Resumen
La enfermedad del anillo rojo, causada por el nematodo Bursaphelenchus (Rhadinaphelenchus)
cocophilus y transmitida por el picudo americano de las palmas,
Rhynchophorus palmarum, ha sido considerada la enfermedad más importante
del cocotero y la palma aceitera en América tropical, y todavía hoy es
común en algunas plantaciones. El progreso de los síntomas puede ser muy
rápido (forma aguda), y la palma afectada puede morir en unos pocos
meses después que aparecen los primeros síntomas (amarillamiento
progresivo y secamiento de las hojas empezando por las más viejas). En
el otro extremo de un continuo de síntomas, las hojas más jóvenes
emergen cortas y con varios tipos de malformaciones, pero las plantas
pueden no morir en varios años (forma crónica).
La incidencia de la enfermedad puede ser mantenida a un bajo nivel, si
se sigue una estrategia de manejo integrado, la cual incluye la
eliminación temprana de las fuentes de inóculo (palmas enfermas), la
destrucción de los sitios de reproducción del vector y la reducción de
la población adulta.
Otras enfermedades también afectan la palma aceitera en América
tropical, pero normalmente son de menor impacto económico (aunque de
importancia primordial en algunas plantaciones particulares): las
manchas foliares por Pestalotiopsis spp., la marchitez sorpresiva
(Phytomonas sp.), la pudrición basal corchosa (Ustulina deusta), la
pudrición basal húmeda (posiblemente Erwinia sp.), y la pudrición alta
del tallo (posiblemente Phellinus sp.). La marchitez por Fusarium
oxysporum f. sp. elaeidis aparentemente llegó a América en semilla o
residuos orgánicos asociados a semillas de palma aceitera o leguminosas
traídos de áreas infectadas en Africa. Esta enfermedad parece sólo estar
presente en zonas localizadas en Brazil y Ecuador. Finalmente, el hongo
Ganoderma spp., que representa la mayor amenaza fitosantiaria en el sur
este asiático, normalmente se considera un patógeno de importancia
secundaria en América. No obstante, su importancia relativa podría
aumentar conforme se renueven plantaciones viejas infectadas.
Colletotrichum gloeosporioides (Glomerella sp.) es el único patógeno que
adquiere algún grado de importancia en algunos viveros; pero puede ser
controlado mediante una estrategia que combine el manejo del agua, la
fertilización, el espaciamiento entre plantas y el uso racional de
fungicidas.
Los síntomas de anillo clorótico (asociado a la presencia de un
potyvirus) han sido observados en viveros en Ecuador, Colombia y Perú.
La mayoría de las pudriciones y secamientos del cogollo y hojas jóvenes
en palma aceitera, no son normalmente enfermedades en el sentido usual
del término. Este tipo de trastornos del crecimiento pueden ser mejor
entendidos, explicados y manejados si los consideramos como tipos
particulares de un deterioro progresivo (decline) de una población de
plantas. Esta visión del problema ha logrado avances significativos en
la recuperación de muchos miles de hectáreas afectadas, particularmente
por formas más benignas de pudriciones del cogollo. Los aspectos más
relevantes han sido el mejoramiento de las prácticas agronómicas, en
particular la nutrición y la aeración del suelo.
Este trabajo ofrece información general sobre las causas de cada
enfermedad, su epidemiología, y los métodos de manejo conocidos, así
como una evaluación del potencial que cada una tiene de convertirse en
una amenaza en el futuro, particularmente en lo que refiere a aspectos
cuarentenarios.
Introducción
Las pudriciones y secamientos en la región del cogollo, generalmente
acompañados de amarillamientos de las hojas más jóvenes, constituyen el
problema fitosanitario de mayor importancia en muchas plantaciones de
palma aceitera en América tropical. Dado que no se conoce ningún
patógeno primario como la causa única de estos problemas, se ha generado
mucha confusión en la literatura, cuando se dan nombres locales en
diferentes regiones y países, a lo que simplemente podrían ser
variaciones del mismo problema.
Si bien es cierto, la verdadera etiología de estos problemas no ha sido
aclarada más allá de cualquier duda, existe mucha evidencia acumulada
que indica que tienen mucha similitud a lo que se conoce en patología
forestal, como un 'decline' o deterioro progresivo de una población de
plantas. Tal deterioro en la salud de la población se asocia a la
incapacidad de la comunidad de mantener una alta productividad de
biomasa en condiciones ambientales marginales y cambiantes (Manion y
Lachance 1992; Chinchilla y Durán 1998, 1999; de Franqueville 2001). En
un agroecosistema, el manejo de estos problemas implica un mejoramiento
en las prácticas agronómicas.
La enfermedad del anillo rojo, tradicionalmente había sido la enfermedad
de etiología conocida, más importante en muchas plantaciones en Centro y
Suramérica. En Costa Rica, alcanzó una alta incidencia, hasta que se
desarrolló y se puso en marcha durante la primera parte de la década de
los noventa, un sistema integrado de manejo. A partir de allí, esta
enfermedad ha sido reducida a una importancia secundaria (Oehlschlager
et al. 1993, 2002; Chinchilla et al. 1995; Chinchilla 2003).
Otras enfermedades causan problemas particulares en algunas regiones o
plantaciones específicas, tales como la 'marchitez sorpresiva', la
pudrición basal por Ustulina sp., las manchas foliares por
Pestalotiopsis spp., y la marchitez por Fusarium oxysporum f. sp.
elaeidis. Este trabajo incluye información sobre los agentes causales y
las posibilidades de manejo para cada uno de estos problemas, así como
de sus implicaciones cuarentenarias.
