| Resumen El empleo de
plantas de desarrollo avanzado de vivero (PDAV) en palma aceitera,
permite obtener palmas más vigorosas en el campo, que tienen el
potencial de producir un rendimiento inicial acumulado superior al de
plantas obtenidas a partir de viveros tradicionales. El factor de mayor
impacto en el crecimiento de las plantas de vivero fue la duración de
esta etapa. Sin embargo, para lograr un desarrollo vigoroso es necesario
que las palmas dispongan de tanta radiación solar como sea posible, lo
cual se logra utilizando un espaciamiento de las bolsas que debe ser
mayor conforme se prolonga el periodo de vivero. El efecto buscado con
una mayor distancia entre plantas es reducir la etiolación. Palmas
obtenidas de viveros de 18 meses, espaciadas a 137 cm, acumularon, luego
de 37 meses en el campo, una producción significativamente superior (6.3
t\ha de fruta fresca) a la obtenida a partir de un vivero tradicional:
13 meses de edad, en bolsas espaciadas a 90 cm.
La utilización de una bolsa de mayor tamaño que la estándar puede
ayudar a producir plantas de mejor desarrollo en el vivero, sin
embargo, los efectos beneficiosos no siempre son claros durante la
fase de campo. El uso de dosis altas de fertilizantes en la etapa de
vivero mejoró el crecimiento en algunos tratamientos. Sin embargo,
este efecto desapareció con el tiempo en el campo, y no se reflejó
en los rendimientos. Estos aspectos (tamaño de la bolsa y
fertilización en viveros) necesitan mayor estudio. Una poda ligera
del follaje de las PDAV, anterior al transplante al campo, facilita
el manejo y reduce aparentemente el estrés causado por esta
operación.
Las ventajas en crecimiento y producción con el uso de PDAV se
habían mantenido en este experimento hasta la edad de seis años en
el campo, cuando se cesó de tomar datos. Durante ese periodo, estas
plantas habían producido un acumulado de fruta fresca superior en
7.35 t/ha al de las palmas testigo.
Introducción
El inicio de la recuperación de la inversión, en una nueva
plantación de palma aceitera, debe esperar a que se complete un
periodo improductivo que puede tomar entre dos y tres años. La
reducción de tal periodo puede lograrse de varias formas:
- Usando un material genético precoz
- Aplicando buenas prácticas agronómicas en el campo
- Manteniendo, en el caso de una renovación de plantación, las
palmas viejas por un tiempo prudencial, luego de la nueva siembra
- Empleando plantas de vivero vigorosas y en estado avanzado de
desarrollo (Ducket 1989, Hartley 1988, Hashin et al . 1987,
Khoo and Chew 1976).
La tercera opción acarrea el riesgo de favorecer algunas plagas y
enfermedades (Turner 1981), y presenta algunas dificultades durante
la eliminación de la plantación vieja, una vez establecida la nueva
siembra.
Las plantas de vivero de mayor desarrollo presentan un periodo
improductivo menor, producen más durante los primeros años y los
racimos son más grandes y de mejor calidad (Khoo y Chew 1976). La
siembra de material de vivero de 10 meses de edad o menor es
contraproducente, por cuanto se pueden llevar al campo palmas de
calidad cuestionable, que tendrían mayor oportunidad de ser
descartadas de mantenerse el vivero por más tiempo. Además, estas
plantas pequeñas estarán expuestas por más tiempo, y son más
susceptibles al daño causado por varias plagas, como el escarabajo
Strategus aloeus , ratas y otros animales como vacas y cerdos,
que representan un problema de difícil solución en algunas
plantaciones.
Experimentos previos en Malasia, mostraron que era posible obtener
plantas de mejor desarrollo vegetativo si se aumentaba el
espaciamiento entre las bolsas y se prolongaba el periodo de vivero.
