Resumen
Se siguió el comportamiento de cuatro grupos de palmas (Elaeis
guineensis Jacq.) inicialmente sanas, en sendas áreas con una alta
incidencia del trastorno conocido localmente como flecha seca, y que
corresponde a lo que en Sur América se denomina pudrición del cogollo
(PC). Varias de las palmas desarrollaron los síntomas del trastorno. Las
plantas que eventualmente desarrollarían los primeros síntomas
característicos de la PC (amarillamiento de foliolos de hojas jóvenes y
secamiento y/o pudrición de las hojas flecha) mostraron por algún tiempo
un rápido crecimiento vegetativo, seguido de una caída posterior en el
mismo. Anterior al desarrollo de síntomas, las plantas experimentaron
una disminución de la tasa de emisión foliar, y una reducción del largo
de las hojas y del área foliar. En las plantas que se mantuvieron sanas,
estas variables siguieron una tendencia creciente. Esta secuencia de
eventos (un crecimiento vigoroso seguido de un retardo evidente en
desarrollo y posterior aparición de los síntomas) indica que las plantas
(particularmente las más vigorosas) estuvieron expuestas a uno o más
tipos de estrés antes de que aparecieran los síntomas de PC. Este
comportamiento fue observado en todos los grupos de palmas estudiados, y
se determinó que el periodo de estrés se podía situar entre 8 y 9 meses
previos a las mediciones que detectaron una disminución en el
crecimiento vegetativo: este periodo corresponde a la fase de rápido
crecimiento (elongación) de los órganos involucrados.
El aborto de inflorescencias femeninas parece ser la causa principal
de la reducción en el número de racimos de las plantas con síntomas, lo
cual respalda también la hipótesis del efecto del estrés como una causa
fundamental del desarrollo posterior de la sintomatología de las
pudriciones del cogollo en palma aceitera. El peso de los racimos
maduros no se redujo sino hasta después de seis meses de la aparición de
los síntomas.
La distribución de frecuencias de la densidad del sistema radical
fino en palmas jóvenes con síntomas, presentó una tendencia a
desplazarse hacia valores bajos de densidad radical (menores a 0.75
g/l). Este comportamiento también parece anteceder a la aparición de los
síntomas del desorden, y fue evidente entre 2 y 5 meses antes de la
aparición de los primeros síntomas.
Introducción
Las pudriciones del cogollo son trastornos comunes del crecimiento de
la palma aceitera, y en América tropical han sido una de las causas del
fracaso de algunas plantaciones en Panamá, Nicaragua, Colombia, Ecuador,
Surinam y Brazil (Ruinard et al. 1990; Mariau et al. 1992; Swinburne
1993; Franqueville 2001). En Costa Rica y algunos otros países, las
pudriciones y/o secamientos de las hojas jóvenes, también han causado
pérdidas importantes, pero no han obligado al abandono de las empresas,
sino que estas han sobrevivido gracias a una combinación de factores
ambientales que hacen que los síntomas no sean tan severos (las palmas
se recuperan de los síntomas luego de algún tiempo), y a la toma de
medidas que mejoran las condiciones agronómicas del cultivo (Chinchilla
y Durán 1998, 1999).
Los diferentes nombres dados a estos desórdenes en los lugares en que
han ocurrido, reflejan la incertidumbre existente sobre sus verdaderas
causas, y el efecto del ambiente y manejo de la plantación sobre la
reacción de la planta. En Brazil, el problema se conoce como
amarillamiento fatal, lo cual indica su naturaleza aparentemente letal.
En Ecuador y otros países, es conocido como pudrición letal del cogollo,
lo cual hace alusión a las pudriciones del cogollo y el punto de
crecimiento vegetativo que conllevan a la muerte de la planta. En
Colombia, se le ha llamado pudrición del cogollo en algunas regiones, lo
cual, aunque siempre hace énfasis en las pudriciones, deja entrever que
los síntomas no son necesariamente letales. En Costa Rica, un trastorno
similar es conocido como "flecha seca", nombre que coloca el énfasis en
el hecho de que muchas veces no existen pudriciones, sino secamientos (y
amarillamiento) de las flechas y de las hojas jóvenes, y en que el
trastorno no es letal, sino que la gran mayoría de las plantas se
recuperan luego de varios meses (Chinchilla y Durán, 1998, 1999).