El síndrome del anillo rojo/hoja pequeña
Introducción
El anillo rojo ha sido históricamente la enfermedad más importante de la
palma aceitera en América Central y algunos países de Suramérica
(Malaguti 1953; Schuiling y Dinther 1981; Chinchilla y Richardson 1988;
Chinchilla 1991). El nematodo Bursaphelenchus cocophilus
(Radinaphelenchus cocophilus) (Cobb) Baujard, (Nematoda, Aphelenchoidea)
es el agente causal
(Fig. 1),
y es transmitido por el picudo americano
de las palmas, Rhynchophorus palmarum L. (Curculionidae)
(Fig. 2). La
importancia de otros posibles vectores no está clara, tal como es el
caso de Metamasius hemipterus (Curculionidae), cuyo rol como vector no
ha podido ser demostrado en Costa Rica (Perez et al. 1997, Bulgarelli et
al. 1998).
El vector
Los adultos de R. palmarum presentan una gran variación en tamaño, desde
20 a 41 mm, excluyendo el rostrum. El largo promedio en los machos es
mayor que en las hembras. Los sexos pueden ser normalmente
diferenciados, considerando que el macho tiene un penacho de setas sobre
el rostrum. Sin embargo, esta característica puede estar ausente en los
individuos de menor tamaño. El rostrum de la hembra es más largo,
delgado y curvado que el del macho (Mexzón y Chinchilla 1994).
El ciclo de vida de huevo a adulto, ocurre en 80-160 días, y el adulto
puede vivir por tres meses o más. Las hembras ponen entre 10 y 48 huevos
cada día durante un periodo de 8-11 días, y algunas hembras pueden poner
hasta 60 huevos durante los primeros tres días. El apareamiento y la
puesta de huevos ocurren dentro de las dos primeras semanas, pero la
copulación puede ocurrir aún entre individuos recién emergidos, y toma
unos tres minutos. La emergencia de los huevos ocurre en unos tres días,
y le siguen nueve estadios larvales (60 días), un estado de pre-pupa, y
finalmente la pupa. Los adultos son más activos temprano en la mañana y
en las tardes (Griffith 1968, Mexzón et al. 1994).
Sintomatología
La presencia de B. cocophilus en los tejidos de las plantas ha sido
asociada a un complejo de síntomas en palma aceitera. Una de las
manifestaciones es conocida como la forma aguda o clásica de la
enfermedad, cuyo síntoma más evidente es el amarillamiento y muerte
progresiva de las hojas empezando por las más viejas. Las hojas más
jóvenes pueden aparecer de menor longitud
(Fig. 3), y la planta puede
morir en pocos meses.
En otras circunstancias, la planta puede aparentemente evitar la
reproducción masiva del nematodo y restringir las poblaciones a ciertos
tejidos en la región del cogollo, particularmente las hojas en la fase
de rápida elongación. Las actividades de los nematodos en estos tejidos
ocasionan que las hojas al emerger aparezcan deformes y muy cortas, por
lo cual el síntoma se ha denominado 'hoja pequeña'. Las plantas así
afectadas toman una apariencia arrepollada de estas hojas más jóvenes,
pero no mueren, y pueden mostrar síntomas por varios años, con lo cual
la tasa de crecimiento del tronco se reduce (forma crónica de la
enfermedad), y la planta toma la apariencia de un plumero gigantesco
(Fig. 4).
Internamente, el tallo puede mostrar en sección transversal, una serie
de manchas necróticas, que pueden tomar la apariencia de un anillo
alrededor de la porción central del tallo
(Fig. 5). El color del tejido
afectado puede tener diferentes tonos, desde el café muy oscuro a casi
negro, hasta rosado. La presencia de un anillo discreto es normalmente
más frecuente en palmas que muestran el síntoma clásico de la
enfermedad. No obstante, el tejido descolorido, puede no formar un
anillo del todo, sino que las lesiones aparecen más o menos dispersas, o
formar uno o varios anillos discontinuos que pueden disponerse en forma
concéntrica. Ocasionalmente, aparece una zona central necrótica en el
tallo, que puede incluso desintegrarse dejando hueco el tronco, lo cual
a veces ocurre en palmas que han mostrado los síntomas crónicos por
varios años.
Los síntomas llamados clásicos y crónicos son realmente los extremos de
un continuo, en donde cualquier combinación intermedia es posible
(Chinchilla y Richardson, 1987; Chinchilla 1991).
Epidemiología
La incidencia del anillo rojo ha decrecido significativamente en todas
las plantaciones en donde se ha puesto en marcha un sistema integrado de
manejo. No obstante, dejada sin control, la incidencia puede alcanzar
niveles muy altos. En palmas jóvenes (menores de seis años), la
incidencia es normalmente baja, pero 20% o más de las plantas en una
plantación comercial adulta (12-15 años) pueden ser afectadas. La
incidencia acumulada de 50 % o más se ha alcanzado en plantaciones
particulares en Honduras.
La incidencia puede variar grandemente aún dentro de una plantación
particular, lo cual depende en parte de la edad de las plantas, la
cercanía a fuentes de inóculo (palmas infectadas), y la población
infectada del vector (Chinchilla, 2003). No existe, sin embargo,
evidencia alguna de que el nematodo pueda ser transmitido en la semilla.
Los adultos de R. palmarum son atraídos por compuestos volátiles
emanados de palmas dañadas físicamente o por pudriciones,
particularmente en el cogollo. La oviposición puede ocurrir en estos
sitios, y se puede generar una alta población de larvas que pueden
incluso matar a las palmas, aunque esto no es común en palma aceitera,
aunque si en cocotero. Si la palma atacada tiene el nematodo del anillo
rojo, una proporción de las larvas lo pueden tomar, y retenerlo a través
de las mudas hasta que alcanzan el estado adulto (Hagley 1965; Griffith
1987).