También se obtenía un efecto beneficioso cuando se utilizaban bolsas
de mayor tamaño y se ofrecía a las plantas una fertilización extra
(Ducket 1989, Hartley 1988, Hashin et al . 1987, Naseeb
et al. 1987, 1991). La poda de las plantas anterior al
transplante al campo facilitó el manejo y redujo el estrés del
transplante (Hashin et al .) 1987).
En Costa Rica iniciamos varias experiencias en 1987, para evaluar
estas técnicas bajo nuestras condiciones, cuyos resultados parciales
ya han sido publicados (Chinchilla et al . 1990, Umaña
et al . 1990, Chinchilla et al . 1992. Dos de tales
experimentos fueron sembrados en el campo en 1989 con material de
vivero de 18 meses de edad. Los resultados publicados se refieren,
principalmente, al comportamiento de las plantas durante la fase de
vivero, y durante los primeros meses después del trasplante en el
campo. En el presente trabajo se da un seguimiento a la fase de
campo de los experimentos iniciados en su fase de vivero en
diciembre de 1987. El objetivo ha sido determinar, en el campo, el
efecto de largo plazo que los tratamientos de vivero han tenido
sobre el crecimiento de las plantas y el rendimiento.
Metodología
El experimento de vivero incluyó 16 tratamientos colocados en un
arreglo factorial según un diseño de bloques completos al azar, con
12 repeticiones. Cada parcela estuvo formada por 25 plantas, con 9
palmas útiles. Se utilizaron dos espaciamientos para las bolsas (90
y 137 cm, en triángulo), dos tamaños de bolsa (40x53 cm y 51x61 cm),
dos niveles de fertilización (Cuadro 1), y dos niveles de poda (0 %
y 30%), realizados una semana antes del trasplante del vivero al
campo.
Cuadro 1.
Programa base de fertilización durante la
fase de vivero |
DDS* |
Fórmula |
g/planta |
117 |
18-46-0 |
1 |
138 |
18-46-0 |
1 |
173 |
18-46-0 |
7 |
201 |
18-46-0 |
7 |
229 |
15-15-15 |
14 |
266 |
15-15-15 |
14 |
295 |
15-15-15 |
21 |
321 |
15-15-15 |
21 |
355 |
15-15-15 |
28 |
394 |
15-15-15 |
28 |
420 |
15-15-15 |
28 |
446 |
15-15-15 |
28 |
477 |
15-15-15 |
35 |
502 |
15-15-15 |
35 |
530 |
15-15-15 |
35 |
| *DDS = Días después de la siembra. No se incluye
la fertilización en el previvero. |
Un testigo fue sembrado en bolsas de tamaño normal (40x53 cm),
espaciadas a 90 cm, y fue llevado al campo cuando cumplió 13 meses
de edad, junto con los demás tratamientos, que para ese entonces
habían cumplido aproximadamente 18 meses en el vivero. Las plantas
sembradas fueron cinco cruces DelixAVROS, de las cuales
aproximadamente 76% correspondían a dos cruces específicos.
Todas las palmas, con excepción del testigo, fueron mantenidas en
un previvero durante aproximadamente dos y medio meses. El periodo
de vivero, entonces, se prolongó por 15 y medio meses. El
transplante al campo se realizó durante la última semana de mayo de
1989, periodo en que ya se habían iniciado las lluvias en el área de
estudio (Coto, Pacífico sur de Costa Rica).
En el campo, las plantas fueron dispuestas en un arreglo factorial,
que incluyó los cuatro factores evaluados en el vivero:
espaciamiento, tamaño de bolsa, fertilización y poda. Estos factores
se distribuyeron como un bloque completo al azar, con seis
repeticiones. Cada parcela estaba constituida por 25 palmas (9
útiles), sembradas a 9 metros en un patrón triangular (143
palmas/ha).
Se tomaron medidas rutinarias del crecimiento vegetativo (Corley y
Breure 1981) a intervalos de 1-2 meses durante la fase de vivero, y
cada seis meses en el campo. Los componentes del rendimiento se
determinaron semanalmente.