Trastornos similares a las pudriciones del cogollo en América
tropical no son desconocidos en Asia (Turner 1981; National Research
Center for Oil Palm 1996), pero la incidencia nunca ha alcanzado los
límites observados en América.
La presencia de patógenos como causa primaria de las pudriciones del
cogollo de la palma aceitera no ha sido establecida más allá de
cualquier duda, y la tendencia actual es considerarlas más bien como un
trastorno del crecimiento asociado a condiciones desfavorables para el
desarrollo del cultivo. Los hongos y bacterias que causan las
pudriciones en la parte aérea de la planta y las raíces, pueden ser
considerados oportunistas en la mayoría de los casos.
Las pudriciones del cogollo y trastornos similares están asociadas a
varios factores del suelo, clima y agronómicos que son negativos para el
crecimiento normal de las plantas, particularmente del sistema radical.
De estos, los más comunes son una aeración deficiente del suelo, una
fertilización desequilibrada (particularmente de las bases más
importantes: K, Ca y Mg), un suelo biológicamente empobrecido y un
balance hídrico alterado (Monge et al. 1993; Alvarado et al. 1997;
Chinchilla y Durán 1998, 1999). No obstante, la etiología del problema
sigue abierta a la discusión, como es el caso de muchos otros trastornos
(o "declines") en forestales y muchos otros cultivos importantes (Lima
1982; Manion y Lachance 1992; Melakeberhan 1993; Tu 1994; Grimm et al.
1997; Chinchilla y Durán 1998).
Un estudio que puede arrojar luz sobre las causas de las pudriciones
y secamientos del cogollo de la palma aceitera es el seguimiento del
progreso de los síntomas en el tiempo, particularmente de aquellos
eventos que ocurren antes y durante la manifestación de los síntomas más
evidentes de amarillamiento y pudrición o secamiento de hojas. Para
lograr esto, se debe partir de la observación sistemática de palmas
originalmente sanas, en áreas en donde se espera la ocurrencia de una
alta incidencia del problema. En estas palmas originalmente sanas, se
pueden tomar mediciones repetidas del crecimiento vegetativo (aéreo y
radical), y la fisiología (fotosíntesis, comportamiento estomático,
partición de asimilados etc.), de manera que cuando los síntomas
inequívocos del desorden aparecen (amarillamiento y pudrición), se tenga
una secuencia de “fotografías”, que permitan separar las plantas que se
enferman de aquellas que se mantienen sanas. En este trabajo se informa
sobre algunos de estos estudios hechos en una plantación comercial en la
región del Pacífico central de Costa Rica, en donde se siguió el
historial de varias palmas sanas que posteriormente presentaron los
síntomas del trastorno conocido como flecha seca en la región.
Los llamados síntomas iniciales de este trastorno incluyen la
presencia de varios foliolos amarillos, generalmente localizados en la
base de una o más hojas jóvenes, y el desarrollo posterior de
pudriciones y/secamientos de las hojas sin abrir (flechas), seguido de
una generalización del amarillamiento en varias de las hojas jóvenes. En
el resto del texto, cuando se mencionen los síntomas iniciales del
trastorno o "los primeros síntomas", se está haciendo referencia a estos
síntomas.
Materiales y Métodos
Las observaciones corresponden a una plantación comercial de palma
aceitera afectada desde el año 1992 por una condición muy similar a la
descrita en la literatura como pudrición del cogollo (Chinchilla y Durán
1999). La zona se caracteriza por presentar suelos de origen aluvial,
muchos de ellos poco profundos (esqueléticos) y de baja fertilidad. La
estación de lluvias se extiende generalmente de abril a noviembre, y
existe una estación seca bastante marcada entre enero y marzo
(Fig. 1).
Estudio 1. Se seleccionaron 100 palmas sanas Deli x AVROS
sembradas en 1990, a las cuales se les tomaron mediciones del
crecimiento vegetativo en forma mensual (hoja uno), y se anotó la fecha
cuando se observaron los primeros síntomas del trastorno (amarillamiento
de algunos de los foliolos basales en algunas de las hojas más nuevas:
posiciones 2-3 en la filotaxia generalmente). En esta etapa aún no era
evidente en la mayoría de las plantas, ningún tipo de pudrición o
secamiento de las hojas jóvenes. Para facilitar la interpretación de los
resultados, se promediaron los datos de las plantas que aparecieron con
síntomas dentro de un periodo de dos meses.