En plantaciones adultas, una palma infectada por la enfermedad puede
actuar como inóculo para 3-5 palmas vecinas, las cuales no
necesariamente son continuas, sino estar dentro de un radio de
aproximadamente 30 metros (Chinchilla 1991; Oehlschlager et al. 2002).
La población adulta de R. palmarum tiende a ser agregada (Oehlschlager
et al. 1995), lo cual es un factor que contribuye al comportamiento
epidemiológico de la enfermedad ((Barboza y Chinchilla 2003). La
población también fluctúa a través del año. Las máximas capturas en
trampas se obtienen durante la estación seca, pero el porcentaje de
insectos que lleva el nematodo (vectores potenciales), es mayor durante
la última parte de la estación de lluvias (Chinchilla et al. 1990;
Morales y Chinchilla 1991). Mexzón et al. (1994) ofrecen detalles sobre
el ciclo de vida del insecto en Costa Rica.
El estudio de las curvas de incremento de la enfermedad en el tiempo
ayudan a entender su comportamiento epidemiológico, puesto que tales
curvas combinan los efectos del patógeno, el huésped y el ambiente.
Existen dos curvas básicas teóricas: aquellas que siguen los llamados
patógenos policíclicos, y por otro lado están los monocíclicos. Las
ecuaciones monomoleculares y de Gompertz se usan normalmente para
describir esos comportamientos epidemiológicos. Sorprendentemente, el
comportamiento epidemiológico de la enfermedad del anillo rojo fue
diferente según el tipo prevalente de síntomas presente (agudo vs.
crónico).
En la costa Atlántica de Honduras, en donde la condición de la hoja
pequeña (HP) era prevalente (síntoma crónico), los datos de incidencia
en el tiempo, fueron mejor ajustados con la ecuación monomolecular
(crecimiento de interés simple), mientras que en otros sitios, en donde
prevalecía el síntoma agudo, la ecuación que mejor se ajustó fue la de
Gompertz, con un crecimiento análogo al del interés compuesto (Barboza y
Chinchilla 2003).
Las interacciones específicas (genotipo/patógeno/ambiente) que podrían
explicar las diferencias en síntomas (crónico vs. agudo) no son claras.
Salazar y Chinchilla 1989 no pudieron asociar tales síntomas a razas
morfológicas reconocibles del nematodo, y existe la posibilidad de que
sean diferencias ambientales las que las causen. Las diferencias en el
comportamiento epidemiológico, podrían ser explicadas, al menos
parcialmente, considerando el comportamiento del vector, y la habilidad
de la planta afectada, para de alguna manera, regular o restringir la
multiplicación y movimiento del nematodo dentro de los diferentes
tejidos de la palma.
Cuando una planta muestra el síntoma de HP (forma crónica), el
movimiento sistémico del nematodo parece haber sido detenido, de manera
que la multiplicación del patógeno parece estar restringida a únicamente
a la región del cogollo de la planta en donde las hojas están en la fase
de rápida elongación. Estas plantas así afectadas, comúnmente no
presentan señales de actividad del nematodo en el tallo (no aparece el
anillo y a veces solo una pocas manchas necróticas), y los nematodos, si
están presentes, no parecen muy activos.
El síntoma de la HP era el más común en la costa Atlántica norte de
Honduras, pero era menos frecuente en la costa Pacífica sur y central de
Costa Rica, en donde predominaban los síntomas clásicos de la
enfermedad. La pudrición de tejidos en el cogollo es poco frecuente
cuando se presentan los síntomas de la HP, lo cual hace a estas plantas
poco atractivas a la llegada de más adultos del vector, los cuales
responden a volátiles que emanan las heridas frescas o pudriciones. De
esta manera, la presencia de adultos y larvas en plantas afectadas por
la HP es poco frecuente, y esta es una de las razones por las cuales
estas plantas pueden vivir por varios años. El resultado final es un
incremento relativamente lento de la incidencia, ya que ésta depende
principalmente de la población del vector inicialmente infectada por el
nematodo. La proporción de adultos de R. palmarum que acarreaban el
nematodo era relativamente alto en Honduras (Chinchilla et al. 1991),
pero aún así, el comportamiento epidemiológico de la enfermedad se pudo
ajustar mejor a la ecuación monomolecular.
Una situación diferente fue encontrada en una población de plantas
afectada por la forma aguda de la enfermedad en Costa Rica, en donde era
común encontrar larvas y adultos en las palmas enfermas asociadas a
pudriciones en la región del cogollo. En muchos casos, las actividades
de gran número de larvas contribuía claramente a la muerte de las
plantas. En estas condiciones, muchos de los insectos que se
desarrollaban en las palmas enfermas podían adquirir el nematodo y
convertirse a su vez en vectores potenciales, lo cual causó un
incremento de la enfermedad del tipo de interés compuesto.
Manejo de la enfermedad
El manejo de la enfermedad debe ser integrado, y considerar la
plantación afectada, así como las áreas vecinas, desde donde podrían
estar llegando vectores infectados. A través de la investigación y la
experiencia, se considera que se deben respetar los siguientes
principios para reducir y mantener la incidencia de la enfermedad en un
nivel económicamente aceptable:
Organización, entrenamiento del personal de campo y monitoreo de la
enfermedad. Todos los lotes de la plantación en edad de susceptibilidad
deben ser visitados regularmente, al menos en forma mensual, para
detectar y tomar acción sobre cualquier problema fitosanitario presente.
La posición de cada planta con problemas debe ser anotado, de manera que
se identifique su problema y la acción específica que debe seguir
(erradicación, o cualquier otro tratamiento particular). El trabajo de
vigilancia debe ser hecho por personal entrenado en el reconocimiento de
cada síntoma en sus fases iniciales, pero de igual manera se considera
que debe promocionarse una cultura de responsabilidad en todos los
trabajadores (fuera del círculo de fitosanidad), para que estén atentos
e informen a los encargados de cualquier situación anómala que observen.