Resultados y discusión
Crecimiento vegetativo: fase de vivero
Después de la edad de las plantas (18 meses vs. 13 meses), el
factor de mayor impacto para lograr un mejor desarrollo vegetativo
fue un mayor espaciamiento de las bolsas (137 cm vs. 90 cm), seguido
de las bolsas de mayor tamaño (51x61 cm vs. 40x53 cm) (
Cuadro 2 ). Cuando se presentó un aparente mejor desarrollo
vegetativo en el vivero, asociado a dosis mayores del fertilizante
empleado, este efecto desapareció con el tiempo en el campo, y no se
reflejó en los rendimientos de fruta. Una situación similar había
sido observada por Hashin et al . (1987). No
obstante, la fertilización óptima para cada vivero depende del tipo
de suelo usado, la utilización de algún material inerte o de relleno
en la bolsa, y posiblemente de cada tipo particular de cruce
genético.
La interacción observada entre el nivel de fertilización y el
tamaño de la bolsa se debe tomar en cuenta para definir las
recomendaciones de fertilización: plantas en bolsas grandes y con el
menor nivel de fertilizante produjeron un crecimiento relativamente
pobre. Además, las plantas con la dosis menor de fertilizante, en
combinación con bolsas pequeñas, presentaron un crecimiento similar
al de plantas con el doble de la fertilización base en ambos tipos
de bolsas utilizados. La dosis mayor de fertilización estimuló un
aparente mejor crecimiento vegetativo en ambos espaciamientos
utilizados.
El efecto positivo de un mayor tamaño de bolsa también mostró una
clara tendencia a diluirse en la fase de campo. No obstante, la
combinación de bolsas grandes, con el menor espaciamiento (90 cm),
afectó adversamente el crecimiento en vivero y campo. Esta respuesta
se inició posiblemente alrededor de los 10 meses de edad de las
plantas de vivero (
Fig. 1 ), cuando se observó también una reducción en la tasa de
crecimiento del área foliar. El aparente efecto negativo de las
bolsas de mayor tamaño, espaciadas a 90 cm sobre algunas variables
vegetativas, probablemente está relacionado con un crecimiento
inicial más vigoroso de estas plantas, lo cual conduce a una
competencia más temprana por luz. No obstante, la razón para este
comportamiento, que se extendió hasta la fase de campo, no pudo ser
determinada.
El índice de área foliar se incrementó en mayor medida, en las
plantas espaciadas a 90 cm, y particularmente en las bolsas de menor
tamaño, lo cual indica una acumulación temprana de área foliar en
esos tratamientos. Esto condujo a una mayor etiolación, que se dio
principalmente después del año de edad de las plantas.
Crecimiento vegetativo: fase de campo El
efecto de algunas prácticas agronómicas de vivero sobre el crecimiento
vegetativo se manifestó aún después de seis años del trasplante al campo
definitivo. Los factores de mayor importancia fueron el periodo de
permanencia de las plantas en el vivero y el grado de separación de las
bolsas. La mayoría de las variables de crecimiento en las diferentes
evaluaciones en el tiempo fueron significativamente mayores en las
plantas que se mantuvieron por 18 meses en el vivero, con respecto a las
palmas testigo de 13 meses.
Fue también evidente un mejor crecimiento en las plantas
desarrolladas a un espaciamiento de 137 cm con respecto al testigo
de 90 cm (
Cuadro 2 ,
Fig.1 ,
Fig. 2 y
Fig. 3 ). Los efectos beneficiosos en la fase de vivero de un
tamaño de bolsa mayor que el tradicional, y de una mayor
fertilización, desaparecieron paulatinamente durante los primeros
meses después del trasplante al campo.
No obstante, la combinación de bolsas grandes, con la distancia
menor de 90 cm en el vivero, tuvo efectos negativos sobre el
desarrollo vegetativo en esa fase y en el campo. Esto también se ha
reflejado en un menor rendimiento de fruta en esas plantas. Bolsas
más grandes que las del tamaño estándar solo se justificarían en
viveros que vayan a ser mantenidos por al menos 18 meses, y en donde
se utilice un amplio espaciamiento entre plantas.
