| Resumen Las
manifestaciones de la Pudrición Común de la Flecha (PCF) y Arqueo Foliar
(AF) en palma aceitera están comúnmente asociadas. La susceptibilidad
de una progenie puede ser estimada en el campo cuando las palmas
alcanzan entre 13 y 18 meses de edad después del transplante desde el
vivero. Sin embargo, muchas plantas susceptibles pueden escapar de la
enfermedad, si están creciendo en sitios en donde no existen las
condiciones ambientales que las predispongan a la aparición de los
síntomas.
Aún cuando la incidencia de la PCF/AF es normalmente muy baja en
condiciones de vivero, la reacción de susceptibilidad puede ser
provocada exponiendo a las plantas a ciertos factores de manejo
agronómico. Una aeración deficiente (drenaje pobre) en el suelo de
la bolsa de vivero se asoció con una alta incidencia de la
enfermedad. La poda frecuente de las raíces de las plantas que
crecían dentro de las bolsas causó un efecto similar. Dosis altas de
fertilizante, particularmente nitrógeno, también aumentaron la
incidencia, aparentemente promoviendo un crecimiento más vigoroso y
suculento de las hojas nuevas. Aplicaciones mensuales de boro se
asociaron con una menor incidencia y severidad de los ataques. Las
heridas al cogollo no incrementaron ni la incidencia ni la
severidad, lo cual puede tomarse como una indicación de que los
microorganismos involucrados en las pudriciones que se presentan
tanto en la PCF, como en el AF, son simples patógenos secundarios
oportunistas.
Los resultados indican que es posible desarrollar un procedimiento
que permita seleccionar progenies por su resistencia a PCF/AF en la
fase de vivero. Sin embargo, es necesario identificar y cuantificar
los factores ambientales que predisponen a las plantas al ataque. El
proceso de selección en la fase de vivero es más rápido y permite
tener un mejor control de los factores de manejo que determinan la
aparición de la reacción de susceptibilidad.
Introducción
La Pudrición Común de la Flecha (PCF) y el Arqueo Foliar (AF) son
dos desórdenes en el crecimiento de la palma aceitera en su etapa
juvenil. Algunos autores atribuyen estos problemas a diferentes
causas. No obstante, existen muchos factores comunes entre ellos,
por lo cual podrían considerarse como manifestaciones diferentes de
un mismo complejo causal. Los síntomas de pudriciones en las flechas
y el arqueamiento de los raquises ocurren con frecuencia en la misma
planta en un momento dado, o en diferentes etapas del desarrollo del
trastorno.
Un programa de mejoramiento en palma aceitera requiere identificar
y eliminar aquellos cruces que en el campo muestren una alta
incidencia de PCF/AF. El proceso de selección puede ser acortado si
los materiales susceptibles pueden ser identificados durante la
etapa de vivero.
Debido a algunas similitudes entre la Pudrición Común de la Flecha,
la Pudrición Letal del Cogollo (PC) y otros trastornos similares, el
conocimiento generado sobre los factores de predisposición a PCF,
podría ser de utilidad para entender aquellos que inciden sobre la
prevalencia de estos otros trastornos.
Al igual que en el caso de la PC, la PCF/AF no tiene un agente
causal identificado con claridad. Se conoce que existe un elemento
genético que determina la susceptibilidad (De Berchoux y Gascon
1963; Soh 1969; Gai 1969; Blaak 1970; Monge et al. 1993; Sterling y
Alvarado 1996) , pero también varios factores de manejo agronómico
han sido señalados como determinantes de incidencia y severidad del
trastorno (Duff 1962, 1963; Turner y Gillbanks 1974; Turner 1981;
Chinchilla 1987; Breure y Soebagjo 1991; Monge et al. 1992, 1993;
Sterling y Alvarado 1996).
No obstante, a diferencia del factor genético, cuyo papel ha sido
probado en el caso de la PCF/AF, la influencia de los elementos
agronómicos no ha sido documentada, sino que se basa casi
enteramente en observaciones casuales.
Dos elementos que dificultan establecer las relaciones entre
factores ambientales y manejo agronómico e incidencia son la
dificultad para cuantificar tales factores, y la necesidad de
eliminar en un experimento la contribución del factor genético. Para
lograr esto último se requiere de un cruce altamente susceptible.
Un tercer factor que limita la experimentación en este campo, es el
hecho de que los síntomas de PCF/AF se manifiestan normalmente hasta
después de transcurrido un año y medio en el campo (Monge et al .