Erradicación temprana de palmas con síntomas. Los intentos de
recuperación de palmas enfermas mediante tratamientos con nematicidas
(al cogollo, al tronco o al suelo) no han sido efectivos. En el caso de
los síntomas clásicos la recuperación fue nula, y en el caso de la HP,
la respuesta fue errática. Los tratamientos preventivos con nematicidas
no son efectivos e inaceptables desde el punto de vista ambiental.
B. cocophilus es un patógeno obligado, que no sobrevive más allá de unas
pocas semanas en tejido en descomposición, y muere en pocos días en el
suelo. La erradicación de las plantas enfermas dentro de la plantación
es entonces un aspecto esencial en el manejo de la enfermedad. No
obstante, deben también eliminarse palmas de otras especies, incluyendo
cocoteros infectados en áreas vecinas a la plantación.
La eliminación de las plantas se hace mediante inyección al tronco de un
herbicida, el cual no solo debe matar rápidamente a la planta, sino que
debe también prevenir la llegada de los insectos vectores, y evitar que
cualquier insecto ya presente en la planta complete su ciclo de vida. El
herbicida MSMA cumple buena parte de estos requisitos.
Reducción de los sitios de cría de R. palmarum. Los adultos del vector
son atraídos y se reproducen en palmas que han sido dañadas físicamente
o bien que presentan pudriciones causadas por diversos patógenos. En
palmas muy jóvenes pueden establecerse larvas a partir de insectos que
llegan atraídos por las heridas causadas por ratas y el insecto
Strategus aloeus. En palmas adultas es común la llegada de adultos a las
pudriciones en la región del cogollo. Por otro lado, una poda de hojas
descuidada y prácticas de cosecha inadecuadas pueden también atraer el
vector, así como el daño físico causado por fuertes vientos y rayos.
Todas las plantas así afectas deben tratarse oportunamente para evitar
que se conviertan en sitios de reproducción del vector.
La forma en que se elimina una planta infectada por el nematodo puede
tener un gran impacto sobre la incidencia futura de la enfermedad.
Cuando se cortan las palmas con una motosierra o hacha, los tejidos
expuestos pueden atraer a los vectores, los cuales se multiplicarían en
un tejido que contiene el nematodo, lo cual aumentaría la población del
vector infectada. Una o más generaciones del vector pueden originarse de
una planta que simplemente se corta y se deja podrir en el sitio. El
tratamiento de los cortes con un insecticida ayuda, pero se debe
supervisar muy bien la calidad de la aplicación, y aún así, la lluvia
puede lavar el producto. La residualidad del producto es un factor que
se debe considerar. Para reducir estos problemas, es preferible no
cortar las plantas, sino envenenarlas con un herbicida, según las
consideraciones del punto anterior.
Reducción de la población adulta del vector. La atracción de los
insectos vectores adultos hacia los volátiles emanados de heridas en
tejidos de palmáceas, ciertas frutas maduras y la caña de azúcar ha sido
usada para capturarlos en diferentes tipos de trampas. No obstante,
cuando la incidencia de la enfermedad y la población infectada del
vector son altas, estas trampas no son suficientes para reducir en forma
significativa la incidencia de la enfermedad.
El uso de la feromona de agregación producida por el macho de la especie
(rhynchophorol: (6-methyl-2-hept-2-en-4-ol) en trampas cebadas con caña
de azúcar, permite incrementar significativamente las capturas, lo cual
combinado con las demás prácticas de manejo, permite controlar
efectivamente la enfermedad (Chinchilla y Oehlschlager 1992; Chinchilla
et al. 1993; Oehlschlager et al. 1993 a,b; Giblin-Davis et al. 1996;
Oehlschlager et al. 2002).
Cumplimiento de las leyes fitosanitarias. Un elemento importante en el
éxito obtenido en Costa Rica para controlar la enfermedad del anillo
rojo fue el hacer cumplir una normativa que hacía obligatorio su manejo,
lo cual permitió extender a grandes áreas las prácticas anotadas
anteriormente.
El uso integrado de los principios señalados anteriormente permite bajar
significativamente la incidencia de la enfermedad, independientemente
del nivel inicial de inóculo, pero se requiere de un periodo de
aproximadamente nueve meses para observar un cambio significativo en
incidencia, dado que se debe considerar el periodo de incubación de la
enfermedad, y la necesidad de afectar en forma crítica la población del
vector.
Marchitez sorpresiva (sudden wither)
Introducción. Esta enfermedad también es conocida con los nombres de
'cedros wilt' y 'hart rot', y está asociada a la presencia en el floema
de flagelados del género Phytomonas sp. (Dollet 1984). En América
Central, se ha encontrado afectando la palma aceitera en la costa norte
caribeña de Honduras, pero la incidencia ha sido baja.
Síntomas y epidemiología. Los síntomas de la enfermedad han sido
ampliamente descritos en la literatura (Turner 1981; Chinchilla y
Richardson 1988), pero poco se conoce sobre su epidemiología. El
probable agente causal parece ser transmitido por insectos de la familia
Pentatomidae (Lincus sp.) y posiblemente otros insectos que normalmente
se alojan en las axilas de las hojas.
La transmisión vía semilla de este tipo de patógenos sería un evento
realmente difícil de ocurrir, ya que uno de los primeros síntomas de la
enfermedad es la pudrición de los frutos, tanto en desarrollo como los
maduros.
