Resumen
Se buscaron relaciones entre algunas características físicas del suelo
con el desarrollo del sistema radical y la condición sanitaria de la
parte aérea en palmas aceiteras jóvenes. El estudio se realizó en dos
sitos en la costa pacífica de Costa Rica, en los que la plantación
anterior había sido fuertemente afectada por pudriciones de cogollo. Se
establecieron tratamientos como un diseño de parcelas divididas, donde
las parcelas grandes fueron dos suelos con características físicas y
químicas diferentes, y las subparcelas, suelo subsolado y no subsolado.
La dinámica del sistema radical se determinó mediante observaciones
espaciadas en el tiempo. Se utilizaron ventanas para observación cavadas
directamente al lado de las plantas y también se extrajeron muestras de
raíces con un barreno para determinar su peso seco y el estado
sanitario. A través de las ventanas de observación se determinó el tipo
de raíz y su ubicación en el espacio en una cuadrícula.
En el periodo que siguió a la siembra de las plantas, la primera
tendencia observada fue el desarrollo preferente del sistema radical
grueso (raíces primarias y secundarias), presumiblemente en busca de
anclaje y para asegurar un suministro adecuado de agua en anticipación a
cualquier posible evento causante de déficit hídrico. El desarrollo de
sistema radical fino (raíces terciarias y cuaternarias) durante los
primeros meses posteriores al trasplante fue escaso. No obstante,
aproximadamente un año después de la siembra, las plantas ya habían
desarrollado un sistema fino importante. El crecimiento de raíces finas
ocurrió en parches, posiblemente debido a las condiciones heterogéneas
del suelo (diferencias en condiciones físicas y de fertilidad).
En palmas de dos años de edad, la mayor parte del sistema fino de raíces
se encontró en los primeros 20 cm bajo la superficie, y todo el sistema
(fino y grueso) estuvo concentrado entre 20 y 40 cm bajo la superficie.
La presencia de un nivel freático alto y fluctuante se asoció con una
menor densidad de raíces finas y gruesas a través del perfil del suelo.
Asimismo, una mayor resistencia a la penetración (compactación)
encontrada en la parcela sin subsolar se consideró un impedimento para
el desarrollo del sistema radical. La presencia de horizontes o capas
con valores de resistencia a la penetración mayores de 1,2 MPa se asoció
con una menor proliferación de raíces en algunas regiones de suelo. Una
menor fertilidad (particularmente potasio y alta relación Mg/K) también
se asoció con el menor desarrollo radical y eventualmente con una mayor
incidencia de pudriciones de cogollo.
El uso de 30 plantas por repetición fue suficiente para declarar
diferencias al 5% para la variable densidad de raíces con el método de
evaluación con el barreno holandés. La evaluación de raíces con el
método de perfiles se considera una alternativa viable para el estudio
del sistema radical en palma aceitera. Una gran variabilidad entre
palmas fue observada en los muestreos del sistema radical, por lo cual
se considera necesario incluir una muestra mínima de doce plantas.
La mayoría de los estudios sobre raíces en palma aceitera se enfocan
en aspectos sobre la distribución del sistema radical (Alvarado y
Sterling 1993; Forde 1972; Tinker 1976; Tan 1979; Agamuthu y Broughton
1986; Jourdan y Rey 1997). En varias investigaciones se ha encontrado el
efecto positivo de algunas prácticas como el riego, la nutrición
equilibrada y cierta labranza, sobre el desarrollo saludable del sistema
radical y la parte aérea de la planta. La influencia positiva se acentúa
si esas prácticas son realizadas durante los primeros cinco años después
del trasplante.
La dinámica del crecimiento de raíces en el tiempo y el espacio depende
de la interacción de factores como el clima, el manejo y la calidad del
sitio donde se sembró la planta. La calidad del sitio se puede definir
como el efecto integral de la fertilidad, la física, la química y la
biología del suelo seleccionado.
El sistema radical de la palma aceitera se divide anatómicamente en
cuatro sistemas: raíces primarias (I), secundarias (II), terciarias
(III) y cuaternarias (IV). Las primeras dos se definen como raíces de
anclaje y transporte de agua y solutos, y las dos últimas como raíces de
absorción de agua y nutrientes (junto con los puntos de crecimiento de
las raíces I y II). Las raíces III y IV presentan una longitud máxima de
pocos centímetros por lo que se pueden considerar raíces de tipo
colonizador, mientras que las raíces I y II se consideran pioneras ya
que preceden la aparición de las raíces absorbentes y presentan mayores
longitudes (Jourdan y Rey 1997, Ruer 1967). Las condiciones del sitio
pueden modificar la capacidad pionera y colonizadora del sistema radical
en palma aceitera.
En el Pacífico Central de Costa Rica se presentó una alta incidencia de
la condición conocida como flecha seca, cuyos síntomas corresponden a lo
que se conoce como pudrición del cogollo (PC) en varios países de Sur
América. El trastorno es de naturaleza no letal, y las plantas
normalmente se recuperan luego de varios meses de sufrir
amarillamientos, secamientos y pudriciones de las flechas y otros
tejidos del cogollo (Chinchilla y Durán 1999).