La poda ligera del follaje de las plantas de vivero (30% del
follaje una semana antes del transplante al campo) facilitó el
manejo de las plantas y aparentemente, redujo un poco el estrés
causado por esta operación. Ningún efecto medible del tratamiento de
poda perduró más allá del primer año en el campo. No obstante, una
poda excesiva del follaje de las palmas de vivero puede afectar
adversamente el crecimiento inicial de las plantas en el campo y su
precocidad. Estas podas deben evitarse.
Aparte de la tasa de emisión foliar, las demás variables de
crecimiento han sido consistentemente superiores en las palmas del
material avanzado de vivero, con respecto a las plantas testigo. Un
elemento que parece obvio es que la edad a la cual son trasplantadas
las plantas del vivero es un factor determinante en el crecimiento
en el campo. Sin embargo, existen otros elementos del manejo de las
plantas en el vivero que determinan en gran medida el potencial de
desarrollo y producción en el campo. En este aspecto se notó que
algunas variables de crecimiento del testigo (13 meses de edad en
vivero) tienden a igualarse en el campo al de las palmas de 18
meses, que salieron etioladas del vivero (espaciadas a 90 cm). Sin
embargo, las plantas que se mantuvieron en el vivero espaciadas a
137 cm (18 meses de edad) han mantenido sus ventajas en crecimiento
durante todo el periodo de evaluación en el campo (
Fig. 2
y
Fig. 3 ).
Etiolación y estrés de trasplante
Las palmas separadas 137 cm (particularmente en bolsas grandes)
presentaron la mayor tasa de elongación del raquis durante los
primeros meses del vivero. Sin embargo, a partir de aproximadamente
los nueve meses de edad, el efecto de la competencia por luz fue
cada vez más evidente en las parcelas espaciadas a 90 cm, lo cual se
asoció con un incremento en la tasa de elongación del raquis, que
fue superior a los demás tratamientos y que condujo a una fuerte
etiolación en estas plantas (
Fig. 1 ).
Durante la evaluación de crecimiento en vivero a los 482 días
después de la siembra, la mayor longitud promedio del raquis (165.5
cm vs. 129 cm en las palmas a 137 cm) se observó en palmas sembradas
en las bolsas pequeñas, espaciadas a 90 cm, y que recibieron la
dosis alta de fertilizante. En ese momento no hubo evidencia
estadística de que esta variable fuera afectada por el tamaño de la
bolsa o la fertilización, pero sí por la distancia entre bolsas.
Las palmas etioladas de vivero fueron menos vigorosas, y las hojas
nuevas se quebraban con facilidad durante el transporte, la siembra
y en los días subsiguientes a esta operación. Un mayor maltrato
durante el manipuleo de estas palmas pudo ser parte de la causa por
la cual necesitaron de un periodo mayor para recuperarse en el
campo. El lento establecimiento en el campo de estas palmas
etioladas de vivero se evidenció en la apariencia aplanada, e
incluso en forma de embudo, de la parte superior de la corona de
hojas. Este efecto, que duró varios meses en algunas plantas, se
debe a que las hojas producidas inicialmente en el campo son de
igual o menor longitud que las del vivero.
Las variables indicadoras de etiolación, durante la fase de mayor
competencia por luz en el vivero fueron un mayor largo del raquis y
de los foliolos, así como un menor número de foliolos por metro
lineal de raquis. Sin embargo, estas mismas características, cuando
fueron medidas en las hojas nuevas producidas en el campo después
del trasplante (en palmas ya libres de la competencia por luz),
fueron indicativas de que la planta había sido capaz de establecerse
con éxito, y de que había reiniciado su crecimiento, después de
superar el estrés de trasplante.
