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Material de desarrollo avanzado en viveros de palma aceitera: crecimiento y producción
Carlos Ml. Chinchilla, Juan Bulgarelli, Geovanny Castrillo, Alfredo Salas
Reproducido de "ASD Oil Palm Papers No. 17, 1-19. 1998

 

Resumen

El empleo de plantas de desarrollo avanzado de vivero (PDAV) en palma aceitera, permite obtener palmas más vigorosas en el campo, que tienen el potencial de producir un rendimiento inicial acumulado superior al de plantas obtenidas a partir de viveros tradicionales. El factor de mayor impacto en el crecimiento de las plantas de vivero fue la duración de esta etapa. Sin embargo, para lograr un desarrollo vigoroso es necesario que las palmas dispongan de tanta radiación solar como sea posible, lo cual se logra utilizando un espaciamiento de las bolsas que debe ser mayor conforme se prolonga el periodo de vivero. El efecto buscado con una mayor distancia entre plantas es reducir la etiolación. Palmas obtenidas de viveros de 18 meses, espaciadas a 137 cm, acumularon, luego de 37 meses en el campo, una producción significativamente superior (6.3 t\ha de fruta fresca) a la obtenida a partir de un vivero tradicional: 13 meses de edad, en bolsas espaciadas a 90 cm.

La utilización de una bolsa de mayor tamaño que la estándar puede ayudar a producir plantas de mejor desarrollo en el vivero, sin embargo, los efectos beneficiosos no siempre son claros durante la fase de campo. El uso de dosis altas de fertilizantes en la etapa de vivero mejoró el crecimiento en algunos tratamientos. Sin embargo, este efecto desapareció con el tiempo en el campo, y no se reflejó en los rendimientos. Estos aspectos (tamaño de la bolsa y fertilización en viveros) necesitan mayor estudio. Una poda ligera del follaje de las PDAV, anterior al transplante al campo, facilita el manejo y reduce aparentemente el estrés causado por esta operación.

Las ventajas en crecimiento y producción con el uso de PDAV se habían mantenido en este experimento hasta la edad de seis años en el campo, cuando se cesó de tomar datos. Durante ese periodo, estas plantas habían producido un acumulado de fruta fresca superior en 7.35 t/ha al de las palmas testigo.

Introducción

El inicio de la recuperación de la inversión, en una nueva plantación de palma aceitera, debe esperar a que se complete un periodo improductivo que puede tomar entre dos y tres años. La reducción de tal periodo puede lograrse de varias formas:

  • Usando un material genético precoz
  • Aplicando buenas prácticas agronómicas en el campo
  • Manteniendo, en el caso de una renovación de plantación, las palmas viejas por un tiempo prudencial, luego de la nueva siembra
  • Empleando plantas de vivero vigorosas y en estado avanzado de desarrollo (Ducket 1989, Hartley 1988, Hashin et al . 1987, Khoo and Chew 1976).

La tercera opción acarrea el riesgo de favorecer algunas plagas y enfermedades (Turner 1981), y presenta algunas dificultades durante la eliminación de la plantación vieja, una vez establecida la nueva siembra.

Las plantas de vivero de mayor desarrollo presentan un periodo improductivo menor, producen más durante los primeros años y los racimos son más grandes y de mejor calidad (Khoo y Chew 1976). La siembra de material de vivero de 10 meses de edad o menor es contraproducente, por cuanto se pueden llevar al campo palmas de calidad cuestionable, que tendrían mayor oportunidad de ser descartadas de mantenerse el vivero por más tiempo. Además, estas plantas pequeñas estarán expuestas por más tiempo, y son más susceptibles al daño causado por varias plagas, como el escarabajo Strategus aloeus , ratas y otros animales como vacas y cerdos, que representan un problema de difícil solución en algunas plantaciones.

Experimentos previos en Malasia, mostraron que era posible obtener plantas de mejor desarrollo vegetativo si se aumentaba el espaciamiento entre las bolsas y se prolongaba el periodo de vivero. También se obtenía un efecto beneficioso cuando se utilizaban bolsas de mayor tamaño y se ofrecía a las plantas una fertilización extra (Ducket 1989, Hartley 1988, Hashin et al . 1987, Naseeb et al. 1987, 1991). La poda de las plantas anterior al transplante al campo facilitó el manejo y redujo el estrés del transplante (Hashin et al .) 1987).