Estudio 2. Se utilizaron 304 palmas Deli/Kigoma x Ekona
sembradas en 1997. Estas palmas formaban parte de un experimento de
fertilización, por lo cual se tomaban lecturas periódicas de las
variables de crecimiento y de incidencia de la flecha seca.
Las palmas que mostraban síntomas se separaron en categorías según la
fecha en que aparecían los primeros síntomas. Para facilitar la
comprensión de la información, en algunos casos se juntaron las palmas
que habían mostrado síntomas en fechas cercanas.
Estudio 3. Se seleccionaron 78 palmas sanas y 48 con síntomas
iniciales de PC en una siembra comercial Deli/Kigoma x Ekona de 1998. Se
realizó un primer muestreo de raíces durante los primeros meses de la
época de lluvias en junio del 2001, y otro en diciembre durante la
salida de las lluvias. En este segundo muestreo, varias de las palmas
originalmente sanas habían desarrollado síntomas. El muestreo se hizo
con un barreno Eijkelkamp que extrae un volumen de suelo de 730 cm3. Las
raíces extraídas se lavaron con agua y se secaron a 70 °C durante 24
horas en un horno con corriente forzada de aire. Posteriormente las
raíces se separaron en dos categorías: gruesas (raíces primarias y
secundarias) y finas (terciarias y cuaternarias), y se determinó su peso
seco.
Estudio 4. Se seleccionaron 25 palmas sanas Deli/Kigoma x
Ekona de ocho meses de edad, y cada dos semanas se tomaron mediciones
rutinarias del crecimiento vegetativo aéreo (sección transversal del
pecíolo, largo del raquis de la hoja (hoja 1), tasa de emisión foliar
etc.), raíces y contenido de azúcares solubles. El muestreo de raíces se
hizo a 15 cm de profundidad y a 30 cm de la base de las palmas, con el
barreno Eijkelkamp. La concentración de azúcares solubles en la savia
extraída del bulbo, raíces gruesas y raquis de las hojas, se midió con
un refractómetro portátil Leica.
Resultados y discusión
Estudio 1
Las variables de crecimiento medidas en la hoja número uno reflejan
las condiciones que prevalecían varios meses antes de la emergencia de
esta hoja. En el caso del largo del raquis y la sección transversal del
pecíolo, los periodos de mayor sensibilidad al estrés se ubican cuando
la hoja alcanza las posiciones -10 y -6 aproximadamente (Hartley 1981).
Si asumimos una tasa de emisión foliar de dos hojas por mes, esto
corresponde a eventos que ocurrieron al menos entre 5 y 3 meses antes de
que la hoja alcanzara la posición uno.
El grupo de palmas que apareció con síntomas entre enero y febrero de
1996, habían mostrado un mayor largo del raquis en las mediciones
anteriores (noviembre y diciembre del 95), pero para la fecha en que
aparecieron los síntomas, la magnitud de esta variable había caído
considerablemente, lo cual refleja un estrés ocurrido aproximadamente
cinco meses antes. El otro grupo de palmas que se enfermaría más tarde
(marzo-abril del 96), mantuvieron una tasa muy alta de crecimiento por
algún tiempo, pero al igual que el grupo anterior, para el momento en
que desarrollaron síntomas, el valor del largo del raquis había caído
dramáticamente (Fig. 2).
El hecho de que las palmas que aparecen con síntomas en cada fecha
muestran un pequeño incremento en el valor del largo del raquis
posterior a la aparición de los síntomas, es una indicación de que el
evento de estrés anterior tuvo una duración definida. Los bajos valores
de longitud del raquis y PxS posteriores a la aparición del problema,
solo están indicando el efecto acumulado de la severidad del ataque.
Esta fase, que muestra los efectos posteriores a la aparición de los
primeros síntomas, solo es considerada parcialmente en este trabajo
(estudio 2), pero se conoce que las consecuencias sobre la productividad
y crecimiento de las plantas se pueden extender por más de dos años.