Manejo. Cuando la enfermedad apareció por primera vez en Suramérica en
los años sesenta, se asoció a pérdidas importantes, lo cual pudo ser un
efecto combinado del desconocimiento sobre el origen del problema, así
como de un manejo agronómico ineficiente de esas plantaciones en ese
entonces. Aún hoy día, la enfermedad se convierte en un problema
importante cuando el manejo agronómico no es el mejor, en particular en
sitios con problemas de drenaje, y mal control de malezas. Cuando se
realizan algunas medidas elementales de manejo, tales como la
erradicación temprana de las plantas afectadas, y se mejora la agronomía
del cultivo (drenaje, manejo de malas hierbas y nutrición en
particular), la marchitez sorpresiva, normalmente se mantiene bajo
control, sin causar problemas económicos importantes
(Fig. 6).
Marchitez por Fusarium (Vascular Wilt)
Introducción. La enfermedad es causada por un patógeno vascular,
Fusarium oxysporum f. sp. elaeidis. En América tropical, la enfermedad
solo ha sido encontrada en algunas plantaciones particulares en Pará,
Brazil y Quinindé, Ecuador (van de Lande 1985; Renard y Franqueville
1989b; Corley y Tinker 2003), y es posible que también exista en
Colombia, pero esto no ha sido confirmado. En 1989, la existencia de la
enfermedad había sido documentada en Costa de Marfil, Benin, Nigeria,
Camerún, Zaire, Ghana y Congo, además de los sitios anotados en
Suramérica (Renard y de Franqueville 1989b; Corley y Tinker 2003).
Síntomas y epidemiología. Los síntomas de la enfermedad han sido
extensivamente descritos en la literatura (Turner 1981; van de Lande
1985; Renard y de Franqueville 1989b), y no difieren mucho entre lo que
se manifiesta en África y América
(Fig. 7).
F. oxysporum f.sp. elaeidis puede persistir en el suelo, aún sin la
presencia de variedades de palma aceitera susceptibles. El patógeno
llega hasta la planta a través de las raíces, de manera que cuando
existe daño al sistema radical superficial debido a una sequía, se
favorece el ataque, y se pueden formar los focos iniciales de la
enfermedad.
Manejo. F. oxysporum f. sp. elaeidis puede ser llevado en semilla sexual
y polen tomado de palmas infectadas (de Franqueville y Renard 1990;
Flood et al. 1990). Debido a la presencia extendida del patógeno en
África del oeste, y a lo restringido de su distribución en América del
sur, existe la creencia de que el patógeno llegó hasta América en
semilla sexual o polen contaminado traído desde algún país africano. La
hipótesis se fortalece debido a que existen similitudes genéticas
evidentes entre las razas encontradas en ambos continentes. El riesgo de
importar el patógeno desde áreas ya infectadas, debe entonces ser
considerado seriamente, de manera que se tomen las precauciones
necesarias para garantizar que la semilla esté libre del patógeno.
El sitio ocupado previamente por una planta enferma se convierte en la
fuente más importante de inóculo para una nueva plantación, ya que el
hongo puede sobrevivir en el suelo por largo tiempo. Sin embargo, la
erradicación temprana de las plantas enfermas es una práctica que puede
ayudar a reducir la incidencia en las futuras plantaciones.
Existen variedades tolerantes a la enfermedad que pueden ser plantadas
en áreas infectadas. Una característica de algunas de estas variedades
es que permiten una recuperación parcial o aparentemente total de los
síntomas. Además de esto, existe evidencia circunstancial que indica que
buenas prácticas agronómicas ayudan a reducir la tasa de incremento de
la enfermedad en el tiempo. En particular ayudan una nutrición
equilibrada (particularmente en lo referente al potasio), eliminar o
reducir el déficit hídrico, y aumentar el contenido de materia orgánica
del suelo.
Pudrición basal corchosa
Esta enfermedad es causada por un hongo cosmopolita, y su importancia es
secundaria en América tropical. El hongo Ustulina deusta (Sphaeriales,
Xylariaceae) es primariamente un saprófito descomponedor de madera, y
probablemente solamente ataca palmas que han sido previamente
estresadas, como es el caso de un terreno expuesto a inundaciones.
Los síntomas de la enfermedad en América difieren un poco de los
descritos en la literatura para el sureste asiático (Turner 1981).
Usualmente, las palmas infectadas no muestran síntomas externos visibles
en el follaje, hasta que se ha desarrollado un pudrición extensiva en la
base del trono, periodo cuando se forman los cuerpos fructíferos
externos del hongo, los cuales aparecen como una costra, primeramente
grisácea y luego negra
(Fig. 8).
La lesión interna en el tronco es de tono café claro, con muchas bandas
negras y angostas, que corresponden a pseudoesclerocios, que se pueden
asociar a un micelio blancuzco. El tejido toma una textura corchosa y es
extremadamente liviano, con la destrucción total de las fibras. El área
de avance es difusa, o bien, claramente limitada por una banda café
oscuro angosta del tejido aparentemente sano. A pesar de lo extensivo de
la lesión en la base de la palma, el avance es muy lento hacia arriba
del tronco. En algunos casos, y cuando los síntomas están muy avanzados,
algunas hojas de las más viejas pueden doblarse en la base (pecíolos) y
permanecen colgando aún verdes por algún tiempo.
La curva de progreso de la enfermedad es el tipo monocíclico, lo cual
indica una fuerte influencia de la cantidad inicial de inóculo en el
suelo, el cual probablemente proviene de una siembra anterior de palma
infectada, o bien de árboles de la selva original. En América Central,
normalmente se detecta un pico de incidencia en palmas en edades entre 9
y 11 años, cuando se encontró hasta 2.5 % de las palmas infectadas en
algunos lotes particulares de una plantación en la costa Atlántica de
Honduras. No se ha observado la enfermedad en palmas con menos de seis
años de edad (Umaña and Chinchilla, 1991; Barboza y Chinchilla, 2003).