En Costa Rica iniciamos varias experiencias en 1987, para evaluar estas técnicas bajo nuestras condiciones, cuyos resultados parciales ya han sido publicados (Chinchilla et al . 1990, Umaña et al . 1990, Chinchilla et al . 1992. Dos de tales experimentos fueron sembrados en el campo en 1989 con material de vivero de 18 meses de edad. Los resultados publicados se refieren, principalmente, al comportamiento de las plantas durante la fase de vivero, y durante los primeros meses después del trasplante en el campo. En el presente trabajo se da un seguimiento a la fase de campo de los experimentos iniciados en su fase de vivero en diciembre de 1987. El objetivo ha sido determinar, en el campo, el efecto de largo plazo que los tratamientos de vivero han tenido sobre el crecimiento de las plantas y el rendimiento.

Metodología

El experimento de vivero incluyó 16 tratamientos colocados en un arreglo factorial según un diseño de bloques completos al azar, con 12 repeticiones. Cada parcela estuvo formada por 25 plantas, con 9 palmas útiles. Se utilizaron dos espaciamientos para las bolsas (90 y 137 cm, en triángulo), dos tamaños de bolsa (40x53 cm y 51x61 cm), dos niveles de fertilización (Cuadro 1), y dos niveles de poda (0 % y 30%), realizados una semana antes del trasplante del vivero al campo.

Cuadro 1.

Programa base de fertilización durante la fase de vivero

DDS*
Fórmula
g/planta
117
18-46-0
1
138
18-46-0
1
173
18-46-0
7
201
18-46-0
7
229
15-15-15
14
266
15-15-15
14
295
15-15-15
21
321
15-15-15
21
355
15-15-15
28
394
15-15-15
28
420
15-15-15
28
446
15-15-15
28
477
15-15-15
35
502
15-15-15
35
530
15-15-15
35
*DDS = Días después de la siembra. No se incluye la fertilización en el previvero.

Un testigo fue sembrado en bolsas de tamaño normal (40x53 cm), espaciadas a 90 cm, y fue llevado al campo cuando cumplió 13 meses de edad, junto con los demás tratamientos, que para ese entonces habían cumplido aproximadamente 18 meses en el vivero. Las plantas sembradas fueron cinco cruces DelixAVROS, de las cuales aproximadamente 76% correspondían a dos cruces específicos.

Todas las palmas, con excepción del testigo, fueron mantenidas en un previvero durante aproximadamente dos y medio meses. El periodo de vivero, entonces, se prolongó por 15 y medio meses. El transplante al campo se realizó durante la última semana de mayo de 1989, periodo en que ya se habían iniciado las lluvias en el área de estudio (Coto, Pacífico sur de Costa Rica).

En el campo, las plantas fueron dispuestas en un arreglo factorial, que incluyó los cuatro factores evaluados en el vivero: espaciamiento, tamaño de bolsa, fertilización y poda. Estos factores se distribuyeron como un bloque completo al azar, con seis repeticiones. Cada parcela estaba constituida por 25 palmas (9 útiles), sembradas a 9 metros en un patrón triangular (143 palmas/ha).

Se tomaron medidas rutinarias del crecimiento vegetativo (Corley y Breure 1981) a intervalos de 1-2 meses durante la fase de vivero, y cada seis meses en el campo. Los componentes del rendimiento se determinaron semanalmente.

Resultados y discusión

Crecimiento vegetativo: fase de vivero

Después de la edad de las plantas (18 meses vs. 13 meses), el factor de mayor impacto para lograr un mejor desarrollo vegetativo fue un mayor espaciamiento de las bolsas (137 cm vs. 90 cm), seguido de las bolsas de mayor tamaño (51x61 cm vs. 40x53 cm) ( Cuadro 2 ). Cuando se presentó un aparente mejor desarrollo vegetativo en el vivero, asociado a dosis mayores del fertilizante empleado, este efecto desapareció con el tiempo en el campo, y no se reflejó en los rendimientos de fruta. Una situación similar había sido observada por Hashin et al . (1987). No obstante, la fertilización óptima para cada vivero depende del tipo de suelo usado, la utilización de algún material inerte o de relleno en la bolsa, y posiblemente de cada tipo particular de cruce genético.

La interacción observada entre el nivel de fertilización y el tamaño de la bolsa se debe tomar en cuenta para definir las recomendaciones de fertilización: plantas en bolsas grandes y con el menor nivel de fertilizante produjeron un crecimiento relativamente pobre. Además, las plantas con la dosis menor de fertilizante, en combinación con bolsas pequeñas, presentaron un crecimiento similar al de plantas con el doble de la fertilización base en ambos tipos de bolsas utilizados. La dosis mayor de fertilización estimuló un aparente mejor crecimiento vegetativo en ambos espaciamientos utilizados.

