| Resumen Se utilizaron
dos bioensayos para evaluar el valor nutricional y el efecto residual de
un abono elaborado a partir de fibra de racimos vacíos de palma
aceitera. En un ensayo de campo, se utilizó el sorgo como planta
indicadora, y se sembró en microparcelas en un Inceptisol que fue
mezclado con cantidades crecientes de composte (tratamientos). Se
incluyó además un testigo con fertilización mineral (urea). Los
resultados de este bioensayo, se compararon con los obtenidos en otro
bioensayo de laboratorio, en donde se midió el crecimiento microbiano en
mezclas de suelo con cantidades también crecientes del composte. En la
primera cosecha del sorgo (37 días después de la siembra), se encontró
una regresión significativa (P<0.05), entre el incremento de materia
fresca y seca, y el aumento en las cantidades de abono aplicado, lo que
indica que el composte suministró nutrimentos a corto plazo, y que la
disponibilidad de varios elementos aumentó conforme se aplicaron
cantidades más altas. En las siguientes cosechas tales relaciones no
fueron evidentes. Sin embargo, luego de una nueva aplicación de urea
después del cuarto corte, los contenidos foliares de N,P,K y Zn en el
tejido aéreo del sorgo (quinto corte), fueron estadísticamente
diferentes entre tratamientos. Considerando que el análisis de suelo
inicial mostró concentraciones bajas de K, P y Zn, y que los contenidos
de estos elementos en el tejido del sorgo no fueron bajos, se puede
asumir que se dio un efecto residual del composte a mediano plazo (seis
meses y medio). No se encontró un aumento adicional de biomasa foliar
del sorgo, ni de contenidos de N, a partir de la adición de 5 % de
composte al suelo en todas las cosechas realizadas. Aparentemente, parte
del N fácilmente disponible en el composte puede perderse, ya sea por
lixiviación o volatilización, comportándose así de manera similar al N
que aportó la urea. La correlación entre la biomasa microbiana
determinada en el laboratorio y el peso seco del sorgo, sólo fue
significativa para la primera cosecha del sorgo, lo que permite concluir
que el bioensayo microbiano, sólo es útil para estimar el valor
nutricional de un composte en el corto plazo. La mayor parte del N en el
composte posiblemente está acomplejado en las moléculas orgánicas en
formas de difícil mineralización. La calidad del composte elaborado a
partir de la fibra de los racimos vacíos de la palma aceitera es de
excelente calidad según los valores obtenidos de biomasa microbiana.
Introducción
El proceso de extracción de aceite de los frutos de la palma
aceitera, genera una gran cantidad de pinzotes (racimos vacíos), los
que pueden potencialmente provocar un problema de contaminación. No
obstante, y a pesar de una alta relación C/N, estos desechos tienen
un contenido de nutrimentos relativamente alto, por lo cual pueden
ser devueltos a la plantación como “mulch”. Sin embargo, el material
es pesado, contiene mucha humedad y ocupa mucho volumen, lo que
resulta en altos costos de transporte por unidad de nutrimentos, y
la dificultad en la distribución en el campo, especialmente en la
época lluviosa (Huan 1989, Uexkull y Fairhurst 1991, Torres et
al . 1999).
Por cada tonelada de racimos procesados se generan aproximadamente
0.22 toneladas de racimos vacíos y entre 800 y 900 litros de
efluente y otros residuos. La planta extractora de aceite de frutos
de palma aceitera ubicada en Palo Seco, Quepos, Puntarenas, Costa
Rica, procesa aproximadamente 100 000 toneladas de fruta fresca al
año, y los racimos vacíos de la fruta contienen cantidades
importantes de elementos: 90 t N, 43 t P, y 146 t K (Torres et al.
1999). Estos residuos pueden ser procesados para formar un composte
que tiene el potencial de sustituir parte de las necesidades
nutricionales del cultivo, mejorar las propiedades químicas, físicas
y biológicas del suelo, y promover un uso eficiente de los desechos.
No obstante, para normalizar el uso agrícola, es necesario conocer
el aporte nutricional de estos abonos para orientar las cantidades
de aplicación (Vandevivere y Ramírez 1995a Keeney 1985), y con tal
propósito, se han desarrollado varios métodos basados en medidas
cuantitativas (Dick y McCoy 1993, Vandevivere y Ramírez 1995a).