Pudrición basal por Ganoderma
Existen al menos dos especies de Ganoderma spp. asociadas a pudriciones
en el tronco de palmas, y que causan la enfermedad más importante en el
sureste asiático. En América tropical, ésta enfermedad es de escasa
ocurrencia. Los síntomas descritos en ambos continentes son similares
(Fig. 9),
y no se han realizado estudios para tratar de entender las
causas que expliquen las diferencias tan grandes en incidencia entre el
sureste asiático y América. Es posible que parte de la respuesta se
encuentre en la existencia de suelos supresivos en América. No obstante,
la diferencia en incidencia de las pudriciones severas del cogollo entre
estos continentes, indican que pueden existir diferencias ambientales
importantes que favorecen o desfavorecen una condición en especial.
Durante la década del 80, existió cierta preocupación por un aparente
incremento de la incidencia de las pudriciones por Ganoderma sp. en
Honduras (Chinchilla y Richardson 1988). No obstante, luego de 15 años,
y muchos miles de hectáreas de palmas sembradas y renovadas en Centro
América, la incidencia de la enfermedad se mantiene muy baja
Enfermedades en el vivero
Antracnosis
Glomerella sp. (Colletotrichum gloeosporioides) es el hongo más
comúnmente asociado a la llamada antracnosis en América tropical, cuyos
síntomas han sido ampliamente descritos en la literatura (Turner, 1981).
La antracnosis puede ser manejada con éxito si se sigue una estrategia
integrada, que incluye una nutrición equilibrada (evitando excesos de
nitrógeno), el manejo del agua (evitando tanto excesos como déficit
hídrico), el manejo del espacio entre plantas, y el uso de una rotación
apropiada de fungicidas. No obstante, cuando el inóculo se incrementa en
un vivero particular, el manejo es difícil, y puede ser necesario rotar
los sitios en donde se establecen los viveros.
Anillo clorótico
Las enfermedades causadas por virus son de rara ocurrencia en la familia
de las palmas (Chase y Broschat 1993). En el año de 1995, en Ecuador, se
detectó una alta incidencia de síntomas virales en varios viveros en el
occidente del país (Chinchilla, 2001). Los síntomas se asociaban a la
presencia en el tejido de partículas virales (en forma de barras)
filamentosas y flexuosas, así como de inclusiones citoplasmáticas
('pinwheel'). El tipo de síntoma, la partícula viral, las inclusiones y
la identificación con sondas particulares, clasifica tentativamente a
estos virus dentro del grupo de los potyvirus, y coloca a los áfidos
como los posibles vectores. No existe evidencia de que este tipo de
virus pueda ser llevado en la semilla de la palma aceitera (Chinchilla,
2001; Genty, 1996).
La incidencia fue particularmente alta en algunos viveros en Ecuador
(25-80%), pero a partir de esta epifitia inicial, la enfermedad ha
decrecido en forma sostenida, lo cual se ha atribuido a una eliminación
temprana de las palmas afectadas, el manejo de la sombra, el control de
malezas, principalmente gramíneas en los alrededores de los viveros, y
al manejo de los posibles insectos vectores. No obstante, nunca se
pudieron aclarar las razones para la severidad del ataque durante 1995.
Los síntomas de la enfermedad
(Fig. 10)
incluyen una combinación de
mosaicos, rayados finos cloróticos y anillos (halos cloróticos de forma
irregular rodeando una porción de tejido que se mantiene verde). La
forma de los anillos varía de casi circular, a oval, pero los anillos
contiguos pueden coalescer y formar un patrón de anillos de forma
indefinida, o bien formar un patrón concéntrico. El halo o anillo tiene
una coloración blanca-pálida en las hojas más jóvenes, y conforme la
hoja madura pasa a verde y amarillo claro, y en hojas más viejas es
amarillo brillante a casi naranja. No se observan pudriciones o
secamientos, aún en hojas que han estado afectadas por muchos meses. Las
palmas muy afectadas en vivero muestran un poco de enanismo, pero esto
puede no ser evidente en otras.
Pudriciones del cogollo
Pudrición común de flecha/arqueo foliar (PCF/AF)
Esta condición ocurre en todas las regiones del mundo en donde se ha
sembrado palma aceitera (Duff 1963; Turner 1981; Corley y Tinker 2003).
Una secuencia común de los síntomas en palmas jóvenes es: pudrición
limitada en los foliolos de las flechas (hojas sin abrir), doblamiento
de los raquis, y finalmente, la formación de hojas más cortas durante la
fase de recuperación del problema.
La PCF/AF normalmente aparece en palmas de uno a tres años de edad
después del transplante al campo, pero ocasionalmente puede afectar
plantas de vivero, o bien palmas de hasta siete o más años en el campo.
Los síntomas pueden persistir por unas pocas semanas, meses o aún años,
pero normalmente la mayoría de las plantas afectadas se recuperan en
forma ‘espontánea’.
La susceptibilidad hacia estos desórdenes parece estar genéticamente
controlada (Blaak 1970), pero también existe una clara predisposición
debida a ciertos factores ambientales, que afectan en forma adversa la
fisiología de la planta. Los factores normalmente asociados a estos
desórdenes tienen que ver con impedimentos para el desarrollo saludable
de las raíces, tales como una aeración pobre del suelo (mal drenaje
superficial del terreno, deficiencia hídrica, compactación…) y
desequilibrios nutricionales, particularmente el exceso de nitrógeno
respecto al potasio (Turner 1981; Breure y Soebagjo 1991; Sterling y
Alvarado 1996; Alvarado et al. 1997; Chinchilla et al. 1997).