El efecto positivo de un mayor tamaño de bolsa también mostró una clara tendencia a diluirse en la fase de campo. No obstante, la combinación de bolsas grandes, con el menor espaciamiento (90 cm), afectó adversamente el crecimiento en vivero y campo. Esta respuesta se inició posiblemente alrededor de los 10 meses de edad de las plantas de vivero ( Fig. 1 ), cuando se observó también una reducción en la tasa de crecimiento del área foliar. El aparente efecto negativo de las bolsas de mayor tamaño, espaciadas a 90 cm sobre algunas variables vegetativas, probablemente está relacionado con un crecimiento inicial más vigoroso de estas plantas, lo cual conduce a una competencia más temprana por luz. No obstante, la razón para este comportamiento, que se extendió hasta la fase de campo, no pudo ser determinada.

El índice de área foliar se incrementó en mayor medida, en las plantas espaciadas a 90 cm, y particularmente en las bolsas de menor tamaño, lo cual indica una acumulación temprana de área foliar en esos tratamientos. Esto condujo a una mayor etiolación, que se dio principalmente después del año de edad de las plantas.

Crecimiento vegetativo: fase de campo

El efecto de algunas prácticas agronómicas de vivero sobre el crecimiento vegetativo se manifestó aún después de seis años del trasplante al campo definitivo. Los factores de mayor importancia fueron el periodo de permanencia de las plantas en el vivero y el grado de separación de las bolsas. La mayoría de las variables de crecimiento en las diferentes evaluaciones en el tiempo fueron significativamente mayores en las plantas que se mantuvieron por 18 meses en el vivero, con respecto a las palmas testigo de 13 meses.

Fue también evidente un mejor crecimiento en las plantas desarrolladas a un espaciamiento de 137 cm con respecto al testigo de 90 cm ( Cuadro 2 , Fig.1 , Fig. 2 y Fig. 3 ). Los efectos beneficiosos en la fase de vivero de un tamaño de bolsa mayor que el tradicional, y de una mayor fertilización, desaparecieron paulatinamente durante los primeros meses después del trasplante al campo.

No obstante, la combinación de bolsas grandes, con la distancia menor de 90 cm en el vivero, tuvo efectos negativos sobre el desarrollo vegetativo en esa fase y en el campo. Esto también se ha reflejado en un menor rendimiento de fruta en esas plantas. Bolsas más grandes que las del tamaño estándar solo se justificarían en viveros que vayan a ser mantenidos por al menos 18 meses, y en donde se utilice un amplio espaciamiento entre plantas.

La poda ligera del follaje de las plantas de vivero (30% del follaje una semana antes del transplante al campo) facilitó el manejo de las plantas y aparentemente, redujo un poco el estrés causado por esta operación. Ningún efecto medible del tratamiento de poda perduró más allá del primer año en el campo. No obstante, una poda excesiva del follaje de las palmas de vivero puede afectar adversamente el crecimiento inicial de las plantas en el campo y su precocidad. Estas podas deben evitarse.

Aparte de la tasa de emisión foliar, las demás variables de crecimiento han sido consistentemente superiores en las palmas del material avanzado de vivero, con respecto a las plantas testigo. Un elemento que parece obvio es que la edad a la cual son trasplantadas las plantas del vivero es un factor determinante en el crecimiento en el campo. Sin embargo, existen otros elementos del manejo de las plantas en el vivero que determinan en gran medida el potencial de desarrollo y producción en el campo. En este aspecto se notó que algunas variables de crecimiento del testigo (13 meses de edad en vivero) tienden a igualarse en el campo al de las palmas de 18 meses, que salieron etioladas del vivero (espaciadas a 90 cm). Sin embargo, las plantas que se mantuvieron en el vivero espaciadas a 137 cm (18 meses de edad) han mantenido sus ventajas en crecimiento durante todo el periodo de evaluación en el campo ( Fig. 2 y Fig. 3 ).

Etiolación y estrés de trasplante

Las palmas separadas 137 cm (particularmente en bolsas grandes) presentaron la mayor tasa de elongación del raquis durante los primeros meses del vivero. Sin embargo, a partir de aproximadamente los nueve meses de edad, el efecto de la competencia por luz fue cada vez más evidente en las parcelas espaciadas a 90 cm, lo cual se asoció con un incremento en la tasa de elongación del raquis, que fue superior a los demás tratamientos y que condujo a una fuerte etiolación en estas plantas ( Fig. 1 ).