El análisis tipo “suelo” de un composte, que incluye el uso de una
solución extractante, determina los nutrimentos intercambiables
supuestamente disponibles para las plantas. Este análisis usualmente
subestima la cantidad de nutrimentos de un abono orgánico, pues no
considera que una buena parte de los elementos en estos abonos no se
encuentran disponibles de inmediato, y para ser liberados necesitan
de la mineralización por los microorganismos del suelo (Vandevivere
y Ramírez 1995a).
El “diagnóstico tipo foliar”, por otro lado, evalúa el contenido
total de nutrimentos mediante una digestión completa de la muestra
con ácidos fuertes. Este análisis sobrestima la cantidad de
elementos disponibles en un composte, puesto que, por ejemplo, no
todo el nitrógeno orgánico es mineralizable y puede estar en formas
recalcitrantes. Otro inconveniente es que no ofrece información
sobre el plazo en el cual los nutrimentos estarían disponibles
(Vandevivere y Ramírez 1995a).
Vandevivere y Ramírez (1995b) desarrollaron una metodología para
estimar el valor nutricional en los abonos orgánicos, que consiste en
estimular el crecimiento de los microorganismos nativos mediante la
adición de glucosa y un inhibidor de protozoarios. De esta forma, el
carbono disponible no es un factor limitante del crecimiento
microbiano en el sustrato, que consiste en mezclas de suelo con
cantidades crecientes de composte. El incremento de la biomasa
microbiana estará determinado por la cantidad de nutrimentos
disponibles en la mezcla, aportados principalmente por el composte.
La biomasa microbiana se mide por el método de la respiración
inducida de un sustrato. La glucosa se utiliza para inducir un
máximo de respuesta respiratoria en los microorganismos que están en
el suelo, medida como evolución de CO2 , que está relacionado con
la biomasa del carbono microbiano (Anderson y Domsch 1978).
El crecimiento microbiano en laboratorio está relacionado con el
crecimiento y absorción de nutrimentos de plantas de sorgo (Salas
1997, Salas y Ramírez 2000). La cantidad de nutrimentos que limita
el crecimiento microbiano aparentemente se comporta de manera
semejante con una planta.
En esta investigación, se trató de validar la eficacia de un
bioensayo microbiano para predecir la disponibilidad de nutrimentos
en un composte hecho a partir de racimos vacíos de palma aceitera, y
para usarlo como guía para fijar las cantidades por utilizar en el
campo. Los datos de biomasa microbiana obtenidos “in vitro”, se
correlacionaron con los generados en un bioensayo de campo con sorgo
como planta indicadora. En ambos bioensayos se mezcló el suelo con
cantidades equivalentes de composte. Para estimar la residualidad
del composte, se realizaron cortes repetidos de los rebrotes del
sorgo después de varias cosechas sistemáticas, en los cuales se
determinó la acumulación de materia seca y el contenido de elementos
nutritivos.
Materiales y Métodos
La materia prima usada para elaborar el composte fue la fibra de
los racimos vacíos de la palma aceitera. Después del desprendimiento
de los frutos en la extractora, el racimo vacío es cortado y
desmenuzado por sierras girando a alta velocidad, y después, una
buena parte del remanente de aceite es extraído con prensas de
rodillo. El producto resultante es una fibra que representa un 12 -
15% del peso de la fruta fresca (Torres et al . 1999).
La fibra fue enriquecida con efluente (300 l/m3), urea (10 kg/t),
lodos (20 kg/t), cal (6.6 kg/t) y fósforo (0.86 kg) . Con estos
materiales se elaboraron camas de compostaje de 7.5 m3. La aireación
se realizó mediante voltea manual de los componentes cada ocho días.
Durante el primer mes se ajustó la humedad entre el 45 y el 55%.
Después de cuatro meses el composte se consideró maduro. Las
características químicas y físicas de la fibra y el abono aparecen
en el
cuadro 1 ,
cuadro 2 y
cuadro 3 .
Bioensayo de campo: aporte nutricional del composte al sorgo
forrajero El bioensayo de campo se realizó en el
área de Cerros (Damas, Quepos, Costa Rica), dentro de una plantación de
palma aceitera de pocos meses de edad, propiedad de la compañía Palma
Tica S.A. El suelo se clasificó como Fluventic Haplustepts. (Mata. R.
2000; Comunicación personal). (
Cuadro 4 ).
