecophoridae, Psychidae, Stenomidae, Tinaeidae), y en menor grado
las larvas de algunos crisomélidos ( Demotispa pallida Baly y H.
subfaciata ) (
Cuadro 2 ).
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Una ninfa de Mormidia sp.
atacando un adulto de Stenoma cecropia |
C. maculata parasita O. cassina ; los adultos emergen de la pupa
del huésped a través de varios agujeros circulares en grupos de 12 a
16 individuos. En la región de Barú en el norte de Panamá, se
observaron hasta 36 individuos adultos en una pupa. Conura miniata
ataca Limacodidae como E. eleasa , pero se comporta como un
hiperparásito de Cassinaria (Ichneumonidae), el cual es un género
muy importante de parásitos de varios defoliadores (Genty 1989;
Mexzón y Chinchilla 1992). Conura spp. (al menos dos especies), se
ha encontrado en Coto (Costa Rica) parasitando larvas de O. kirbyi
.
El nivel de parasitismo ha alcanzado hasta un 17%.
Las avispas del género Brachymeria son frecuentemente de
coloración negra, con manchas o líneas verdes en la tibia y
metafémur. Su ámbito de hospederos es probablemente muy similar al
de Conura. El número de especies en el ambiente de las plantaciones
de palma es probablemente grande, pero sólo unas pocas han sido
descritas. En Napo, Ecuador, B. annulata, parasita Saliana severus
Mabille (Hesperiidae)(Genty 1989). Los adultos se han observado con
regularidad en varias plantas herbáceas comunes en las plantaciones.
Al menos dos especies de Brachymeria hiperparasitan al género
Cassinaria (Genty 1989; Mexzón y Chinchilla 1992).
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Pupas de Cotesia sp. sobre una
larva de Sibine sp. |
Otros chalcidoideos
Las familias mejor conocidas en palma aceitera son Elasmidae (
Elasmus spp.), Eulophidae (Elachertus, Euplectromorpha, Kaleva,
Nesolynx), Eurytomidae (Eurytoma) y Pteromalidae (Halticopteroides)
(
Cuadro 1 ). Las especies de Eulophidae son las mejor
representadas y son parasitoides de ninfas de H. subfaciata y de
larvas de varios lepidópteros.
En Costa Rica, Trichospilus diatrae (Eulophinae), se encontró
parasitando pupas de S. cecropia y Peleopoda sp., en un 40% y 80%
respectivamente; más de 240 avispitas emergieron de un pupario de S. cecropia, y entre 40 a 60 en uno de
Peleopoda sp (Mexzón y
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Pupa de Opsiphanes sp
parasitada por larvas taquínidas |
Chinchilla 1992). En O. cassina, una especie de Horismenus
(Eulophidae), de color azul metálico, parasita las larvas, las
cuales pierden movilidad y cesan de alimentarse. Posteriormente el
tegumento larval se rompe, quedando adherido al follaje un paquete
de celdas tubulares blancas, que son los puparios del parasitoide, y
cuyo arreglo conserva un poco la forma del huésped. Este parasitoide
pudo haber sido confundido con Cotesia en el pasado.
Superfamilia Braconoidea
Los bracónidos son un grupo muy diverso de avispas que parasitan
lepidópteros. Los géneros más importantes son Cotesia, Fornicia,
Digonogastra, Rhysipolis y Rogas (Genty et al . 1978; Reyes y Cruz
1986; Villanueva y Avila 1987; Genty 1989).
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S. melaleuca siendo visitada
por numerosos cálcidos (Conura sp) |
Las especies de Cotesia son endoparásitos comunes de larvas de
Limacodidae ( Sibin e spp, Euclea diversa y E. eleasa ), Attacidae (
Dirphia gregatus Cramer) y O. kirbyi (
Cuadro 3 ). La larva al final de su desarrollo emerge a través
del tegumento del huésped y teje un pupario blanco cilíndrico sobre
la oruga moribunda en el caso de Limacodidae; o dentro del estuche
en Psychidae (Desmier de Chenon 1989). En Sibine fusca , la avispita
parasita larvas de octavo a décimo estado de desarrollo. En el
momento de la emergencia se han observado de 100 a 250 individuos
por larva huésped. El ciclo de vida ocurre en 10-12 días, y el nivel
de parasitismo ha sido de 30-35% (Genty 1984).