Durante la evaluación de crecimiento en vivero a los 482 días después de la siembra, la mayor longitud promedio del raquis (165.5 cm vs. 129 cm en las palmas a 137 cm) se observó en palmas sembradas en las bolsas pequeñas, espaciadas a 90 cm, y que recibieron la dosis alta de fertilizante. En ese momento no hubo evidencia estadística de que esta variable fuera afectada por el tamaño de la bolsa o la fertilización, pero sí por la distancia entre bolsas.

Las palmas etioladas de vivero fueron menos vigorosas, y las hojas nuevas se quebraban con facilidad durante el transporte, la siembra y en los días subsiguientes a esta operación. Un mayor maltrato durante el manipuleo de estas palmas pudo ser parte de la causa por la cual necesitaron de un periodo mayor para recuperarse en el campo. El lento establecimiento en el campo de estas palmas etioladas de vivero se evidenció en la apariencia aplanada, e incluso en forma de embudo, de la parte superior de la corona de hojas. Este efecto, que duró varios meses en algunas plantas, se debe a que las hojas producidas inicialmente en el campo son de igual o menor longitud que las del vivero.

Las variables indicadoras de etiolación, durante la fase de mayor competencia por luz en el vivero fueron un mayor largo del raquis y de los foliolos, así como un menor número de foliolos por metro lineal de raquis. Sin embargo, estas mismas características, cuando fueron medidas en las hojas nuevas producidas en el campo después del trasplante (en palmas ya libres de la competencia por luz), fueron indicativas de que la planta había sido capaz de establecerse con éxito, y de que había reiniciado su crecimiento, después de superar el estrés de trasplante.

De esta manera, las palmas de material avanzado, más vigorosas en vivero y afectadas en menor grado por la etiolación, produjeron en el campo, hojas nuevas que fueron más largas, con foliolos de mayor longitud y con un número menor de foliolos por metro lineal de raquis que las palmas separadas a 90 cm en el vivero, las cuales estaban más etioladas ( Fig. 1 y Fig. 4 ).

Las plantas de un vivero avanzado, debido a su peso y tamaño, pueden ser maltratadas durante el transporte al campo definitivo de siembra. No obstante, las palmas espaciadas en vivero a 137 cm posiblemente sufrieron menos estrés de trasplante que sus hermanas etioladas (90 cm de espaciamiento).

Claramente, las plantas testigo fueron las menos afectadas por la operación de trasplante. Estas últimas plantas mantuvieron una tasa más o menos constante de aumento en la longitud del raquis (y los foliolos) después de que fueron llevadas desde el vivero al campo ( Fig. 1 , Fig. 2 , Fig. 3 y Fig. 4 ). Esto contrasta con las plantas de 18 meses de edad, en que se observó una reducción inicial en la tasa de crecimiento durante los primeros meses después del trasplante.

Si se utiliza como criterio de etiolación un mayor número de foliolos/m de raquis, el tratamiento de vivero que produjo más estrés de trasplante fue la combinación de bolsas más pequeñas, espaciamiento menor y ausencia de poda: 118.6 vs. 97.5 foliolos/m en la combinación opuesta de estos factores, a los seis meses después del trasplante.

Las plantas testigo también presentaron una TEF inicialmente mayor en el campo. En el caso del material avanzado de siembra, además de una TEF inicialmente menor, la TER ( Fig. 1 , Fig. 3 y Fig. 4 ) y del peciolo, mostraron una caída durante los primeros meses después del trasplante.

Precocidad y rendimiento inicial

A los diez meses después del trasplante al campo, las palmas provenientes del vivero distanciado a 137 cm tenían, en promedio, tres veces más inflorescencias femeninas en antesis y racimos que las palmas desarrolladas a 90 cm en el vivero (1.4 vs. 0.4). Las palmas podadas antes del trasplante tenían significativamente menos racimos que las no podadas (0.5 vs. 1.1 racimos). Aunque este efecto temprano negativo de la poda no se manifestó posteriormente en el rendimiento acumulado, sí es una indicación de que una poda excesiva podría ser detrimental para la planta y su potencial de rendimiento.