Se sembraron microparcelas (1.25 m 2 : 1.25 m x 1m) de sorgo
(Sorghum vulgare) distanciadas 30 cm. Las distancias de siembra
fueron 18 cm entre hileras, depositando las semillas en un chorro
continuo. El suelo superficial (primeros 20 cm), fue mezclado con
cantidades crecientes del composte: 0, 2.5, 5.0, 7.5, 10.0, 12.5%.
Estas cantidades equivalen a 0, 58, 116, 174, 232 y 290 t de
composte/ha. Se incluyó, además, un tratamiento con 0.5 t de urea
/ha (230 kg N/ha). Los tratamientos se ordenaron en un diseño de
bloques completos al azar con cuatro repeticiones.
Para evaluar el efecto residual del abono, y conocer el aporte
nutricional que podría proporcionar tanto a corto (1 - 3 meses) como
a mediano plazo (7 meses), se determinó el peso fresco y seco del
sorgo en cortes consecutivos en una parcela útil de 625 cm 2 ,
delimitada en el centro de cada micro parcela. Se realizaron además,
análisis químicos foliares con el fin de estimar los nutrimentos
extraídos por la planta. Al final del ensayo se comparó el peso seco
foliar total acumulado por cada tratamiento.
Los cortes se realizaron aproximadamente cada cinco semanas, el
primero 37 días después de la siembra y posteriormente cada 37 días;
con excepción del segundo corte que se realizó a los 51 días. Con el
material del primer corte, se realizó un análisis químico foliar de
N en cada una de las parcelas, y uno completo (todos los elementos)
para todos los tratamientos, pero combinando las cuatro
repeticiones. En la siguiente cosecha, se realizó un análisis foliar
de N por tratamiento, con las muestras combinadas de las cuatro
repeticiones, y uno completo para los tratamientos uno (testigo) y
tres (5% de abono), combinando las repeticiones de los cuatro
bloques. Este procedimiento se alternó hasta la cuarta cosecha,
mientras que en la quinta se realizó un análisis completo de los
nutrimentos para todas las parcelas.
Dado que después del primer corte no se observaron diferencias
significativas entre tratamientos, en cuanto a peso seco y contenido
de nutrimentos de la parte aérea de las plantas de sorgo, se decidió
agregar 46 kg/ha de N a todos los tratamientos después del cuarto
corte.
Ensayo microbiano Este ensayo se
realizó en el Laboratorio de Biotecnología del Centro de Investigaciones
en Protección de Cultivos (CIPROC) de la Facultad de Agronomía en la
Universidad de Costa Rica. Utilizando la metodología de Vandevivere y
Ramírez (1995b), se evaluaron cantidades crecientes (% p/p) del abono
orgánico utilizado en el bioensayo de sorgo en el campo. El composte se
mezcló en las mismas proporciones, con el mismo tipo de suelo en el que
se realizó el bioensayo con sorgo. Se incluyó un tratamiento con urea
(12.6 mg N/50g de suelo). Tanto el suelo como el composte fueron
tamizados con una malla de 2 mm y secados al aire.
Se empleó un diseño de bloques completos al azar, en donde cada
uno de tres bloques correspondió al grupo de unidades experimentales
que recibieron los tratamientos en el mismo período de incubación,
bajo las mismas condiciones ambientales (ej. humedad relativa,
temperatura ambiente) y manejo (ej. medición de respiración). El
experimento fue repetido tres veces en el tiempo. La unidad
experimental consistió de un frasco Erlenmeyer de un litro con 50
gramos de la mezcla de suelo y abono, con la humedad ajustada
aproximadamente a capacidad de campo.
Determinación de la biomasa microbiana. La actividad de los
protozoarios fue inhibida en la mezcla de suelo con composte
añadiendo tritón, para eliminar esta fuente de depredación de otros
microorganismos. Después se agregó glucosa en polvo (1 % del peso
total de la mezcla suelo/abono: 0.5 g / frasco), y se incubó en la
oscuridad por 48 horas.
La biomasa microbiana fue estimada con el ‘'Método de Respiración
Inducida por un Sustrato (RIS)'' de Anderson y Domsch (1978), con
las modificaciones realizadas por Cheng y Coleman (1989).