De esta manera, las palmas de material avanzado, más vigorosas en
vivero y afectadas en menor grado por la etiolación, produjeron en
el campo, hojas nuevas que fueron más largas, con foliolos de mayor
longitud y con un número menor de foliolos por metro lineal de
raquis que las palmas separadas a 90 cm en el vivero, las cuales
estaban más etioladas (
Fig. 1 y
Fig. 4 ).
Las plantas de un vivero avanzado, debido a su peso y tamaño,
pueden ser maltratadas durante el transporte al campo definitivo de
siembra. No obstante, las palmas espaciadas en vivero a 137 cm
posiblemente sufrieron menos estrés de trasplante que sus hermanas
etioladas (90 cm de espaciamiento).
Claramente, las plantas testigo fueron las menos afectadas por la
operación de trasplante. Estas últimas plantas mantuvieron una tasa
más o menos constante de aumento en la longitud del raquis (y los
foliolos) después de que fueron llevadas desde el vivero al campo (
Fig. 1 ,
Fig. 2 ,
Fig. 3 y
Fig. 4 ). Esto contrasta con las plantas de 18 meses de edad, en
que se observó una reducción inicial en la tasa de crecimiento
durante los primeros meses después del trasplante.
Si se utiliza como criterio de etiolación un mayor número de
foliolos/m de raquis, el tratamiento de vivero que produjo más
estrés de trasplante fue la combinación de bolsas más pequeñas,
espaciamiento menor y ausencia de poda: 118.6 vs. 97.5 foliolos/m en
la combinación opuesta de estos factores, a los seis meses después
del trasplante.
Las plantas testigo también presentaron una TEF inicialmente mayor
en el campo. En el caso del material avanzado de siembra, además de
una TEF inicialmente menor, la TER (
Fig. 1 ,
Fig. 3 y
Fig. 4 ) y del peciolo, mostraron una caída durante los primeros
meses después del trasplante.
Precocidad y rendimiento inicial A los
diez meses después del trasplante al campo, las palmas provenientes del
vivero distanciado a 137 cm tenían, en promedio, tres veces más
inflorescencias femeninas en antesis y racimos que las palmas
desarrolladas a 90 cm en el vivero (1.4 vs. 0.4). Las palmas podadas
antes del trasplante tenían significativamente menos racimos que las no
podadas (0.5 vs. 1.1 racimos). Aunque este efecto temprano negativo de
la poda no se manifestó posteriormente en el rendimiento acumulado, sí
es una indicación de que una poda excesiva podría ser detrimental para
la planta y su potencial de rendimiento.
Durante dos meses (26 y 27 meses después del trasplante al campo),
la producción de las parcelas 90 (plantas de material avanzado
provenientes de bolsas espaciadas a 90 cm en el vivero) fue superior
al de las parcelas 137 (espaciado a 137 cm en el vivero). Las
parcelas testigo también superaron, durante parte del periodo
inicial, la producción de las parcelas 137. De esta manera, el
acumulado de fruta fresca del testigo a los 28 meses después del
trasplante superó al de las parcelas 137 en un equivalente a 1.58
t\ha. Sin embargo, dos meses después los rendimientos se habían
nivelado. A partir de ese momento, las parcelas 137 han producido
significativamente más que los testigos. A los 37 meses, las
parcelas 137 habían producido un equivalente a 6.04 t\ha más de
fruta fresca que los testigos (
Cuadro 3 ,
Fig. 5 ). Después de este período, los rendimientos han sido
similares en las parcelas 90, las testigo y las 137. No obstante,
siempre se ha mantenido la ventaja inicial obtenida por las parcelas
137, la cual más bien ha aumentado levemente con el tiempo. A los 72
meses después del trasplante, la producción acumulada de las
parcelas 137 fue 7.35 t superior a las testigo, pero solo 2.2 t
superior a las parcelas 90 (
Cuadro 3 ).