En plantaciones jóvenes, aparecen dos picos de incidencia; el primero
coincide con el establecimiento de la siguiente estación de lluvias
luego de la siembra del año anterior. Es claro que durante la estación
seca inmediatamente anterior, no se forman muchas nuevas raíces, y
muchas de las ya existentes (las más superficiales) pueden morir por
efecto de la sequía. Posteriormente, con el establecimiento de la
estación de lluvias, la práctica normal en muchos casos es fertilizar,
para lo cual se usan fórmulas altas en nitrógeno, el cual estimula un
crecimiento aéreo suculento que no guarda equilibrio con el escaso
desarrollo radical presente. El segundo pico de incidencia ocurre ese
mismo año (segundo en el campo), durante los meses más lluviosos, cuando
el suelo se satura de humedad, lo cual también causa problemas radicales
en suelos mal drenados.
Los síntomas de PCF/AF en América Central son idénticos a los descritos
en cualquier otro lugar (Turner 1981; Chinchilla y Durán 1998). Las
pudriciones en los tejidos jóvenes (región del cogollo) se asocian con
la presencia de varios patógenos secundarios de ocurrencia cosmopolita,
tales como Fusarium spp. y Erwinia sp. El arqueamiento de los raquis se
debe, al menos en parte, a una lignificación anormal, lo cual causa se
doblen por su peso conforme crecen (Monge et al. 1993, 1994).
El manejo del problema se obtiene mediante el uso de buenas prácticas
agronómicas, particularmente aquellas que mantienen un buen medio para
el desarrollo de las raíces (aeración adecuada del suelo, balance
hídrico apropiado y nutrición equilibrada). La incidencia de PCF/AF es
cada vez menor en plantaciones comerciales obtenidas a partir de
semillas de programas en donde se ha hecho un esfuerzo por identificar y
eliminar como padres aquellas palmas que generan progenies más
susceptibles.
Pudriciones del cogollo
El uso de nombres locales para describir una sintomatología dada, y la
falta de evidencia científica para asociarla directamente con un
determinado patógeno, ha causado mucha confusión y malas
interpretaciones cuando se ha tratado el tema de las pudriciones del
cogollo de la palma aceitera en América tropical. Muchas ‘enfermedades’
han recibido diferentes nombres, cuando probablemente todas tienen un
origen similar.
Todos los nombres usados hacen referencia a un problema que
originalmente es detectado en los tejidos jóvenes de las palmas:
pudrición del cogollo, 'spear rots', pudrición letal del cogollo,
amarillamiento fatal, amarillamiento letal, pudrición seca de la flecha
etc. (Turner 1981; van de Lande 1986; Renard y Franqueville 1989;
Swinburne 1993; Chinchilla y Durán 1999). La confusión ha sido mayor
cuando se han utilizado nombres, que ya habían sido aceptados para
enfermedades totalmente diferentes y de etiología ya conocida, como es
el caso del 'amarillamiento letal' y la 'marchitez sorpresiva'. En el
primer caso, el 'amarillamiento letal' es una enfermedad del cocotero y
otras palmáceas (no de la palma aceitera hasta donde existe
información), y asociada a la presencia de 'fitoplasmas'. La 'marchitez
sorpresiva' es una enfermedad asociada a la presencia de flagelados
(Phytomonas sp.) en el floema.
Los términos pudrición del cogollo y similares, han sido usados en forma
libre para referirse a una condición, en donde las hojas más jóvenes
normalmente desarrollan amarillamientos. y las flechas se pudren o
desecan. Las hojas más viejas de las palmas afectadas normalmente
permanecen de apariencia normal. No se ha logrado identificar un
patógeno particular como la causa principal e inequívoca de este tipo de
problemas, sino que más bien su aparición se asocia a factores
ambientales que estresan la planta (factores de predisposición). La
evidencia epidemiológica tampoco muestra de forma conclusiva que exista
un patógeno como causa de este tipo de problemas (van de Lande 1983;
Bergamin et al. 1997).
Las pudriciones en la región del cogollo de la palma aceitera,
incluyendo las que causan la muerte de la planta no son endémicas del
trópico americano. En verdad, aún la llamada pudrición común de la
flecha puede, en algunas ocasiones, matar la planta. En forma más
general, la literatura de todos los países en donde se ha cultivado
palma aceitera en el mundo, incluye múltiples referencias a distintos
tipos de pudriciones y secamientos que afectan los tejidos más jóvenes
del cogollo. El resultado final de tales ataques es a veces la muerte de
las plantas (Duff 1963; Kovachich 1957; Turner 1981; Watanavanich 1982;
Mariau et al. 1992; Swinburne 1993; Chinchilla y Durán 1998). El primer
autor ha visto pudriciones del cogollo que causan la muerte de palmas
adultas en países como Tailandia y Honduras, en donde el tipo y la
secuencia de síntomas ha sido idéntica a las llamadas 'pudriciones
letales del cogollo', pero la 'enfermedad' nunca ha adquirido una
condición de epidemia en ninguno de estos dos países, lo cual evidencia
que no existen patógenos agresivos involucrados, sino condiciones de
predisposición particulares.
Por otro lado, 'las pudriciones letales del cogollo', tal y como son
conocidas en la mayoría de las áreas de América tropical, no son
necesariamente letales, sino que se ha demostrado que lo normal en
muchos sitios es que las palmas se recuperen de los síntomas, cuando se
ha cambiado la orientación de manejo considerando las necesidades de la
planta según el ambiente y el potencial de rendimiento (Chinchilla y
Durán 1988, 1999).
Los microorganismos asociados a la mayoría de las pudriciones del
cogollo son patógenos secundarios oportunistas. Además, la presencia de
estas pudriciones está asociada con condiciones de predisposición
similares, por lo cual se podría pensar que son variaciones de un mismo
tema, en donde en un extremo está la PCF/AF como una condición
relativamente leve, y en el otro extremo está la 'pudrición letal del
cogollo' Entre estos dos extremos existe una multitud de variaciones
según el ambiente, el manejo agronómico y el tipo de patógenos
secundarios presentes.