En Sibine sp. las larvas de Cotesia emergen a través del
tegumento en aproximadamente 12 días y forma sus puparios en unos 40
minutos. El estado pupal dura unos 7 días y los adultos emergen en
forma sincronizada en aproximadamente 5 minutos. La larva huésped
sobrevive hasta que los parasitoides emergen como adultos (Mexzón y
Chinchilla 1992). Estas avispas, posiblemente, sincronizan su
desarrollo con el de sus huéspedes a través de hormonas o
manipulación del sistema endocrino (Beckage 1985).
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U. lobata tiene
nectarios que atraen muchas avispitas parasitoides |
Los individios de Cotesia pueden ser parasitados por Elasmus sp. y
Conura sp., lo cual podría interferir en su papel como reguladores
de la población de lepidópteros (Genty 1984 ). Sin embargo, no
siempre es aparente que la presencia de un hiperparásito afecta
considerablemente el balance (nivel de parasitismo) entre el
parasitoide primario y su huésped. La presencia del hiperparásito
podría ser beneficiosa para el parasitoide, al mantener la población
del huésped por encima de un nivel, que sea crítico para la
sobrevivencia del parasitoide (Wahid y Kamaruddin 1993).
Digonogastra sp. ( Iphiaulax sp.) es una avispa de cerca de 5 mm
de longitud; de tórax negro y abdomen amarillo; alas de color negro
ahumado, con venación de celdas grandes. Estas avispas emergen (1-6
individuos) de larvas de Oiketicus kirbyi cuando la canasta mide
entre 10 y 20 mm. Durante un fuerte ataque por esta plaga en
plantaciones de Coto (Costa Rica), se encontraron ocho diferentes
parasitoides en sus larvas; siendo Digonogastra el más abundante
(55%). En 380 canastos recolectados en una área de palma joven el
parasitismo combinado fue del 90%. Los adultos fueron observados
sobre Scleria melaleuca (Cyperaceae), Amaranthus spinosus
(Amaranthaceae) y Flemingia macrophylla (Leguminosae). En
plantaciones adultas, el parasitismo no llegó a 10%, debido
posiblemente a la escasez de flora melífera.
El género Fornicia, parece ser específico de la familia
Limacodidae. Los adultos son negros, con tres segmentos abdominales
fusionados. Las larvas que son atacadas mantienen su coloración y no
llegan a momificarse. Al final de su desarrollo, una sola larva
endoparásita, emerge ventralmente de la larva huésped y teje su
pupario (Desmier de Chenon 1989). En Colombia se ha encontrado
Fornicia pos . clathrata, parasitando a 60% de las larvas de
Euprosterna elaeasa (Reyes y Cruz 1986) y en Natada spp. (Genty
1989).
Las hembras de Rhysipolis sp. atacan larvas de quinto a octavo
estado de desarrollo de S. cecropia , en las que pega sus huevos
sobre la zona pleural del tórax. Las larvas jóvenes del parásito se
alimentan externamente (3-8 larvas/oruga), y al finalizar su
desarrollo, construyen una serie de celdas cilíndricas de 6 mm de
longitud, dentro de las que se transforman en adultos. Durante un
incremento poblacional en Colombia, se observó que el parasitoide
afectó únicamente a 18% de las larvas (Genty 1978).
Una especie de avispa de la subfamilia Microgastrinae se ha
encontrado en larvas de E. eleasa y Sibine spp. en Costa Rica. Este
insecto es similar a Cotesia sp. en la coloración, tamaño y forma de
las pupas.
Varias especies de Braconidae se han encontrado en Centro América
parasitando larvas de Limacodidae y Stenomidae ( Stenoma sp.), pero
poco se conoce sobre su actividad reguladora de plagas en las
plantaciones.
