| Introducción
La especie de ratas más común en las plantaciones de palma
aceitera en Costa Rica es Sigmodon hispidus , la cual se
alimenta principalmente de las bases peciolares de las hojas
inferiores, y del bulbo basal de las palmas durante el primer año en
el campo. Sin embargo, cuando las poblaciones son muy altas, las
ratas pueden dañar severamente los racimos, aun verdes, en palmas
que apenas empiezan a producir. Zigodontomys sp. es otra
especie de ratas observada en plantaciones de palma aceitera, pero
su importancia no ha sido documentada.
En general, el ciclo de vida de las ratas oscila entre 10 y 22
meses, y son animales muy prolíficos: alcanzan la madurez sexual en
unos cuatro meses, y una hembra puede dar a luz camadas de 5-10
individuos cada 3-4 meses.
No se conoce con detalle todos los factores que regulan los ciclos
de aparición de altas poblaciones de ratas, los cuales ocurren
generalmente cada cinco años, y obligan a tomar medidas de combate
inmediatas ante la amenaza de sufrir pérdidas considerables de
palmas jóvenes y de las primeras cosechas de racimos.
- El daño causado por S. hispidus se concentra en
palmas jóvenes durante los primeros 3-4 años después de la siembra.
Al menos tres elementos favorecen el ataque durante este periodo:
- S. hispidus no tiene hábitos trepadores, por lo cual
el daño se reduce conforme los racimos se producen a mayor altura en
el tronco de la palma.
- Las variedades modernas de palma aceitera son muy precoses, por
lo cual los primeros racimos se producen a poca altura.
La cobertura de leguminosas (kudzú) y otras malezas ofrecen
refugio a las ratas.
En el año de 1999, se presentó en la región de Quepos (Pacífico
central de Costa Rica) un aumento poblacional de ratas evidenciado
por un fuerte daño en los racimos de plantas que apenas entraban en
producción. Debido a este daño, la cosecha fue iniciada entre tres y
seis meses después de lo programado en un área de aproximadamente
750 hectáreas. Durante el pico poblacional, se observaron hasta
cinco hembras por cada macho, y una gran actividad diurna. Cuando la
población de S. hispidus se encuentra regulada, la
relación entre sexos es cercana a uno, y los animales mantienen una
actividad nocturna.
Indice de capturas . Se colocaron trampas en
transeptos, espaciadas cada 10 metros, con un mínimo de 100 trampas
por hectárea. El éxito de capturas definido como la razón (en
porcentaje) entre el número de capturas y el total de trampas
colocadas fue superior al 60% en algunas áreas (
Fig. 1 ), lo cual indica una población muy alta. Un valor de 10%
en el éxito de capturas es considerado alto en algunos cultivos como
arroz y caña de azúcar; sin embargo, el valor crítico para palma
aceitera es posiblemente más alto, probablemente mayor de 30%. Un
porcentaje entre 60 y 80% de trampas activadas, se asoció con un
daño de 30-40 % de los primeros racimos producidos por las plantas
(primer año de cosecha).
Manejo . Fue esencial considerar un enfoque
integral, que abarcó el manejo del hábitat, y los componentes del
control biológico y químico. El manejo del hábitat incluyó la
búsqueda y modificación de aquellos sitios en donde se reproducían
los animales, tales como montones de materia orgánica, y las paredes
de drenajes sucios. El control de malezas fue mejorado tanto
alrededor de las palmas como en las entre líneas. Otro factor que se
consideró fue la posible migración hacia la plantación, de roedores
que procedían de áreas vecinas con manejo deficiente de malezas.
En áreas de resiembra, los cúmulos de troncos de las palmas
derribadas ofrecieron un ambiente particularmente favorable para la
protección y reproducción de las ratas, que iniciaban desde allí sus
ataques a las palmas de la nueva siembra (primer año). En estas
áreas se hizo necesario realizar una poda sanitaria adelantada, que
incluyó la eliminación de hojas viejas y de los racimos más cercanos
al suelo.
Existen numerosos enemigos naturales de las ratas, pero una
plantación comercial de palma aceitera raramente ofrece un ambiente
favorable para las actividades de esta fauna benéfica, y su impacto
es todavía menor cuando ocurre una explosión de la población de
roedores. Como estrategia para ayudar a la actividad de las aves
rapaces, se acostumbra instalar perchas de observación, que
consisten en varas de bambú u otro planta, que sobresalen por encima
del follaje de la palma. El trabajo de las rapaces se facilita si se
mantienen limpios de malezas los anillos (rodajas) alrededor de las
plantas. La ubicación de sitios de anidación para el buho Tito
alba dentro de la plantación, no ha sido practicada con éxito
en las plantaciones de palma aceitera de América Central.
Un cebo anticoagulante de bajo costo fue fabricado con maíz
quebrado (46 kg), Racumín en polvo (3 kg) y melaza de caña de azúcar
(1 litro). Los ingredientes se mezclaron utilizando guantes y
mascarilla, y el producto se colocó en bolsas plásticas (15-25
gramos), las cuales se rociaron con aceite de coco para disimular el
olor humano provocado por el manipuleo. Los cebos se colocaron cerca
de las madrigueras, y de caminos por donde transitaban los roedores.
No tiene objeto colocarlos en áreas muy despejadas, pues estas son
evitadas por las ratas por cuanto quedan expuestas a sus
depredadores. En las áreas con ataques más fuertes se puso un cebo
por planta, y en sitios con menor incidencia, se pusieron cebos
solamente en las primeras 3-4 plantas de los bordes. Debido a la
escasez de mano de obra para preparar el cebo con Racumin, en
ocasiones se utilizaron cebos de brodifacoun, los cuales se ofrecen
en presentaciones listas para ser usadas en el campo.
En términos generales, el costo del combate de los roedores fue de
alrededor de 25 US$/ha, y la reducción del daño hasta un nivel
económicamente aceptable tomó cerca de ocho meses. |