El comportamiento del valor PxS, que es una variable también muy
sensible al estrés, es muy similar al del crecimiento del raquis
(Fig. 3).
Un comportamiento similar fue observado cuando se le dio seguimiento
a palmas sanas que desarrollaron síntomas de la pudrición común de la
flecha/arqueo foliar. En ese caso fueron también las palmas que habían
entrado en una fase de rápido crecimiento, las que eventualmente
presentaron un fuerte efecto negativo sobre el crecimiento, y luego
desarrollaron los síntomas del trastorno (Chinchilla et al. 1997).
Estudio 2
Crecimiento vegetativo. Un grupo de palmas (pertenecientes a un
experimento de fertilización), aparecieron con síntomas en diciembre de
1999, y se usaron para documentar el efecto negativo sobre el
crecimiento vegetativo que se observa después de la aparición de los
primeros síntomas del trastorno. Debido a que las mediciones del
crecimiento foliar fueron hechas aproximadamente cada seis meses, según
la rutina en estos experimentos, no fue posible establecer relaciones
precisas entre la aparición de los síntomas en palmas particulares, y su
crecimiento vegetativo inmediatamente anterior (y posterior) a la
aparición de tales síntomas. No obstante, se hizo un intento, asumiendo
una tasa de emisión foliar cercana a tres hojas por mes para palmas de
esta edad. De esta forma, las lecturas del PxS y largo del raquis de la
hoja 17 reflejan una situación (estrés o buenas condiciones) que ocurrió
posiblemente entre 8 y 9 meses previos a la medición, cuando estos
órganos estaban en una fase de rápido crecimiento. Considerando este
hecho, fue aparente que estas variables fueron negativamente afectadas
en su crecimiento posiblemente uno o dos meses antes de la aparición de
los síntomas en los diferentes grupos de palmas enfermas. Para aclarar
este hecho, se realizó el estudio cuatro, en donde se tomaron mediciones
de crecimiento aéreo en forma mensual.
Los valores de las mediciones anteriores a la aparición de los
síntomas (octubre del 99), y posteriores a ese evento (agosto del 2000)
fueron muy similares entre palmas sanas y enfermas (Cuadro 1). No
obstante, el efecto negativo de la enfermedad sobre el nuevo crecimiento
vegetativo fue muy evidente en la medición realizada en marzo del 2001,
aproximadamente un año después de la aparición de los síntomas en
diciembre del 99.
|
Cuadro 1. Variables de crecimiento en un grupo
de palmas sanas y otro que presentó síntomas de pudrición de
cogollo en una fecha intermedia (diciembre de 1999). Palmas
sembradas en 1997 |
| Categoría |
Octubre 1999 |
Marzo 2001 |
| n |
PxS |
RLG |
LAR |
n |
PxS |
RLG |
LAR |
| Sanas |
35 |
4.7 |
302 |
3.2 |
33 |
9.3 |
438 |
5.7 |
| Enfermas (dic./99) |
20 |
4.7 |
302 |
3.2 |
7 |
6.3 |
328 |
3.7 |
|
PxS = Area transversal del pecíolo (cm²), RLG =
Longitud del raquis (cm), LAR = Area foliar (m²), n = Tamaño de
la muestra |
Producción
Las palmas que tienen en un momento dado una gran carga de racimos,
podrían estar más estresadas, y por lo consiguiente, más predispuestas a
un ataque de PC. El número de racimos por palma puede ser afectado a
partir del momento de la diferenciación floral, que ocurre al menos 19
meses antes de la antesis de la inflorescencia, por lo cual es muy poco
probable que el cambio en la razón de sexo pueda ser asociado con la
aparición de los síntomas de las pudriciones de cogollo. Dos
observaciones adicionales que apoyan esta idea son:
- Los síntomas de PC pueden presentarse unos pocos meses después
de sembrar las palmas en el campo.
- No se han detectado diferencias en crecimiento entre palmas que
se mantienen sanas y las que se enferman hasta dos años después.
No obstante, las diferencias en el número de racimos entre palmas
sanas y con los primeros síntomas podrían ser el resultado del aborto (preantesis),
o falla (posantesis) de los racimos. Al igual que en el caso de la
diferenciación floral, las tasas de aborción y fallas pueden ser
afectadas por situaciones de estrés, que pueden ocurrir en un momento
más cercano a la aparición de los síntomas de la PC.