1993; Sterling y Alvarado 1996; Breure y Soebagjo 1991). La
situación ideal sería disponer de un cruce altamente susceptible, y
que tal susceptibilidad se manifestara en la etapa de vivero, con lo
cual se podrían realizar varios experimentos en un tiempo
relativamente corto y a menor costo.
Un cruce con estas características fue identificado por el
Departamento de Mejoramiento Genético del Programa de
Investigaciones en Palma Aceitera de ASD, y se utilizó para realizar
un experimento exploratorio con el objetivo de empezar a identificar
algunos elementos de manejo asociados a la PCF/AF en la etapa de
vivero.
Materiales y métodos
Semillas de la autopolinización de la palma C810:643T, que había
mostrado una alta incidencia de PCF/AF en experimentos de campo
anteriores, fueron plantadas en bolsas de previvero el 15 de
noviembre de 1993, y las plantas transplantadas al vivero definitivo
el 2 de febrero de 1994. Las bolsas de vivero (51x61 cm) se
espaciaron a 0.8m en un patrón triangular. Se asignaron nueve
tratamientos siguiendo un diseño de bloques completos al azar, con
tres repeticiones. Cada parcela se formó con 25 plantas, 9 de las
cuales eran centrales. No obstante, y debido a la naturaleza de los
tratamientos que se aplicaron a palmas individuales, la
interpretación de los resultados se hizo considerando toda la
parcela de 25 palmas. El análisis de la parcela útil únicamente, no
cambió las tendencias principales. Los tratamientos fueron los
siguientes:
- Suelo de la bolsa de vivero con drenaje excesivo, para lo cual
se utilizó una mezcla de 2/3 de granza de arroz y un tercio de un
suelo de textura franca (35% arena, 46% limo, 19% arcilla).
- Drenaje pobre; para lo cual se utilizó un suelo de textura fina:
13% arena, 45% limo, 42% arcilla. Cuando las raíces de la planta
perforaron el fondo de la bolsa fueron podadas, para evitar que
exploraran el suelo del vivero. Durante el verano, las bolsas de
vivero fueron puestas dentro de otras bolsas plásticas de mayor
tamaño, las cuales se mantuvieron llenas de agua para intentar
saturar el suelo.
- Poda mensual de todas las hojas emergidas, excepto la número uno
y las flechas. Este tratamiento se inició en agosto, aproximadamente
cinco meses y medio después del transplante al vivero. El cuchillo
para las podas fue desinfectado con formalina previo a la poda de
cada planta.
- Poda mensual de las raíces dentro y fuera de la bolsa. Las
bolsas fueron levantadas en cada visita, para cortar las raíces
externas. Adicionalmente, se realizaban cortes con un cuchillo a
través del suelo de la bolsa, tratando de interceptar el 50% de las
raíces, en un patrón distinto en cada visita. Este tratamiento fue
iniciado en julio, aproximadamente a los cinco meses del transplante
al vivero.
- Daño mecánico al cogollo, para ofrecer una puerta de entrada a
los posibles patógenos oportunistas asociados a las pudriciones de
las flechas. El tratamiento consistió en practicar en cada visita
mensual, 10 punzadas con una aguja a la hoja cero y a las flechas.
La aguja se desinfectó entre una planta y la siguiente. El
tratamiento fue iniciado en agosto.
- Altas dosis de fertilizante; para lo cual se aplicó a cada palma
el doble de la fertilización base (
Cuadro 1 ). El tratamiento se inició en marzo.
- Aplicación de boro a partir del primero de agosto (
Cuadro 1 ).
- Exceso de nitrógeno amoniacal (
Cuadro1 ).
- Fertilización base del cuadro 1. Este tratamiento también
recibió aplicaciones preventivas de fungicidas.
Las observaciones sobre incidencia y severidad de la PCF/AF fueron
realizadas mensualmente a partir de julio; cinco meses después del
transplante al vivero. En esas mismas fechas se hicieron medidas de
crecimiento, siguiendo el procedimiento de Corley y Breure (1981).
Los tratamientos del 3 al 9 fueron sembrados en un suelo de textura
franco-limosa: 20% arena, 53% limo, 27% arcilla. Aquellos del 1 al 5
y el 9 recibieron la fertilización del cuadro 1.