Durante dos meses (26 y 27 meses después del trasplante al campo), la producción de las parcelas 90 (plantas de material avanzado provenientes de bolsas espaciadas a 90 cm en el vivero) fue superior al de las parcelas 137 (espaciado a 137 cm en el vivero). Las parcelas testigo también superaron, durante parte del periodo inicial, la producción de las parcelas 137. De esta manera, el acumulado de fruta fresca del testigo a los 28 meses después del trasplante superó al de las parcelas 137 en un equivalente a 1.58 t\ha. Sin embargo, dos meses después los rendimientos se habían nivelado. A partir de ese momento, las parcelas 137 han producido significativamente más que los testigos. A los 37 meses, las parcelas 137 habían producido un equivalente a 6.04 t\ha más de fruta fresca que los testigos ( Cuadro 3 , Fig. 5 ). Después de este período, los rendimientos han sido similares en las parcelas 90, las testigo y las 137. No obstante, siempre se ha mantenido la ventaja inicial obtenida por las parcelas 137, la cual más bien ha aumentado levemente con el tiempo. A los 72 meses después del trasplante, la producción acumulada de las parcelas 137 fue 7.35 t superior a las testigo, pero solo 2.2 t superior a las parcelas 90 ( Cuadro 3 ).

La ventaja en rendimiento la obtienen las parcelas 137 durante los picos de cosecha, particularmente el primero ( Fig. 6 ). Además, estas parcelas sostienen los rendimientos por encima de los testigos y las parcelas 90, durante 4-6 meses más después de que ha pasado el mes de mayor producción ( Fig. 6 ). Esto implica una fluctuación menos brusca en los rendimientos, que constituye una ventaja extra del material de desarrollo avanzado. Este comportamiento es una indicación de que las fluctuaciones anuales en los rendimientos de la palma aceitera pueden ser suavizadas mediante prácticas agronómicas. En este caso es esperable que palmas más vigorosas tengan más reservas en el tronco que les permiten sostener una mayor producción durante más tiempo.

La mayor producción de fruta fresca en las parcelas 137 está asociada, durante los últimos años de evaluación,con un peso promedio mayor de los racimos, aunque el número de racimos tiende a ser menor que en las parcelas 90 ( Fig. 7a y Fig. 7b ). Esto implica otra ventaja adicional del material 137, ya que un menor número de racimos de mayor peso implica un ahorro en los costos de cosecha.

La producción acumulada no ha sido influenciada por el tamaño de la bolsa utilizada ni por la fertilización dada en vivero. No obstante, se ha mantenido el efecto negativo de la combinación en vivero de bolsas grandes, espaciadas a 90 cm ( Fig. 8 ).

Los componentes del racimo fueron analizados una única vez, cuando las plantas tenían 34 meses de transplantadas en el campo. Para esto se tomaron racimos al azar en todas las parcelas según los tratamientos de vivero. La comparación de los componentes del racimo no determinó la existencia de diferencias significativas entre la fruta obtenida en las parcelas 90 y aquella proveniente de las parcelas 137 ("t" de Student, P=0.05). Sin embargo, fue notoria una tendencia en varias variables a ser mayores en las parcelas 137, entre estas el aceite en el mesocarpo.

Conclusiones

Un objetivo fundamental en toda explotación comercial de palma aceitera es la recuperación de la inversión en un plazo tan corto como sea posible. Esto puede lograrse, en parte, produciendo mejores plantas de vivero, que tengan la capacidad de establecerse con rapidez en el campo, y con el potencial de alcanzar una alta producción de fruta en los primeros años. Los resultados de estas pruebas muestran las ventajas de prolongar el periodo normal de vivero, y de brindar a cada planta la oportunidad de recibir tanta luz solar como sea posible, con el fin de obtener un desarrollo más vigoroso.

El vivero tradicional en palma aceitera consiste en plantas desarrolladas en bolsas de dimensiones cercanas a 40x53 cm, que son espaciadas en las esquinas de un triángulo equilátero de 90 cm o menos de lado. Estas plantas se mantienen en estas condiciones por aproximadamente 12 meses antes de llevarse al campo definitivo.

El concepto de material de siembra de desarrollo avanzado implica la prolongación de la etapa de vivero a 18 meses o más (Ducket 1989, Hashin et al . 1987, Khoo y Chew 1976, Naseeb et al. 1987). Esto obliga a aumentar el espaciamiento de las bolsas para reducir la etiolación. Otras prácticas que se considera que ayudan en un vivero de desarrollo avanzado son la utilización de bolsas de mayor volumen y un aumento en la fertilización (Hashin et al . 1987).