La ventaja en rendimiento la obtienen las parcelas 137 durante los
picos de cosecha, particularmente el primero (
Fig. 6 ). Además, estas parcelas sostienen los rendimientos por
encima de los testigos y las parcelas 90, durante 4-6 meses más
después de que ha pasado el mes de mayor producción (
Fig. 6 ). Esto implica una fluctuación menos brusca en los
rendimientos, que constituye una ventaja extra del material de
desarrollo avanzado. Este comportamiento es una indicación de que
las fluctuaciones anuales en los rendimientos de la palma aceitera
pueden ser suavizadas mediante prácticas agronómicas. En este caso
es esperable que palmas más vigorosas tengan más reservas en el
tronco que les permiten sostener una mayor producción durante más
tiempo.
La mayor producción de fruta fresca en las parcelas 137 está asociada,
durante los últimos años de evaluación,con un peso promedio mayor de los
racimos, aunque el número de racimos tiende a ser menor que en las
parcelas 90 (
Fig. 7a y
Fig. 7b ). Esto implica otra ventaja adicional del material 137, ya
que un menor número de racimos de mayor peso implica un ahorro en los
costos de cosecha.
La producción acumulada no ha sido influenciada por el tamaño de la
bolsa utilizada ni por la fertilización dada en vivero. No obstante,
se ha mantenido el efecto negativo de la combinación en vivero de
bolsas grandes, espaciadas a 90 cm (
Fig. 8
).
Los componentes del racimo fueron analizados una única vez, cuando
las plantas tenían 34 meses de transplantadas en el campo. Para esto
se tomaron racimos al azar en todas las parcelas según los
tratamientos de vivero. La comparación de los componentes del racimo
no determinó la existencia de diferencias significativas entre la
fruta obtenida en las parcelas 90 y aquella proveniente de las
parcelas 137 ("t" de Student, P=0.05). Sin embargo, fue notoria una
tendencia en varias variables a ser mayores en las parcelas 137,
entre estas el aceite en el mesocarpo.
Conclusiones Un objetivo fundamental en
toda explotación comercial de palma aceitera es la recuperación de la
inversión en un plazo tan corto como sea posible. Esto puede lograrse,
en parte, produciendo mejores plantas de vivero, que tengan la capacidad
de establecerse con rapidez en el campo, y con el potencial de alcanzar
una alta producción de fruta en los primeros años. Los resultados de
estas pruebas muestran las ventajas de prolongar el periodo normal de
vivero, y de brindar a cada planta la oportunidad de recibir tanta luz
solar como sea posible, con el fin de obtener un desarrollo más
vigoroso.
El vivero tradicional en palma aceitera consiste en plantas
desarrolladas en bolsas de dimensiones cercanas a 40x53 cm, que son
espaciadas en las esquinas de un triángulo equilátero de 90 cm o
menos de lado. Estas plantas se mantienen en estas condiciones por
aproximadamente 12 meses antes de llevarse al campo definitivo.
El concepto de material de siembra de desarrollo avanzado implica
la prolongación de la etapa de vivero a 18 meses o más (Ducket 1989,
Hashin et al . 1987, Khoo y Chew 1976, Naseeb et al.
1987). Esto obliga a aumentar el espaciamiento de las bolsas para
reducir la etiolación. Otras prácticas que se considera que ayudan
en un vivero de desarrollo avanzado son la utilización de bolsas de
mayor volumen y un aumento en la fertilización (Hashin et al
. 1987).
Nuestra experiencia en Costa Rica ha comprobado que el uso de un
material de vivero de desarrollo avanzado dio origen a plantas más
vigorosas en la fase de campo, más precoces y con un mayor potencial
de rendimiento de fruta. Además de estas ventajas, parecen existir
otras cuyas consecuencias económicas deben también ser consideradas:
- Picos de cosecha suavizados lo cual implica una mejor
distribución de los rendimientos en el año.
- Mayor rendimiento global con menos racimos de mayor peso, lo
cual incide en los costos de cosecha.