Superfamilia Ichneumonoidea
La familia más común es Ichneumonidae, que parasita varias especies
de limacódidos, unos pocos Ocophoridae y Psychidae. Los géneros
mejor conocidos son Barycerus, Cassinaria, Filistina y Theronia. El
nivel de parasitismo que ejercen es bajo con excepción de
Cassinaria. Este último género parasita larvas jóvenes de
Limacodidae. La avispa pone un huevo en el interior de la larva, y
su desarrollo parece estar sincronizado con la misma. En el momento
en que va a ocurrir la pupación de la oruga, la larva del
parasitoide rompe el tegumento del huésped y forma su pupa
externamente. El pupario es ovalado, de color café claro, con bandas
o manchas negras. El adulto es una avispa de tórax negro y abdomen
anaranjado. Casinaria sp. parasita especies de Euclea, Euprosterna,
Natada, Sibine y Megalopyge (
Cuadro 4 ). En Costa Rica y en Colombia existe un alto nivel de
hiperparasitismo por Conura biannulata Ashm, Brachymeria sp. y
Neotheronia sp. (Reyes y Cruz 1986).
En Costa Rica, durante un ataque de S. megasomoides se
recolectaron 14 pupas aparentemente sanas, de las cuales sólo en una
emergió un adulto de Cassinaria. En las pupas restantes emergieron
adultos de Brachymeria sp. Las pupas afectadas presentaban un
agujero por el que emergió el hiperparásito. Utilizando este
criterio se determinó, en un muestreo posterior, que 95% de las
pupas habían sido hiperparasitadas.
Parasitoides dipteros
Las moscas parasitoides son comunes en las poblaciones de
Attacidae, Brassolidae y Limacodidae (
Cuadro 5 ). Las hembras colocan sus huevos blanquecinos sobre el
tegumento de las orugas en los últimos estados larvales. Al
eclosionar, las larvas penetran el tegumento y continúan su
desarrollo como endoparásitos. En el sitio de la penetración queda
una mancha necrótica. La mosca adulta emerge rompiendo el pupario
construido por la oruga huésped. En el caso de Brassolidae y
Limacodidae normalmente emerge una mosca por pupa, pero en Automeris
sp. pueden emerger 3 o 4.
Las especies mejor conocidas pertenecen a las familias
Bombylidae,Sarcophagidae y Tachinidae (
Cuadro 5 ). Varios taquínidos se han encontrado parasitando E. elaeasa,
Sibine spp., O. cassina, y Automeris spp. (Genty 1972;
Mexzón y Chinchilla 1992). En plantaciones adultas y jóvenes
Palpexorista coccyx Walker ejerció un parasitismo sobre S. fusca que
osciló entre 36 y 64%, respectivamente (Genty 1972).
Varias especies de moscas visitan plantas de la familia
Euphorbiaceae. La mayoría de estas plantas crecen en sitios abiertos
y pocas veces dentro de las plantaciones adultas.
Parasitoides de Huevos
Los parasitoides que se desarrollan en huevos son poco conocidos,
posiblemente porque en los muestreos de plagas, los huevos no
siempre se toman en cuenta, debido a su tamaño pequeño.
Avispitas en las familias Scelionidae, Eucyrthidae y Eulophidae
atacan los huevos de O. cassina, Automeris spp. y Leptopharsa
gibbicarina (
Cuadro 6 ). Los huevos parasitados de O. cassina pierden su
coloración normal (bandas rojizas) y adquieren un color oscuro. En
el caso de Telenomus sp.emergen de 6 a 11 parasitoides por huevo
(Reyes y Cruz 1986) y en Ooencyrtus sp.de 1 a 4.
Erytmelus sp. causó un parasitismo de hasta 15% en huevos de
L. gibbicarina (Villanueva 1985; Reyes 1988), y un trichogrammátido
parasita fuertemente los huevos de Delocrania cossyphoides (Reyes y
Cruz 1986).
El nivel mayor de parasitismo comúnmente observado en
plantaciones jóvenes, puede deberse en parte, a la presencia de una
flora melífera abundante. Sin embargo, conforme la palma crece, con
su sombra impide el desarrollo de estas plantas en donde se
alimentan y albergan numerosos artrópodos que regulan la población
de otros insectos; el resultado puede ser una reducción en el nivel
de parasitismo (Root 1973; Mexzón y Chinchilla 1992; Delvare y Genty
1992).