Los síntomas fueron evaluados en las hojas nuevas producidas entre
evaluaciones. En cada hoja afectada, se documentó la presencia de
arqueo en el raquis, y la severidad de las pudriciones y
secamientos, según los criterios siguientes:
- Daño moderado: menos de un 25% de la hoja afectada por
pudriciones.
- Daño severo: hasta un 50% de la hoja afectada.
- Daño muy severo: más de un 50% de la hoja afectada.
Los datos fueron analizados considerando el porcentaje de
incidencia, el número promedio de hojas afectadas por planta, casos
de pudrición de flecha acumulados en el período y la reincidencia
(plantas que mostraron síntomas en varias oportunidades). Finalmente
se calculó un índice de infección, que combina incidencia y
severidad. El índice se calculó para cada tratamiento de la
siguiente forma:
Indice de infección = Incidencia * daño ponderado
100
en donde:
incidencia = incidencia en la parcela (25 plantas).
daño ponderado en las hojas = sumatoria de las proporciones de los
promedios de hojas en las categorías moderadas, severa y muy severa
(promedio de hojas en la categoría/total de hojas), multiplicadas
por 100, 200 y 300 respectivamente.
Cuando las palmas alcanzaron los 15 meses de edad, la competencia
por luz provocó etiolación, por lo cual en dos de las repeticiones,
se decidió entresacar una hilera de cada dos.
Resultados Debido la naturaleza de los
tratamientos, no todos fueron iniciados al mismo tiempo. No obstante,
cuando los tratamientos se agruparon según la incidencia de PCF
acumulada al final de las observaciones (ignorando o no los casos de las
primeras dos evaluaciones), el ordenamiento por incidencia y severidad
se mantuvo con muy poca variación para la mayoría de ellos.
Aeración del suelo y enfermedad
El mantenimiento de las plantas de vivero en condiciones que
favorecieron el mal drenaje tuvo un profundo efecto sobre la
incidencia y severidad de la pudrición de la flecha desde el inicio
de las evaluaciones (Figs.
1 ,
2 y
3 ). Este tratamiento alcanzó los niveles más altos de PCF en
todo el período. La mayoría de los casos aparecieron antes de los 11
meses de edad. En este período se pusieron las bolsas plásticas
externas utilizadas para mantener el suelo saturado de agua durante
la época seca. Estas condiciones u otras aún no identificadas se
asociaron a una desmejora en el crecimiento de estas palmas (Figs.
4 ,
5 , y
6 ), y a una disminución en la aparición de nuevos casos de PCF
en las últimas evaluaciones. El número de plantas reinfectadas
(repetición de síntomas) fue también alto en este tratamiento de
drenaje deficiente en las bolsas (
Cuadro2 ).
A pesar del exceso aparente de humedad en el suelo en este
tratamiento, las plantas no mostraron el amarillamiento
característico asociado al mal drenaje, lo cual pudo deberse a que
de alguna forma la planta absorvió parte del nitrógeno suministrado.
Una mayor incidencia de la pudrición de la flecha asociada a
problemas de drenaje ha sido mencionada por numerosos autores
(Turner y Gillbanks 1974; Turner 1981), pero no se han presentado
datos experimentales para respaldar esta afirmación. Monge et al.
(1993) observaron una tendencia a la aparición de un mayor número de
casos de PCF en áreas con un alto potencial hídrico. Las palmas con
síntomas tenían una resistencia estomática mayor que en palmas
sanas. En el caso de la PC, con algunas características similares a
PCF, también se ha hecho una asociación clara con el drenaje pobre.
La respuesta a la enfermedad del tratamiento de drenaje en exceso
es más difícil de interpretar, ya que según se destaca en las
medidas de crecimiento (Figs.
4 ,
5 ,
6 ), es aparente que las raíces de estas plantas perforaron las
bolsas a los 8-9 meses de edad, y eventualmente exploraron el suelo
del vivero por lo cual pudieron obviar parcialmente su problema de
suministro de agua. Correspondiendo con este hecho, la incidencia de
PCF fue alta hasta octubre de 1994 en este tratamiento y luego
decayó fuertemente, cuando mejoró el crecimiento vegetativo con la
entrada de las lluvias en 1995.
Nutrición y enfermedad
Una alta dosis de fertilizante (doble del programa base) causó un
crecimiento vegetativo más exhuberante: ráquises más largos y mayor
área foliar por hoja, particularmente al inicio de la estación de
lluvias. La incidencia y severidad de la PCF también aumentaron en
este último período (Figs.