El primer pico de producción en el área del experimento ocurrió en el
año 2001, especialmente entre los meses de marzo y julio. Durante este
periodo fue evidente que el efecto negativo de la PC sobre el número de
racimos fue menor conforme la fecha de aparición de los síntomas fue más
cercana al pico mencionado
(Fig. 4). La diferencia en el número de
racimos entre palmas sanas y las que aparecieron enfermas en mayo del
2000 (aproximadamente 9 meses antes del inicio del pico de producción)
fue notablemente mayor que en las plantas que aparecieron enfermas en
agosto y setiembre de ese año (aproximadamente entre 6 y 7 meses antes
del inicio del pico).
En general, cuando se compararon palmas sanas y enfermas, se
determinó que el número de racimos fue menor en los grupos de palmas que
se habían enfermado entre 8 y 12 meses antes del pico de cosecha, pero
no existían diferencias notables entre palmas sanas y aquellas que
habían mostrado síntomas solo siete meses antes. Esto permite inferir
que los eventos que causaron una disminución en el número de racimos
ocurrieron en un periodo muy cercano a aquél que trascurre entre el
estímulo del aborto, y la disminución en el número de racimos
cosechados, y que según Corley (1977) es de 9-11 meses. Es entonces muy
posible que el aborto de las inflorescencias femeninas en desarrollo sea
la causa principal de la reducción inicial del número de racimos en las
palmas que presentan los síntomas de PC, y que este fenómeno esté
reflejando un estrés previo a la aparición de tales síntomas.
El peso promedio del racimo experimentó una reducción después de
aproximadamente seis meses de la aparición de los primeros síntomas
(Fig. 5).
En un estudio previo se había determinado que el peso del
racimo y de los frutos fértiles individuales de palmas sanas era mayor
que en palmas con síntomas iniciales. La diferencia en peso del racimo
fue de 2.7 kg, y el peso de los frutos individuales de palmas sanas fue
hasta 56% mayor que el de palmas afectadas (datos sin publicar).
En otro trabajo anterior, se compararon racimos maduros provenientes
de palmas sanas y con síntomas iniciales de PC. El porcentaje de frutos
partenocárpicos y blancos (vanos) fue mayor en los racimos provenientes
de palmas con los primeros síntomas. No obstante, en algún periodo
previo a la aparición de los síntomas, el porcentaje de frutos
partenocárpicos en palmas sanas fue similar (e incluso menor) al de
palmas que se enfermaron posteriormente. Dado que el porcentaje de
frutos fértiles se define en un periodo cercano a la polinización, se
concluyó que efectivamente algún evento (posiblemente un estrés) ocurría
en un periodo anterior a la aparición de los síntomas, pero que
posiblemente las palmas más expuestas a ser afectadas por este estrés
eran aquellas que de alguna manera tenían una mayor presión por madurar
una mayor carga de racimos bien conformados. Los datos de crecimiento
vegetativo anteriores a la aparición de los síntomas de amarillamiento y
pudrición, también indicaron que en algún momento previo a la reducción
en crecimiento (estrés asociado a la aparición posterior de síntomas),
también había ocurrido un periodo de rápido crecimiento vegetativo, que
posiblemente hacía a la planta más susceptible a la situación de estrés.
La reducción en el peso promedio del racimo ocurre tanto por una
caída en el peso promedio de los frutos individuales, como por una
reducción en el número de frutos fértiles (aumento en el porcentaje de
frutos partenocárpicos y vanos).
La reducción en el peso de los frutos individuales se debe
posiblemente a eventos que ocurrieron durante los primeros dos meses
después de la antesis, tiempo durante el cual el fruto alcanza
aproximadamente 80% de su peso final (Corley 1977), lo cual indica que
la incapacidad de la planta de "llenar" los frutos es una causa
importante de la reducción en el peso promedio del racimo en las palmas
afectadas.
Los eventos que se han descrito hasta aquí son anteriores o bien
ocurren poco después de la aparición de los primeros síntomas del
trastorno, y es claro que posteriormente, y según la gravedad de los
síntomas (hojas perdidas por la planta), ocurre una reducción muy
significativa en la producción de las plantas afectadas, que puede
extenderse por dos años o más después de la aparición de los síntomas.