- El período de mayor susceptibilidad en el campo, al ataque por
Strategus aloeus , ratas, y otros animales como vacas y cerdos
se reduce, pues la planta llevada al campo es de mayor tamaño y
crece más rápidamente, con lo cual escapa al daño. Adicionalmente,
la planta puede tolerar mejor el daño ocasionado por S .
aloeus y por ratas debido a un mayor diámetro del "bulbo
basal".
Un problema apuntado al uso del material de desarrollo avanzado ha
sido el riesgo de aumentar el estrés de trasplante. No obstante, la
evidencia apunta a que las plantas etioladas son más susceptibles de
sufrir un mayor maltrato durante las labores de transplante.
Obviamente, el estrés de trasplante es menor en palmas más jóvenes,
pero no es obvio que este menor estrés compense las demás ventajas
de un buen material de desarrollo avanzado.
La práctica de usar 90 cm para espaciar las bolsas de un vivero es
una regla que puede ser contraproducente. Con más frecuencia de la
esperada, surgen imprevistos que obligan a prolongar la permanencia
de un vivero más allá de lo planeado. Ante esta situación, el
productor se encuentra con la disyuntiva de separar las bolsas
cuando las plantas están ya establecidas (cosa que no siempre puede
o desea hacer), o bien, de tomar el riesgo de poder sacar las
plantas antes de que sufran una etiolación excesiva.
En el caso de tomar la primera opción, el productor está
incurriendo en un gasto extra, y ocasionando un maltrato adicional a
las plantas. Si opta por mantener el espaciamiento original, y el
periodo de vivero se extiende excesivamente, obtendrá plantas muy
etioladas, débiles, con pocas reservas de energía, y que sufrirán de
un gran maltrato durante la siembra.
En un intento por minimizar el problema, el productor usualmente
recurre a podas severas (a veces repetidas) del follaje, lo cual
tiene como consecuencia que estas plantas tengan un lento proceso de
establecimiento en el campo, y un atraso considerable en la entrada
en producción. Al no darse las condiciones apropiadas de
espaciamiento entre plantas, su edad se convierte en un factor en
contra para obtener una planta deseable para la siembra. Por otro
lado, un espaciamiento apropiado de las bolsas, planeado con
anticipación a la siembra del vivero, le permitirá al "viverista"
enfrentar con éxito cualquier eventualidad, y en forma adicional
aprovechar los beneficios de obtener una planta más vigorosa para
llevar al campo.
Las experiencias de Malasia con diferentes tipos de material de
vivero de desarrollo avanzado indican también que el uso de bolsas
más grandes ayudan a la obtención de mejores plantas. Nuestros datos
muestran una tendencia a un mejor crecimiento vegetativo en vivero
en palmas desarrolladas en bolsas más grandes que el tamaño
estándar. Sin embargo, las diferencias han desaparecido en la fase
de campo. La producción de racimos no ha sido afectada por el tamaño
de la bolsa del vivero. Por otro lado, el uso de bolsas de gran
tamaño aumenta los costos de materiales y de mano de obra. También
se observó un efecto negativo muy evidente sobre el crecimiento y la
producción, en plantas desarrolladas en las bolsas grandes que
fueron espaciadas a 90 cm.
Al igual que en el caso del tamaño de la bolsa, el uso de altas
dosis de fertilizante en la etapa de vivero no parece aportar un
beneficio adicional. Altas dosis de una fertilización no balanceada
pueden incluso aumentar la severidad de enfermedades como la
antracnosis ( Colletotrichium gloeosporioides ).
Es muy probable que bolsas más grandes, y un programa balanceado de
fertilización, tengan un impacto positivo que no pudo ser
determinado a partir de este experimento. Por ejemplo, existe la
necesidad de evaluar la interacción entre diferentes tipos de suelo
(con diferentes condiciones físicas y químicas), cruces genéticos y
diferentes programas de fertilización. De igual manera, el tamaño y
forma de la bolsa podrían afectar el desarrollo de la planta, según
el periodo de permanencia en el vivero. En la actualidad se
encuentran en progreso varios experimentos para intentar esclarecer
el papel de estos factores.
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