1 ,
4 ,
5 y
6 ).
El programa base para la fertilización corresponde a una
recomendación comúnmente usada en viveros de palma aceitera. No
obstante, no se consideró la fertilidad natural del suelo escogido
para llenar las bolsas, y existe la posibilidad de que tal programa
supliera ciertos elementos en exceso o en forma desbalanceada.
Así mismo, los requerimientos de nutrición pueden variar
ampliamente para los diferentes cruces genéticos, de tal manera que
las dosis y fuentes de fertilizante usadas podrían haber resultado
inapropiadas para el cruce particular usado en este
experimento.Estos factores deben ser considerados en futuros
experimentos.
Un tratamiento que estimule el crecimiento rápido del tejido joven,
puede favorecer el ataque de patógenos oportunistas,que podrían
penetrar y atacar este tejido (flechas) aún no lignificado por
completo. Este aspecto queda ilustrado por la presencia de una alta
incidencia e PCF/AF en los tratamientos con altas dosis de
fertilizante. Una vez que la flecha emerge como hoja uno, y la
lignificación se completa, no ocurre más arqueamiento de los
ráquises, y las pudriciones se detienen.
Monge et al. (1992, 1993) encontraron una situación similar en un
experimento de campo, y asociaron una mayor incidencia del
problema,en un tratamiento que mantuvo un aparente mejor desarrollo
vegetativo. Desafortunadamente, en ninguno de estos experimentos se
estudió la fisiología de la planta previo a la aparición de los
síntomas, ni tampoco se determinó el contenido foliar de nutrientes,
para determinar si realmente las palmas estaban recibiendo una
nutrición balanceada.
El crecimiento inicial con el exceso de fertilización nitrogenada,
fue inferior al de los otros dos tratamientos de fertilización
completa: el programa base (tratamiento 9) y el doble del mismo
(tratamiento 6). No obstante, la incidencia de PCF subió rápidamente
a partir de setiembre. La baja incidencia durante los primeros meses
podría explicarse asumiendo que las primeras dosis de N aplicadas,
no fueron utilizadas efectivamente por las plantas. Posteriormente,
las altas cantidades de N aplicadas crearon un crecimiento nuevo más
suculento y propenso a la aparición de la PCF, particularmente
durante la entrada de las lluvias.
Un rasgo interesante de la PCF/AF es la presencia de una
lignificación inadecuada de los tejidos del raquis, lo cual explica
que se doblen conforme aumentan en longitud y peso (Monge et al .
1993, 1994; Heusser citado por Turner 1981). Esto produce la
curvatura característica que le da el nombre a la condición de
Arqueo Foliar.
Varios elementos minerales están involucrados en el proceso de
endurecimiento (lignificación) de los tejidos jóvenes, siendo el
boro uno de los principales (Graham 1983). El suministro de boro a
las plantas se asoció a una menor incidencia de la PCF y AF. El
tratamiento con boro se inició en agosto. Hasta este mes, las
plantas asignadas a este tratamiento presentaban una incidencia
relativamente alta de PCF. No obstante, a partir de la fecha de
inicio de las aplicaciones mensuales de boro, la incidencia y
severidad se redujeron más que en cualquier otro tratamiento (Figs.
1 ,
2 , y
3 ). Breure y Sebagio (1991) presentaron evidencia
circunstancial de que el boro podría estar involucrado en la
expresión de la PCF en palmas susceptibles.
Condiciones climáticas, incidencia y tasa de emisión foliar (TEF)
La PCF sigue una fluctuación estacional, en donde la mayor
incidencia coincide con los períodos de mayor precipitación, mayor
humedad relativa y menos horas sol. También es claro que la mayor
incidencia en la última parte del año puede asociarse a una mayor
saturación de agua en el suelo de la bolsa (menor aeración del
suelo). Los picos en la incidencia también coinciden frecuentemente
con una mayor TEF en las plantas,que fue estimulada inicialmente por
una mayor cantidad de agua disponible y un aumento en la humedad
relativa en estos períodos.
En general, reducciones en la incidencia de la PCF se asociaron a
una menor TEF en setiembre y en la época de verano. El aumento en
incidencia en los meses de octubre y y noviembre coincidió con una
mayor TEF en esos meses. De igual manera, al iniciarse el período de
lluvias, aumenta la TEF y la incidencia de la PCF. Estas relaciones
han hecho pensar que una mayor tasa de emisión foliar es indicativo
de una mayor susceptibilidad a la PCF (Monge et al.1992). Sin
embargo, esta relación puede ser simplemente circunstancial, por
estar asociada una mayor TEF con los mismo factores que también
favorecen la aparición del trastorno.