Estudio 3
La distribución de frecuencias de raíces finas en las palmas enfermas
tiende a desplazarse hacia valores bajos de densidad radical (menores a
0.75 g/l). Durante el primer muestreo de las palmas sanas, se presentó
un pico principal en 1.5 g/l y otro menor en 3g/l, los cuales
representan aproximadamente 70% de las muestras
(Fig. 6). En palmas
enfermas, los datos cercanos a 1.5 g/l representan únicamente 33% de las
muestras, y otro pico (24% de las muestras) corresponde a aquellas
palmas con valores de raíces finas entre 0.25 y 0.5 g/l (Fig. 6). El
aumento en el peso de las raíces gruesas puede considerarse normal según
el crecimiento de las plantas.
Tanto las palmas que se enfermaron, como las que se mantuvieron
sanas, presentaron una reducción en la cantidad de raíces finas durante
el segundo muestreo realizado seis meses después
(Fig. 7), lo cual
indicaba que aún las palmas que se mantenían sanas estaban en una fase
de susceptibilidad hacia la enfermedad, la cual eventualmente se
generalizó en toda el área. La reducción en la cantidad de raíces se
puede asociar en parte a las condiciones de saturación de humedad del
suelo después de varios meses de lluvias.
Sin embargo, en el primer muestreo, sólo 36% de las plantas sanas
(que posteriormente se enfermarían), tenían densidades radicales por
encima de 1 g/l. En las palmas que se mantuvieron sanas hasta el segundo
muestreo, este porcentaje fue de 82%. Esto indica posiblemente, que la
reducción en la densidad radical precede a los síntomas de la
enfermedad.
Durante ambos muestreos se encontraron diferencias estadísticas en el
contenido de raíces finas entre el grupo de palmas sanas y enfermas
(Cuadro 2). Algunas inconsistencias aparentes en los datos pueden
originarse del hecho de no poder separar en este estudio palmas que se
enfermaron en diferentes momentos entre las fechas de muestreo, y los
diferentes grados de severidad de los síntomas.
|
Cuadro 2. Concentración promedio de raíces (g/l)
de palmas sanas, enfermas y recuperadas de PC en dos fechas de
muestreo. Palmas sembradas en 1998 |
| |
Raíces finas |
Raíces gruesas |
| Junio 2001 |
Diciembre 2001 |
Junio 2001 |
Diciembre 2001 |
| Sanas en ambas fechas |
1.53 |
0.53 |
0.21 |
1.11 |
| Enfermas en fecha 2 |
0.78** |
0.38** |
0.15 |
0.58* |
| Enfermas desde fecha 1 |
1.08* |
0.25 |
0.46 |
0.53* |
| Recuperadas en fecha 2 |
2.08 |
0.26 |
0.19 |
0.34** |
|
Comparaciones estadísticas contra el grupo de
palmas sanas dentro de la misma columna (Prueba de t) |
Estudio 4
Un total de 18 palmas (70%) de las 25 originalmente sanas, mostraron
síntomas. El aumento en incidencia del problema a partir de abril del
2002 (inicio de las lluvias) estuvo acompañada de una disminución previa
en la cantidad y peso de raíces tanto finas como gruesas. Esta reducción
ocurrió durante los meses más secos del año, y es en parte una
consecuencia de la falta de humedad en las capas superficiales del
suelo. Luego de que se presentaron los primeros casos del trastorno en
el área, se observó un incremento en la cantidad de raíces finas en las
palmas que se mantuvieron sanas, lo cual estuvo asociado con la entrada
de las lluvias. Sin embargo, la magnitud de la respuesta ante el
establecimiento de las lluvias fue menor o no ocurrió del todo en las
palmas con síntomas.