Depredadores
Los depredadores conforman un grupo muy heterogéneo que comprende
ácaros, arañas, insectos, ranas, reptiles, aves, etc. Algunas
especies son bastante abundantes durante las explosiones de la
población de artrópodos plaga.
Arañas
Son uno de los grupos más diversos y numerosos en los palmares y de
los que se conoce muy poco. Mexzón y Chinchilla (1992) mencionan la
presencia en el follaje de la palma de siete especies de arañas que
atacan pequeñas larvas de defoliadores y algunos lepidópteros
adultos.
Durante un brote de Stenoma cecropia en el Pacífico Central de
Costa Rica, una especie de Salticidae fue uno de los depredadores
más numerosos (tanto de larvas como adultos), junto con arañas
tejedoras como Gasteracantha cancriformis, Plesioneta argyra y
Mangora sp. (
Cuadro 7 ). Otras especies de Salticidae, Clubionidae y
Aranaeidae fueron también observadas atacando O.cassina y Saliana
sp.
Mansour et al . (1980) observaron en un huerto de manzana, que
las poblaciones de Spodoptera littoralis Smith, no alcanzaban un
nivel de daño económico en árboles ocupados por arañas, mientras que
daños significativos ocurrieron en árboles donde las arañas se
removieron artificialmente. Posteriormente Mansour et al . (1981)
subrayaron que la actividad de las arañas causó una reducción de 98%
en la densidad de la plaga mencionada. La reducción del daño se
debió a la depredación (64%) y al abandono del árbol (34%)
colonizado por las arañas.
Insectos
Los chinches pentatómidos son probablemente los insectos
depredadores más comunes en el ambiente de las plantaciones de
palma. Los chinches Alcaeorrhynchus grandis Dallas, Mormidia ypsilon
Fab., Podisus sp, y Proxys pos . punctulatus han sido observados
depredando larvas de O.cassina, Sibine spp, S.cecropia y
Talima pos
. straminea, en la costa norte Atlántica de Honduras, en el Pacífico
de Costa Rica, en Panamá y en Colombia (Genty et al . 1978; Reyes y
Cruz 1986; Mexzón y Chinchilla 1992) (
Cuadro 7 ).
En 1990 en Costa Rica y Honduras, A. grandis y M. ypsilon fueron
los chinches más numerosos durante los incrementos poblacionales de
O. cassina y S.cecropia (Mexzón y Chinchilla 1992). Posada (1988)
menciona a A. grandis controlando a Euprosterna elaeasa en el César,
Colombia. Este autor también cita a ocho especies de crisópidos
depredando al chinche de encaje Leptopharsa gibbicarina , los cuales
son: Ceraeochrysa cubana , C. scapularis , C. smithi , C. claveri ,
Nodita sp.y Chrysoperla externa .
En la palma aceitera, larvas de Crysopa spp. camufladas con
restos de tejidos vegetales y de insectos, recorren el follaje
depredando escamas y huevos de varios insectos. Otros depredadores
comunes en ese medio son las avispas del género Polistes y las
hormigas.
Ácaros
Varios ácaros depredadores fueron encontrados asociados con
Retracrus elaeidis , Phytoptidae (Rojas et al . 1993). Las especies
más frecuentes son de las familias Phytoseiidae ( Amblyseius sp.) y
Cunaxidae ( Cunaxoides sp.).
Otros depredadores identificados pertenecen a las familias
Bdellidae, Stigmaeidae y Ascidae (
Cuadro 8 ).
Vertebrados
Algunas ranas pequeñas ( Hyla spp.) varias especies de reptiles
(lagartijas)se alimentan de insectos sobre el follaje. Algunas
especies de aves pueden consumir grandes cantidades de larvas
durante la explosión de la población de defoliadores tales como O. cassina y
S. cecropia. En Centro América son comunes el zanate (
Quiascalus mexicanus ), la oropéndola ( Psaracolices monctezuma ) y
la pía-pía ( Psylochynus norio ) (Evers 1982; Mexzón y Chinchilla
1992). De todos estos, el más eficiente parece ser el zanate.
Agentes Entomopatógenos
Virus
Es posible que todos los defoliadores sean susceptibles a una o
varias enfermedades causadas por virus. Sin embargo, especies como
Stenoma cecropia (Mariau y Desmier de Chenon 1990) son poco
afectadas por ellas. Estos mismos autores hicieron una revisión de
las enfermedades virales de plagas en Asia y en América.