Por ejemplo, las plantas con poda frecuente de raíces y en el suelo
con drenage excesivo, fueron los que posiblemente sufrieron más los
efectos del déficit hídrico en la época seca. El tratamiento de poda
de raíces tuvo una TEF relativamente baja a partir de diciembre,
pero la incidencia de PCF en este mes fue la segunda más alta, y
continuó relativamente alta a través de todo el período seco.
El tratamiento de poda de las hojas, que se inició a mediados de
agosto, tuvo una TEF intermedia en los meses de lluvia, y una de las
más altas en verano. No obstante, este tratamiento mantuvo la menor
incidencia de PCF durante el período. El exceso de nitrógeno provocó
inicialmente una de las mayores TEF, pero la incidencia de PCF fue
baja durante estos primeros meses.
Correlaciones entre la enfermedad y las condiciones climáticas
El número de horas sol, que disminuye en los períodos más
lluviosos, presentó una correlación negativa con la incidencia de
PCF. El aumento en la radiación solar y en la temperatura media se
asoció a un mejor crecimiento de las plantas, lo cual podría estar
también asociado a mejores condiciones de aeración en el suelo
cuando la lluvia es menor. La TEF se correlacionó positivamente con
la precipitación, y en forma negativa con las horas sol, la
evaporación y la temperatura (
Cuadro 3 ), lo cual explica sus relaciones con la incidencia de
la PCF.
El tratamiento de drenaje deficiente en la bolsa de vivero fue el
de mayor incidencia de PCF, y presentó los valores de correlación
más altos con el número de horas sol y las temperaturas máximas. De
igual forma, en este tratamiento se detectaron correlaciones
significativas entre la precipitación, la temperatura media y el
índice de infección. La correlación también fue positiva entre
severidad y precipitación, indicando que el factor clima determina
no solamente el número de plantas que desarrollan el trastorno, sino
también la severidad del ataque en palmas individuales.
Estas relaciones entre la enfermedad y los factores climáticos no
se dieron en el tratamiento de poda de raíces, que fue el que
posiblemente afectó en mayor medida las relaciones hídricas de las
plantas.
Otros tratamientos El daño mecánico
hecho en el cogollo con una aguja no pareció afectar en mucho el
progreso de la enfermedad de la PCF en el tiempo, lo cual concuerda con
la idea de que los microorganismos que causan las pudriciones en el área
del cogollo son simples oportunistas, que no se desarrollan a menos que
la planta haya entrado previamente en una etapa de predisposición. No
obstante, una vez que la palma fue afectada,el daño mecánico pareció
aumentar la severidad del ataque, lo cual se reflejó en un índice de
severidad mayor en ese tratamiento (
Fig.3 ). El maltrato a la planta durante el procedimiento de dañarle
el cogollo, afectó el crecimiento vegetativo en forma negativa (Figs.
4 ,
5 y
6 ).
La poda de las hojas nuevas cada mes ocasionó un crecimiento
raquítico de la planta, que se asoció con una muy baja incidencia de
PCF.
La poda regular de una parte del sistema radical puede causar un
efecto similar a una aeración pobre en el suelo, lo cual le impide a
la planta mantener una buena relación raíz/parte aérea, y la
exploración del suelo y la absorción de nutrientes en forma
balanceada. El crecimiento vegetativo en estas plantas fue
relativamente pobre ( Figs.
4 ,
5 y
6 ), y este efecto se acentuó con la edad y el aumento de sus
necesidades de nutrición. Todo esto se asoció con un incremento en
incidencia y severidad de la PCF en las últimas evaluaciones.
Arqueo Foliar La aparición de la
condición del Arqueo Foliar es un evento de baja ocurrencia en
condiciones de vivero. Las razones para esto pueden ser variadas, pero
dado que el doblamiento de los raquis parece ocurrir por una pérdida de
rigidez causada por una lignificación inadecuada (Monge et al. 1993,
1994), no se espera que los raquis de palmas muy jóvenes, de poca
longitud y con muy bajo peso, puedan doblarse.