Nuestra experiencia en Costa Rica ha comprobado que el uso de un material de vivero de desarrollo avanzado dio origen a plantas más vigorosas en la fase de campo, más precoces y con un mayor potencial de rendimiento de fruta. Además de estas ventajas, parecen existir otras cuyas consecuencias económicas deben también ser consideradas:

  • Picos de cosecha suavizados lo cual implica una mejor distribución de los rendimientos en el año.
  • Mayor rendimiento global con menos racimos de mayor peso, lo cual incide en los costos de cosecha.
  • El período de mayor susceptibilidad en el campo, al ataque por Strategus aloeus , ratas, y otros animales como vacas y cerdos se reduce, pues la planta llevada al campo es de mayor tamaño y crece más rápidamente, con lo cual escapa al daño. Adicionalmente, la planta puede tolerar mejor el daño ocasionado por S . aloeus y por ratas debido a un mayor diámetro del "bulbo basal".

Un problema apuntado al uso del material de desarrollo avanzado ha sido el riesgo de aumentar el estrés de trasplante. No obstante, la evidencia apunta a que las plantas etioladas son más susceptibles de sufrir un mayor maltrato durante las labores de transplante. Obviamente, el estrés de trasplante es menor en palmas más jóvenes, pero no es obvio que este menor estrés compense las demás ventajas de un buen material de desarrollo avanzado.

La práctica de usar 90 cm para espaciar las bolsas de un vivero es una regla que puede ser contraproducente. Con más frecuencia de la esperada, surgen imprevistos que obligan a prolongar la permanencia de un vivero más allá de lo planeado. Ante esta situación, el productor se encuentra con la disyuntiva de separar las bolsas cuando las plantas están ya establecidas (cosa que no siempre puede o desea hacer), o bien, de tomar el riesgo de poder sacar las plantas antes de que sufran una etiolación excesiva.

En el caso de tomar la primera opción, el productor está incurriendo en un gasto extra, y ocasionando un maltrato adicional a las plantas. Si opta por mantener el espaciamiento original, y el periodo de vivero se extiende excesivamente, obtendrá plantas muy etioladas, débiles, con pocas reservas de energía, y que sufrirán de un gran maltrato durante la siembra.

En un intento por minimizar el problema, el productor usualmente recurre a podas severas (a veces repetidas) del follaje, lo cual tiene como consecuencia que estas plantas tengan un lento proceso de establecimiento en el campo, y un atraso considerable en la entrada en producción. Al no darse las condiciones apropiadas de espaciamiento entre plantas, su edad se convierte en un factor en contra para obtener una planta deseable para la siembra. Por otro lado, un espaciamiento apropiado de las bolsas, planeado con anticipación a la siembra del vivero, le permitirá al "viverista" enfrentar con éxito cualquier eventualidad, y en forma adicional aprovechar los beneficios de obtener una planta más vigorosa para llevar al campo.

Las experiencias de Malasia con diferentes tipos de material de vivero de desarrollo avanzado indican también que el uso de bolsas más grandes ayudan a la obtención de mejores plantas. Nuestros datos muestran una tendencia a un mejor crecimiento vegetativo en vivero en palmas desarrolladas en bolsas más grandes que el tamaño estándar. Sin embargo, las diferencias han desaparecido en la fase de campo. La producción de racimos no ha sido afectada por el tamaño de la bolsa del vivero. Por otro lado, el uso de bolsas de gran tamaño aumenta los costos de materiales y de mano de obra. También se observó un efecto negativo muy evidente sobre el crecimiento y la producción, en plantas desarrolladas en las bolsas grandes que fueron espaciadas a 90 cm.

Al igual que en el caso del tamaño de la bolsa, el uso de altas dosis de fertilizante en la etapa de vivero no parece aportar un beneficio adicional. Altas dosis de una fertilización no balanceada pueden incluso aumentar la severidad de enfermedades como la antracnosis ( Colletotrichium gloeosporioides ).

Es muy probable que bolsas más grandes, y un programa balanceado de fertilización, tengan un impacto positivo que no pudo ser determinado a partir de este experimento. Por ejemplo, existe la necesidad de evaluar la interacción entre diferentes tipos de suelo (con diferentes condiciones físicas y químicas), cruces genéticos y diferentes programas de fertilización. De igual manera, el tamaño y forma de la bolsa podrían afectar el desarrollo de la planta, según el periodo de permanencia en el vivero. En la actualidad se encuentran en progreso varios experimentos para intentar esclarecer el papel de estos factores.

Literatura

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