Antes de la aparición de los síntomas, la cantidad de raíces gruesas
y finas disminuyó en más de 50% en la mayoría (94%) de las palmas que se
enfermaron (Cuadro 3). Esta reducción en la densidad radical fue
evidente entre dos y cinco meses previo a la manifestación de los
síntomas de secamientos y amarillamientos en las hojas más jóvenes.
|
Cuadro 3. Porcentaje de las plantas que
presentaron síntomas de PC (18 de 25 originalmente sanas) en
donde la cantidad de raíces finas disminuyó, aumentó, o se
mantuvo aproximadamente igual, antes y después de la aparición
de síntomas iniciales |
| |
Raíces finas |
Raíces gruesas |
| Disminuyó |
Similar |
Aumentó |
Disminuyó |
Similar |
Aumentó |
| Antes de los síntomas |
94% |
6% |
- |
89% |
11% |
- |
| Después de los síntomas |
39% |
17% |
44% |
44% |
12% |
44% |
El comportamiento de la dinámica radical no siguió un patrón definido
en todas las plantas en el periodo posterior a la aparición de los
síntomas: en aproximadamente un mismo porcentaje (39-40%), la densidad
de raíces finas aumentó o disminuyó, y en 17% de las plantas no fue
evidente un cambio. En estas últimas plantas se presentaron densidades
radicales muy bajas, menores a 0.5 g/l. Estas diferencias están sin duda
ligadas a la severidad de los síntomas y a la habilidad de palmas
individuales de iniciar en forma temprana o tardía el periodo de
recuperación de los síntomas.
Otras dos variables del crecimiento que fueron afectadas antes de la
aparición de los síntomas típicos de la PC fueron el valor del PxS y la
longitud del raquis. En 66% de las plantas que se enfermaron, la tasa de
crecimiento del PxS se detuvo, o disminuyó antes de la aparición de los
síntomas. La tasa de incremento en el valor del PxS se mantuvo en
aumento en 85% de las palmas que no habían mostrado síntomas en la fecha
en cuestión.
La longitud del raquis disminuyó o se mantuvo estable en 88 % de las
palmas que posteriormente presentaron síntomas. En las palmas sanas, el
aumento paulatino de esta variable se mantuvo en 86% de los casos. En
general, en estas últimas palmas, el valor del PxS cambió de 2 a 2.8 cm²,
y el del largo del raquis de 2 a 3 m durante el periodo de estudio.
En las palmas que presentaron síntomas, la disminución en los valores
del PxS y del largo del raquis se observó entre 2 y 3 meses antes de la
aparición de los síntomas del trastorno, lo cual implica que realmente
ocurrió en una fecha más anterior, considerando el tiempo requerido por
estas hojas para alcanzar la posición uno en la filotaxia. La tasa de
emisión foliar de estas palmas (por debajo de dos hojas por mes) fue muy
baja para su edad.
La severidad de los síntomas parece estar estrechamente asociada a la
magnitud del estrés que causa la reducción en la cantidad de raíces, y
las tasas de crecimiento de la longitud y la sección transversal del
raquis. Las palmas que desarrollaron síntomas leves (poco amarillamiento
y secamiento de foliolos) presentaron tasas de reducción menores de
estas variables (Cuadro 4). En estas palmas, luego de presentarse los
síntomas, se observó un aumento en la cantidad de raíces en 50 % de los
casos, e incluso una tendencia hacia un aumento en las tasas de
crecimiento del raquis y PxS.
En el caso de los síntomas severos (secamiento de más de un tercio de
las hojas afectadas y amarillamiento generalizado de foliolos), se
presentó, además de la disminución previa en la cantidad de raíces, una
reducción más marcada en las tasas de crecimiento de las variables
aéreas (Cuadro 4). En 66% de las palmas que presentaron síntomas
severos, se observó posteriormente una reducción en el contenido de
raíces, del largo del raquis y del PxS.