Previamente, Genty y Mariau 1975, informaron de la efectividad de
una densonucleosis en regular la población de Sibine fusca en
Colombia. En Honduras se había utilizado con éxito una preparación
viral obtenida de larvas enfermas de Sibine sp., para combatir con
una aplicación aérea un brote de este defoliador (R. Aragón, citado
por Chinchilla 1992). En Centro América también se han observado
virosis en O. cassina y Automeris spp. En Panamá y Costa Rica se
encontró una densonucleosis y una poliedrosis citoplasmática en
Sibine sp. y S. megasomoides, respectivamente (Mexzón y Chinchilla
1992).
Se ha informado de una densonucleosis en S. pallescens Stoll
(Luchini et al . 1984) y una poliedrosis nuclear en E. elaeasa
(Reyes y Cruz 1986) en Brazil y Colombia respectivamente.
Las larvas de Sibine sp. afectadas por una virosis son poco
activas, pierden el hábito gregario, cesan de comer y secretan
fluidos por la boca y el ano. El color del tegumento saludable
palidece y luego se torna oscuro. Los órganos internos se
desintegran y las larvas toman una apariencia flácida (Genty 1972;
Orellana 1986).
Varios autores han emitido recomendaciones sobre la preparación y
uso de suspensiones virales para ser utilizadas en el campo (
Cuadro 9 ). La aplicación de soluciones virales puede ser una
alternativa más barata y segura para el ambiente, que el uso de
insecticidas comerciales (Sipayung et al . 1989).
Hongos
Algunos de los hongos más comunes que causan epizootias son
Beauveria bassiana (Bals.) Vuill., B. tenella (Sacc.) Petch.,
Metarhyzium anisopliae (Metsch.) Sorokin, Hirsutella sp. y
Paecilomyces sp. B. tenella ejerce un fuerte control sobre las
poblaciones de Antaeotricha sp. y Talima stramina Schauss.
P aecilomyces farinosus Holm y Grey se ha encontrado infectando larvas
de Euclea diversa Druce y Natada sp. (Genty et al . 1978; Reyes y
Cruz 1986) (
Cuadro 10 ).
Manejo de los Enemigos Naturales de Plagas
El empleo de algunos enemigos naturales de artrópodos perjudiciales
es muy promisorio para el manejo racional de los mismos. A
continuación se detallan algunas estrategias que podrían incrementar
las poblaciones de estos organismos en las plantaciones.
Manejo y preservación de malezas
El conocimiento de la fauna auxiliar y de sus hábitos alimenticios
puede permitir un manejo más racional de la cobertura vegetal de las
plantaciones. Las poblaciones de diversas especies de la fauna
benéfica se pueden incrementar favoreciendo el desarrollo de ciertas
"malezas" dentro de la plantación, en sitios en donde no interfieran
con las labores normales del cultivo. Plantas con nectarios o
glándulas extraflorales como algunas malváceas, solanáceas,
tiliáceas, verbenáceas, euforbiáceas y otras, proporcionan alimento
y refugio a muchos enemigos naturales de plagas (McKenzie 1976;
Altieri 1983; Desmier de Chenon et al . 1989; Genty 1989, 1992;
Mexzón y Chinchilla 1992; Mexzón 1992).
Una vegetación compleja proporciona microclimas diversos,
acompañada de ambientes químicos heterogéneos, y una diversidad
estructural compleja, que hace más difícil el surgimiento de plagas
en los cultivos (Tahvaneinen y Root 1972). Una vegetación variada en
la plantación, también ayuda a mantener un microclima favorable
(mayor humedad) para la aparición y desarrollo de epizootias
causadas principalmente por hongos y bacterias (Evans 1982; Papierok
et al . 1993).
La preparación de un manual descriptivo y la confección de
murales con fotografías de las principales plagas y las plantas
donde se refugian sus enemigos naturales, puede servir para ilustrar
y luego participar al trabajador de campo en la vigilancia y combate
de las plagas en las plantaciones.