Cuando las palmas alcanzaron 15 meses de edad, se ralearon dos
repeticiones en cada tratamiento, con lo cual se redujo el proceso
de etiolación en estas parcelas, y el número de casos de Arqueo
Foliar acumulados fue solamente 50% de aquellos que aparecieron en
la repetición sin ralear, donde el proceso de etiolación continuó
con severidad creciente. Dado que la competencia por luz causa una
elongación anormal de la longitud de los raquises, y los tejidos son
menos rígidos, hay una mayor incidencia del fenómeno de Arqueo
Foliar (
Cuadro 4 ).
Después del transplante al campo, las hojas de las plantas son cada
vez más largas y de mayor peso, lo cual aumenta las probabilidades
de la aparición de uno o más raquises doblados en palmas con PCF/AF.
Esta es la situación que comúnmente observamos en los primeros dos
años después del transplante. Posteriormente, en palmas más viejas,
en donde las hojas son estructuras de mucho peso, las probabilidades
de que ocurra doblamiento sin quebradura son muy reducidas, lo que
podría explicar la prevalencia de síntomas de pudrición de flecha en
estas palmas, sin que se presente el fenómeno del arqueamiento.
Otro factor que puede impedir la aparición de ráquises doblados en
una palma afectada, es la severidad del ataque. Cuando el grado de
pudrición es muy severo, las flechas se secan casi por completo en
forma temprana. Estos factores podrían estar enmascarando la
verdadera incidencia de Arqueo Foliar en algunos tratamientos,
particularmente aquellos en donde la severidad de los ataques fue
mayor, como el de drenaje deficiente.
A pesar de las limitantes señaladas para determinar la incidencia
real de AF en este experimento, de los resultados es claro que AF y
PCF son trastornos estrechamente asociados (
Cuadro 2 y
Cuadro 4 ). La situación más frecuente en condiciones de campo
(primeros dos años después del transplante), es encontrar palmas que
en diferentes etapas del desarrollo de uno u otro de estos
trastornos, presenten uno u otro o la combinación de los dos (Monge
et al . 1993; Turner 1981). Esto hace suponer que el Arqueo Foliar y
la PCF son simplemente manifestaciones diferentes de un mismo
problema; las diferencias ocurren debido a condiciones específicas
de crecimiento en un momento dado y por la naturaleza genética del
material.
En la literatura el Arqueo Foliar y la Pudrición Común de la Flecha
son normalmente tratados como dos condiciones diferentes. No
obstante, la descripción de los síntomas de la pudrición en los
foliolos y los raquises y los microorganismos aislados son los
mismos (Monge et al . 1993, Turner 1981). La única diferencia clara
es la presencia de uno o más ráquices con doblamiento, pero esta
característica tampoco es siempre confiable.
Conclusiones Los estudios para dilucidar
las causas de un problema como la Pudrición Común de la Flecha y otros
trastornos similares, tal como la PC, se dificultan debido a la gran
cantidad de factores e interacciones que parecen estar involucradas en
la respuesta de la planta. Esta es la situación de los llamados
"declines" o deterioro progresivo que sufren algunos frutales y especies
foestales (Manion y Lachance 1992). En estos casos, se ha fracasado en
identificar a un patógeno o factor de manejo o ambiental en particular
como responsable único del problema.
La importancia del factor genético en la Pudrición Común de la
Flecha ha sido claramente estudiado y probado. Ello ha permitido
seleccionar progenies en donde la probabilidad de la aparición de
una alta incidencia del problema en el campo es cada vez menor. No
obstante, el trabajo de selección ha tropezado con el inconveniente
de no poder eliminar el factor ambiental, que también determina la
respuesta de los diferentes genotipos. Los resultados de la presente
experiencia, y otras similares (Chinchilla et al . sin publicar) son
muy alentadores, puesto que indican que efectivamente la incidencia
está determinada por algunos factores de manejo identificables y que
pueden ser cuantificados.
Existe una aparente asociación entre condiciones de estrés y una
mayor incidencia de la PCF. Duff (1962, 1963) concluyó que las
progenies con crecimiento más vigoroso eran menos susceptibles a
este trastorno. Consecuentemente, este autor señaló que cualquier
factor que interfiriera con el desarrollo normal aumentaba las
probabilidades de que las plantas presentaran los síntomas. Otros
autores informan sobre un comportamiento similar de la PCF (Turner
1981). No obstante, estas relaciones entre estrés en general, y una
mayor susceptibilidad al trastorno no siempre ocurren, y algunos
tratamientos causantes de estrés excesivo, tales como un maltrato
fuerte a las plantas (poda de hojas más jóvenes por ejemplo), más
bien disminuyeron el chance de la palma de enfermarse.