Las pudriciones del cogollo de la palma aceitera se encuentran asociadas
con varios factores nutricionales, de suelo, climáticos y de manejo
agronómico, que se consideran adversos para el buen funcionamiento de la
fisiología de la planta. Los elementos más comunes son una baja aeración
del suelo, una nutrición desequilibrada y un balance de hídrico
alterado. Es común que en áreas afectadas se encuentren situaciones de
deficiencia o desequilibrio en el potasio y el fósforo.
Altos contenidos de magnesio y/o calcio en el suelo, el uso de altas
dosis de nitrógeno en condiciones de deficiencia de potasio y excesos o
déficit hídrico, parecen ser una combinación muy peligrosa. También se
han encontrado asociaciones importantes con bajos contenidos de zinc y
cobre, y en particular con las relaciones entre el hierro y el
manganeso, ya que estos dos últimos elementos están más disponibles en
condiciones de aeración pobre del suelo. El hierro puede acumularse en
las raíces causando toxicidad, mientras que aparece en condición de
deficiencia en el tejido joven aéreo.
El desencadenamiento de los síntomas de la condición conocida en Costa
Rica como 'flecha seca'
(Fig. 11
y Fig. 12:
síntomas muy similares a la
pudrición del cogollo en Suramérica) parece estar precedido por una
secuencia de eventos que indican la presencia de uno o más tipos de
estrés, que han afectado en forma negativa a las plantas con un
crecimiento vigoroso anterior, normalmente asociado a una alta
producción de racimos.
La secuencia de eventos (previos, contemporáneos y posteriores) a la
aparición de los primeros síntomas de la 'flecha seca' en palmas jóvenes
fueron: aborto de inflorescencias, disminución en el porcentaje de
frutos normales en el racimo, reducción en el grosor del pecíolo y el
largo del raquis, disminución en la cantidad de raíces (principalmente
finas), aparición de los síntomas típicos (amarillamiento de la parte
basal de algunos foliolos basales en hojas jóvenes con o sin secamientos
de las flechas), y eventualmente una reducción en el peso promedio y el
contenido de aceite del racimo (Albertazzi y Chinchilla, 2005). Algunas
de estas tendencias se observaron también en plantas que desarrollaron
los síntomas de la pudrición común de la flecha/arqueo foliar
(Chinchilla et al. 1997).
Los primeros eventos (incluyendo una reducción en el ‘fruit set’)que se
consideran anteriores a los llamados síntomas iniciales (amarillamiento
de la parte basal de algunos foliolos basales en hojas jóvenes con o sin
secamientos de las flechas) se observaron aproximadamente 5-6 meses
antes. Este comportamiento no puede ser fácilmente conciliado con la
idea de un patógeno como causa única del problema. El tipo y severidad
de los síntomas (amarillamiento, secamiento y pudriciones) y la rapidez
con que las plantas se recuperaron después del ataque se relacionaron
con la cantidad de deterioro inicial del sistema radical fino y la
habilidad de la planta para restituir sus raíces (Albertazzi y
Chinchilla 2005).
Conclusiones
La investigación para encontrar las causas y soluciones a la mayoría de
los problemas fitosanitarios de la palma aceitera en América tropical ha
sido particularmente productiva durante los últimos 15 años. En la
mayoría de los casos, el enfoque ha sido integral, lo que ha permitido
encontrar soluciones prácticas para enfermedades como el anillo rojo y
las diferentes pudriciones del cogollo. Una idea central de este enfoque
es que la prevención es la primera arma de defensa para mantener una
plantación sana. Algunas acciones clave para lograr este propósito
empiezan con la obtención de material de siembra (semilla o clones)
certificados, el uso de las mejores prácticas agronómicas y un monitoreo
permanente de las plantaciones.
Afortunadamente para la industria de la palma aceitera en América, no
existe evidencia de que las enfermedades principales del cultivo sean
transmitidas en el material de siembra. Esto parece cierto, tanto para
enfermedades de vivero como Colletotrichium gloeosporioides y el anillo
clorótico (potyvirus), asi como para enfermedades de las palmas en el
campo, tales como el anillo rojo, la marchitez sorpresiva,
pestalotiopsis, y las varias pudriciones del tronco (Ustulina sp. y
Ganoderma sp.).
Fusarium oxysporum f. sp. elaeidis, no obstante, es un patógeno que
puede ser acarreado en la semilla y el polen, pero solo está presente en
zonas localizadas en Ecuador y Brazil, pero está ausente en América
Central, y en particular en Costa Rica, en donde se produce la semilla
comercial y clones de palma aceitera.
Las pudriciones del cogollo son actualmente el problema fitosanitario de
mayor importancia en muchas plantaciones, pero la mayoría de la
evidencia acumulada hasta ahora indica que no existe un único patógeno
como causa primaria del problema. La mayoría o todos los factores de
estrés asociados a la presencia de las pudriciones del cogollo en palma
aceitera, han estado presentes en todos los países en donde han
aparecido estos problemas en Colombia, Nicaragua, Panamá, Ecuador,
Surinam, Brazil, Venezuela, Costa Rica etc. (Chinchilla y Durán 1998,
Chinchilla y Durán 1999, Franqueville 2001). Estos factores de estrés o
de predisposición deben ser identificados y removidos en forma sucesiva
en un intento para disminuir la incidencia, o al menos reducir la
severidad de los síntomas y aumentar las probabilidades de que las
plantas se recuperen en menor tiempo de los síntomas. La solución final
a estos problemas solo vendrá de la investigación, pero posiblemente
implique una combinación de buenas prácticas agronómicas acordes con el
sitio en donde crezca la palma y su potencial productivo, y el
desarrollo de materiales genéticos con tolerancia o algún grado de
resistencia a la condición.
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