Cría de depredadores y parasitoides
En sumatra, el chinche Eocanthecona furcullata fue criado
artificialmente con larvas de Setothosea asigna que habían sido
almacenados en congelación (Desmier de Chenon 1989). Esta
experiencia abre la posibilidad de que otros depredadores de gran
importancia puedan también ser reproducidos masivamente. Es
necesario conocer en detalle la biología de los diversos
depredadores y parasitoides para poder diseñar dietas artificiales
que permitan su crianza. Previo a esto se deben conocer las dietas
para criar a sus larvas huéspedes, tal y como ha sido hecho con las
moscas de las frutas Anastrepha ludens (Spisakoff y Hernández-Dávila
1968) y Dacus spp. y sus parasitoides (Ahmad et al . 1971).
La introducción de especies exóticas de depredadores o
parasitoides debe hacerse con base a un estudio serio sobre la
calidad del material que se importa a un país o una región
geográfica. Dos peligros latentes son: la introducción inadvertida
de algún hiperparasitoide, o bien de especies morfológicamente muy
similares e irreconocibles para el no especialista, o bien de
variantes poco eficientes del parasitoide (Hoy et al . 1991).
Uso de entomopatógenos
Algunos virus pueden ser utilizados como bioinsecticidas,
especialmente contra defoliadores de la familia Limacodidae. La
alternativa también está abierta para el combate de O. cassina y
otras plagas importantes. El desarrollo de preparaciones de hongos
como B. bassiana, M. anisopliae y otros, se ha ensayado con éxito
en varios cultivos.
Uso racional de plaguicidas
El uso indiscriminado de plaguicidas (especialmente insecticidas de
amplio espectro) ha tenido resultados muy perjudiciales para el
ambiente. El control obtenido ha sido errático y se ha dado la
oportunidad a plagas secundarias de aumentar en importancia. El uso
racional de insecticidas implica tener un conocimiento del
comportamiento de la plaga, sus enemigos naturales, las condiciones
climáticas y cualquier otro aspecto que pueda tener un efecto en la
regulación de la población de la plaga.
Conclusiones
El estudio de la biología y comportamiento de los parasitoides y
depredadores nativos de las principales plagas, se considera un paso
importante previo al desarrollo de un método de cría masiva de estos
organismos. De igual manera, es necesario conocer más sobre los
agentes entomopatógenos presentes y del efecto negativo que sobre
ellos tengan los agroquímicos más comúnmente usados en la
plantación. El objetivo es favorecer un ambiente que aumente las
probabilidades de que más individuos de la plaga sean infectados por
el entomopatógeno, o de que sean atacadas por algún depredador o
parasitoide.
Se necesitan estudios que permitan relacionar las fluctuaciones
poblacionales de los organismos benéficos con las variaciones
climáticas sobre áreas extensas del cultivo, y también que permitan
establecer relaciones entre la estructura o la fenología vegetal con
los requerimentos de microclima de estos organismos. Estos son
algunos de los factores que determinan la distribución vertical de
los organismos en los diferentes estratos de la vegetación, y su
distribución horizontal en los diferentes complejos florísticos.
Las múltiples interacciones que se dan entre los depredadores y
parasitoides y la vegetación, son complejas, y posiblemente bastante
específicas en muchos casos. Por ejemplo, algunas malezas podrían
atraer parasitoides valiosos y también sus hiperparasitoides. En
caso de que tales malezas proliferen en la plantación, podrían
inclinar la balanza en contra de algún parasitoide importante. El
camino por recorrer para entender estas relaciones es ciertamente
largo, y requiere la cooperación cercana de personas trabajando en
entomología, botánica, microclimatología, ecología y otras
disciplinas.
El hecho de que a pesar de tener más de 80 plagas potenciales
identificadas en palma aceitera y que sólo unas pocas han causado
daño económico, debe convencernos que el papel de los reguladores
biológicos ha sido y continúa siendo tremendamente eficiente. Al
igual que en otros cultivos, los gerentes de plantaciones (o los que
tienen poder de decisión) están moralmente obligados a asignar los
recursos necesarios para dar soporte a la investigación que tenga
como objetivos, no sólo el control temporal de una plaga, sino el
mantenimiento de un equilibrio en el ambiente, en donde el uso de
productos químicos sintéticos se reduzca al mínimo.
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