Transcurridas las 48 horas de incubación, se agregaron 0.5 gramos de
glucosa a cada erlenmeyer y se agitó de inmediato. Después de 30
minutos, los frascos fueron conectados al sistema de flujo de aire
por media hora, para eliminar el CO2 acumulado en las tuberías del
sistema y en los frascos. El flujo de aire es pasado por una trampa
de NaOH, 0,2 N para limpiarlo de CO2 , y luego es bombeado a través
de un tubo de 2.5 cm de diámetro interno con varias terminales y
salidas donde son conectados los frascos Erlenmeyer con la muestra
de suelo y abono (
Fig. 1 ).
Después de limpiar el sistema de CO2 , se conectaron las trampas
(tubos de ensayo de 60 ml con 40 ml de NaOH 0,05M), y se dejaron
burbujeando por una hora, para atrapar el CO2 producido por la
actividad de los microorganismos. El flujo de aire fue de al menos 3
l/ hora. Frascos Erlenmeyer vacíos fueron también conectados al
sistema (blancos) con sus respectivas trampas de CO2 .
El producto de la reacción del hidróxido de sodio con el CO2 ( NaOH + CO2 = HCO + H2 O), se transfirió cuantitativamente a
frascos Erlenmeyer de 250 ml y se agregaron 6 ml de BaCl 2 , (0,2 N)
para formar carbonato de bario estable. Finalmente el producto se
tituló con HCl 0,2M luego de agregar tres gotas del indicador
fenolftaleína.
Resultados y Discusión
Producción de biomasa y contenido de elementos en la parte aérea
del sorgo. Se observó una tendencia al aumento en el peso seco aéreo
(principalmente en los cortes uno, cuatro y cinco), conforme las
cantidades de composte agregadas fueron mayores (
Fig. 2 ). Este comportamiento también fue evidente en los
contenidos de nitrógeno foliar para todos los cortes (
Fig. 3 ). No obstante, no se encontraron diferencias
estadísticas significativas después del primer corte para el peso
seco foliar. Para el contenido de N foliar, se obtuvieron
diferencias significativas entre tratamientos en el tercero y quinto
corte.
La cantidad de materia seca aérea producida por el sorgo en el
primer corte correlacionó positivamente con el aumento en las
cantidades de composte añadidas al suelo. Esto indica que el abono
suministró nutrimentos a corto plazo (37 días), y que la
disponibilidad de algunos elementos (P, K y Zn) (
Cuadro 5
) fue mayor conforme se aplicaron dosis más altas del material.
Las cantidades de nutrimentos foliares fueron similares en el
tratamiento con urea y el testigo sin composte, excepto para el N
que fue máximo en el tejido aéreo del primer corte en el tratamiento
con urea (
Cuadro 5 ). Este resultado es esperado, ya que la urea
únicamente aporta nitrógeno, no así el composte, que aportó una
cantidad importante de otros nutrimentos. Debido a esto posiblemente
la producción de biomasa foliar en el tratamiento con urea no fue la
más alta (
Fig. 2 ).
Los datos de biomasa foliar (
Fig.4 ), y las cantidades estimadas de N acumulado (
Fig.5 ), podrían indicar que la capacidad de absorción del sorgo
se saturó con un 5 % p/p del composte aplicado al suelo, ya que por
encima de este valor, no se observó un aumento en la biomasa foliar,
ni un incremento en la concentración de N.
La cantidad total de N acumulado (suma de cuatro cortes), en la
parte aérea de las plantas de sorgo, apenas es una pequeña fracción
del N total que se estimó estaba presente en las diferentes
cantidades de composte (
Fig. 6 ). Además, el aumento en la concentración de N foliar en
el sorgo con las cantidades crecientes de composte, no fue
proporcional a la cantidad de N adicionado. El tratamiento 5% p/p de
composte fue el mejor con apenas un 12 % de N aportado, mientras
que, por ejemplo, el tratamiento con 7.5% p/p de composte aportó un
estimado de 8.3% de N. Lo anterior posiblemente se debió a que la
materia orgánica del abono formó compuestos fuertemente estables con
el nitrógeno, y por lo tanto de mineralización lenta, que no
permitieron un buen aprovechamiento del N en el mediano plazo
(tercer y cuarto corte) por la planta (Nommik 1965).
Considerando los datos del bioensayo microbiano en el laboratorio,
se estimó que únicamente un 17.7% del N presente en el composte del
tratamiento con 5% p/p, era fácilmente disponible. No obstante, en
el bioensayo de campo con sorgo se determinó que únicamente un 12%
de este N fue incorporado en el tejido vegetal hasta la cuarta
cosecha, (
Fig. 6 ). La información permite concluir que el aprovechamiento
por parte del sorgo en el corto plazo fue bajo. Además, estos
resultados indican que el N de lenta liberación no fue suficiente
después del segundo corte, aunque se puede anotar que el segundo y
tercer corte (
Fig. 3 ) estarían evaluando apenas de una manera conjunta el
nitrógeno liberado en 23 semanas, que es un período relativamente
corto.