|
Cuadro 4. Tasas de cambio semanal de la
sección transversal del pecíolo, longitud de raquis (hoja uno) y
de la tasa de emisión foliar en palmas sanas y enfermas según la
severidad del ataque de flecha seca y la rapidez de la
recuperación. Palmas de ocho meses en el campo |
| Estado |
Severidad |
Recuperación |
Tasa de cambio PxS
(cm²/semana) |
Tasa de cambio RLG
(cm/semana) |
LFR
(hoja/mes) |
| Sanas |
|
|
0.012 ± 0.07 |
0.86 ± 1.3 |
1.54 ± 0.09 |
| Enfermas |
baja |
alta |
-0.030 ± 0.04 |
-3.8 ± 2.4* |
1.47 ± 0.05 |
| baja |
lenta |
-0.040 ± 0.07 |
-1.18 ± 5.5 |
1.39 ± 0.10* |
| alta |
lenta |
-0.142 ± 0.09 |
-1.63 ± 8.5 |
1.45 ± 0.07 |
|
* Denota diferencias estadísticas al
0.05 según prueba de t vs las palmas sanas
** Las plantas enfermas se separaron en tres
categorías según la severidad de los síntomas y la facilidad con
que se recuperaron del problema
PxS = Area transversal del pecíolo; LRG =
longitud del raquis |
La presencia de amarillamientos severos se asoció con la reducción
del sistema radical, pero la muerte de hojas (foliolos secos) se observó
en 78% de las palmas, hasta que el contenido de raíces finas fue
inferior a 0.5 g/l, lo que en la mayoría de los casos representó la
pérdida de más del 50 % del sistema radical fino de la palma
originalmente sana. El comportamiento de estas variables en tres palmas
individuales se ilustra en la
Fig. 8.
La aparición de los síntomas de PC también se asoció con un
incremento en el contenido de azúcares solubles en las hojas jóvenes, un
fenómeno que ya había sido observado en otros estudios (Chinchilla y
Durán 1999 ). La gradiente en la hoja se mantuvo similar en palmas sanas
y enfermas (Fig. 9). E
l
contenido de azúcares solubles en las raíces y
bulbo fue similar en ambas categorías de palmas.
Conclusiones
La aparición de los síntomas de la PC parece estar precedida por una
serie de eventos (de relativa corta duración) que denotan la presencia
de uno o más factores de estrés que afectan el crecimiento vegetativo de
las plantas y su habilidad de formar los frutos en desarrollo. Estos
eventos de estrés ocurren varios meses antes de la aparición de lo que
se consideran ser los primeros síntomas del problema (amarillamiento de
algunos foliolos de las hojas más jóvenes y secamiento o pudrición en
algunas zonas de las hojas flecha). El efecto negativo de esta situación
de estrés podría ser más negativo en aquellas palmas que estaban
creciendo más vigorosamente y/o tenían una mayor carga de racimos.
Un grupo de alteraciones en el tiempo (algunas en secuencia y otras
posiblemente simultáneas) del crecimiento y producción observadas en
palmas que presentaron los síntomas de PC fueron: aborto de
inflorescencias, reducción en el porcentaje de frutos normales
(fértiles), disminución en el valor de la sección transversal del
pecíolo y del largo del raquis, reducción en la cantidad de raíces
(principalmente el sistema absorbente), aparición de síntomas de
amarillamiento (foliolos basales de hojas jóvenes), pudriciones y/o
secamientos en las flechas, y pérdida de peso de los frutos, asociada
con una reducción en el porcentaje de aceite en el racimo y reducción en
el número de racimos.
La severidad y tipo de síntomas de la PC (amarillamiento y
secamientos) y el potencial de recuperación estuvo asociada a la
magnitud de la pérdida del sistema radical.
El aumento en la concentración de azúcares solubles en las hojas de
las palmas con síntomas iniciales de PC, puede indicar un bloqueo en el
floema, que impide la llegada de carbohidratos hasta los órganos en
crecimiento (cogollo, inflorescencias y raíces), lo cual puede
desencadenar los síntomas del trastorno y favorece el ataque de
patógenos oportunistas. La severidad de los síntomas y la velocidad de
recuperación de los mismos, puede depender de la magnitud del bloqueo en
el transporte de fotosintatos y de la habilidad de la planta de
restablecer su flujo normal.
Si las alteraciones anotadas realmente indican la presencia de una
situación de estrés que podría llevar a la aparición de los síntomas de
la PC, sería teóricamente posible identificar en el campo a grupos de
palmas en esta condición de predisposición. Las mediciones sistemáticas
de valor PxS y del largo de la hoja serían particularmente útiles para
interpretar cualquier patrón que se esté alejando del crecimiento
esperado según la edad de las palmas. Una vez cuantificada la situación
potencialmente problemática, el paso siguiente sería la identificación
del o los factores de estrés asociados (aeración del suelo, nutrición
etc.) para corregirlos y evitar de esta forma un efecto negativo sobre
la producción, o aún peor, la aparición y desarrollo de un problema como
las pudriciones de cogollo.
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