Por otro lado, también se observó en algunos tratamientos, en donde
las plantas crecieron en forma aparentemente normal, una incidencia
de PCF/AF relativamente alta. Esto obliga a concluir que no es
cualquier estrés lo que susceptibiliza a la planta, sino el efecto
que un determinado tipo o combinación de estrés causa sobre la
fisiología de la planta, la relación entre la parte aérea y la raíz
y la forma como se afecta la habilidad para repeler el ataque de
microorganismos oportunistas.
Durante la vida de una planta, una de las situaciones de mayor
estrés ocurre durante el transplante del vivero al campo. No
obstante, esto no conduce a un aumento en el número de casos de
PCF/AF. Tal aumento sucede hasta el año siguiente del transplante, y
normalmente coincide con el inicio de la época de lluvias y la
aplicación de fertilizante.Un segundo pico de incidencia suele
ocurrir hacia el final de la época de lluvias, cuando la aeración
del suelo decrece considerablemente. La respuesta al Arqueo Foliar
puede ser similar a la de la PCF. Algunos tratamientos que
promovieron mayor crecimiento vegetativo mostraron alta incidencia
de Arqueo Foliar (
Cuadro 2 y
Cuadro 4 ). Sin embargo, las plantas que recibieron boro,
crecieron en forma similar a tales tratamientos, pero tuvieron una
muy baja incidencia de Arqueo Foliar. Es bien conocido el papel del
boro en la división celular en tejidos jóvenes y en el proceso de
lignificación.
Un aspecto importante es la identificación de la aeración del suelo
como un factor determinante en la predisposición de la planta a este
tipo de trastornos. Los problemas de drenaje son entonces, un punto
clave de resolver en palma aceitera, no solo desde un punto de vista
productivo, sino también desde el de la sanidad del cultivo. La
existencia de problemas tan serios como la Pudrición del Cogollo, y
trastornos similares, justifican por si solos la vigilancia
permanente de este aspecto en palma aceitera.
Experimentos como el presente deben ser repetidos cuantificando en
el suelo y en la planta el efecto de cada tratamiento. Por ejemplo,
deben usarse tensiómetros en las bolsas para estimar el agua
disponible para la planta y el grado de aeración del suelo. También
debe seguirse el estado hídrico de la planta (contenido relativo de
agua, potencial hídrico, apertura estomática). En el caso de los
tratamientos de fertilización se deberá realizar varios análisis
foliares y de suelo en el período. Los tratamientos de fertilización
deben diseñarse de tal manera que puedan crear desbalances en la
planta entre los elementos, principalmente nitrógeno, potasio y
otros cationes como calcio y magnesio.
Se encontraron diferencias en la incidencia entre tratamientos y
repeticiones aún antes de que algunos tratamientos fueran iniciados
(ej. poda de hojas). Esto indica que existen otros factores que
determinan la incidencia y que no fueron controlados en este
experimento. Los picos de máxima incidencia se "adelantaron" en
algunos tratamientos, particularmente en las plantas con drenaje
deficiente. En el tratamiento de exceso de fertilizante nitrogenado,
la aparición de los síntomas se retrasó considerablemente.
En el caso del drenaje deficiente, un mayor número de palmas (que
eran genéticamente susceptibles), mostraron los síntomas en una
etapa muy temprana, tan pronto como entraron en contacto con el
factor disparador de la susceptibilidad, que este caso fue la
aeración deficiente del suelo. En el caso de la adición de un exceso
de N, la situación fue diferente, y los síntomas no se generalizaron
en las parcelas sino hasta después de varias aplicaciones de este
elemento, lo cual indujo pasado algún tiempo, la fase de
susceptibilidad en las plantas, particularmente cuando se iniciaron
las lluvias.
Estas respuestas son una clara indicación del efecto que ejercen
los factores del ambiente sobre la aparición y desarrollo del
trastorno de la PCF/AF. No todos los factores involucrados han sido
identificados. Un paso importante para lograr el entendimiento y
manejo de estos problemas de pudriciones en el cogollo de la palma
aceitera, incluyendo la PC,es la identificación de tales factores, y
la cuantificación de su efecto individual y colectivo.
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