El nitrógeno de liberación lenta no pudo ser estimado en el ensayo
con sorgo, ya que el período de evaluación fue relativamente corto.
La disponibilidad de N de liberación lenta, tiene la ventaja de
suministrar pequeñas cantidades en el tiempo, lo cual puede
disminuir las pérdidas y beneficiar la nutrición nitrogenada de un
cultivo perenne como la palma aceitera. Este factor debería de
tomarse en cuenta al dosificar el composte en el campo y al escoger
la época de aplicación.
Residualidad del composte El
rendimientos de biomasa foliar y contenido de N en la parte aérea del
sorgo, disminuyeron conforme se realizaron los cortes hasta un mínimo en
el corte cuarto (
Fig. 2 y
Fig. 3 ). Esto indica una disminución del poder residual del
composte, o bien un deterioro en el suministro de nutrimentos.
Sin embargo, en la quinta cosecha se encontraron diferencias
significativas entre tratamientos (cantidades de composte agregadas
al suelo), en los contenidos foliares de N, P, K y Zn, lo cual
estuvo asociado con la aplicación adicional de urea (46 kg N / ha),
después del cuarto corte. Las diferencias entre tratamientos se
explican por el efecto residual de las cantidades crecientes del
composte; ya que a mayores dosis de abono, hubo mayor reservorio de
estos nutrimentos, lo cual indica que el N era el elemento
limitante. La presencia de la materia orgánica en el suelo puede
incrementar los sitios de intercambio para el NH4+ que aportó la
urea, y favorecer la disponibilidad de este nutrimento para las
raíces del sorgo (Mohammed et al. 1991).
Las cantidades de N, P, K y Zn en el tejido foliar del sorgo se
relacionaron con la producción de biomasa foliar. En la primera,
tercera y quinta cosechas del sorgo, el valor de estas variables
tendió a aumentar con las cantidades crecientes de abono agregadas
al suelo.
Las concentraciones de K, P y Zn eran bajas en el lugar donde se
realizó el ensayo de campo (
Cuadro 4 ). Sin embargo, las plantas de sorgo tenían
concentraciones adecuadas, según el cuadro de concentraciones de
nutrimentos en sorgo (Veroni 1997; Jones et al. 1991), por lo tanto
se asume que el composte aportó parte de esos nutrimentos.
La cantidad de Mn foliar disminuyó con el aumento en la cantidad
agregada de composte al suelo, y en la quinta cosecha las
diferencias de Mn entre tratamientos fueron significativas. La
deficiencia de Mn esta asociada con altos contenidos de materia
orgánica en el suelo (Cresser et al . 1993, Tan 1994 ;
Schatz et al. 1964; Dick y McCoy 1993; Bolle - Jones 1976).
Bioensayo microbiano como indicador de la fertilidad del
composte La correlación entre la biomasa
microbiana determinada en el laboratorio, y el peso seco del primer
corte de la parte aérea del sorgo (un mes y una semana después de la
siembra) fue significativa (r = 0.83; P = 0.007,
Fig. 7 ). La correlación no es significativa para el resto de las
cosechas, lo cual indica que el bioensayo microbiano es una herramienta
adecuada para estimar el efecto nutricional de un composte únicamente en
el corto plazo.
Los datos del bioensayo microbiano indican que el composte
evaluado parece ser un abono de muy buena calidad, ya que a una
cantidad del 10 % p/p, se obtuvieron valores de biomasa microbiana
superiores a los 3 miligramos de carbono microbiano (
Fig. 8 ). Estos datos son similares a los obtenidos con otros
abonos evaluados de muy alta calidad nutricional (Salas y Ramírez
2000).
El crecimiento microbiano presentó valores que sobrepasaron los 2
mg C microbiano / 0.1g de abono, a partir de la dosis del 5 % (p/p),
los cuales son considerados como valores intermedios, pero capaces
de suministrar los nutrimentos necesarios al sorgo durante al menos
el primer mes y medio de crecimiento (Salas 1997; Salas y Ramírez
2000).
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