El desorden de la PC puede ser el producto acumulado de alteraciones
fisiológicas, las que en presencia de un elemento disparador, como una
fuerte sequía o anegamiento extremo, aunado con una alta carga previa de
racimos, pueden conducir al agotamiento de la planta, que la deja
expuesta al ataque de organismos patógenos oportunistas. Este complejo y
otros similares han sido asociados también con un deterioro del sistema
radical (Alvarado et al. 1997, Chinchilla y Durán 1998; Chinchilla y
Escobar 2004). En Colombia, por ejemplo, Acosta y Munevar (2002)
encontraron que la incidencia de PC fue mayor en los suelos más
compactados (valores de resistencia a la penetración de 1.58 MPa versus
1.07 Mpa).
Existen pocos estudios sobre el desarrollo del sistema radical en suelos
afectados por la PC. Algunos investigadores se han enfocado en la
arquitectura y distribución espacial de las raíces o en la relación
entre síntomas aéreos y el deterioro de las raíces (Albertazzi et al.
2005).
El objetivo de este estudio fue conocer la dinámica radical en plantas
de palma aceitera sembradas en un sitio en donde la plantación anterior
había sufrido un fuerte ataque de PC.
Materiales y Métodos
Las observaciones se realizaron entre los meses de mayo del año 1998 y
junio 2000, en la zona de Quepos, en el Pacífico Central de Costa Rica.
Esta zona se caracteriza por tener una estación seca bien definida entre
los meses de enero y abril, y un pico de lluvias en setiembre y octubre
(
Fig. 1). Los suelos, cuyo régimen de humedad es ústico, son de origen
aluvial, sobre topografía plana o suavemente ondulada y se les clasifica
dentro del orden de los Inceptisoles (Taxonomía de suelos del USDA). Se utilizó un diseño de parcelas divididas en donde la parcela grande
correspondió a dos tipos de suelo con diferentes características físico
y químicas, y las subparcelas correspondieron a la práctica de subsolado
o no subsolado del suelo. Se utilizaron plantas procedentes de semilla
sexual de la variedad Deli x Kigoma / Ekona (DxK/E). Las plantas se
sembraron entre finales de abril e inicios de mayo de 1998.
El suelo del sitio dos, clasificado por Núñez (1996) como Typic
Eutropept, presentaba la particularidad de tener un nivel freático
fluctuante por efecto de marea; el cual no se logró eliminar por
completo con el trabajo de drenaje realizado. Este suelo también
presentaba un menor contenido de potasio. En el suelo del sitio uno,
clasificado como Fluvaquentic Eutropept, el problema de drenaje era
menor (texturas menos finas) y no tenía el efecto de las mareas. Además,
su contenido de potasio era mayor. Ambos sitios se encuentran a 8 msnm
cerca de la costa pacífica. Según Núñez (1996), este suelo se originó de
sedimentos aluviales y presenta un epipedón ócrico y un endopedón
cámbico. Las principales características físicas y químicas de ambos
suelos se muestran en el
cuadro 1. En ambos sitios, la incidencia de la
PC en la siembra anterior afectó más de 60% de las plantas; por lo cual
se trató de corregir las deficiencias del sistema de drenaje antes de
iniciar la nueva siembra.
La dinámica del sistema radical se evaluó de dos formas: con un barreno
tipo holandés (Eijkelkamp, http://www.eijkelkamp.com) y mediante la
instalación de ventanas de observación según fue descrito por Bhöm
(1979).
En el caso del barreno holandés, se tomaron muestras de la capa
superficial (0-20 cm de profundidad) de 30 plantas en cada repetición a
un metro de distancia del tallo, según la recomendación de Rapidel
(1998). Las variables evaluadas fueron peso seco del sistema de raíces
gruesas (Tipo I y II) y raíces finas (Tipo III y IV). Una vez tomadas y
etiquetada cada muestra, el volumen de suelo (750 cc) se colocó en
cubetas con agua por cinco minutos, para propiciar el desprendimiento
del suelo y facilitar la extracción de las raíces sin dañarlas. El
contenido de la cubeta se pasó por una criba fina y se realizó un lavado
con agua a baja presión. Las muestras ya lavadas se separaron por
tamaños en raíces gruesas y finas y se colocaron en bolsas de papel y se
secaron para obtener su peso seco (70°C por tres días). Se realizaron
cuatro muestreos espaciados seis meses, empezando un mes después de la
siembra.
Antes de secar las muestras de raíces se procedió a evaluar su estado
fitosanitario; para lo cual se utilizó una escala visual con cuatro
categorías:
- hasta 25% de deterioro del sistema radical
- entre 25% y de 50% de deterioro
- entre 50 y 75% de deterioro
- entre 75 y 100% de deterioro (
Anexo 1).
A esta variable se le llamó 'raíz corchosa' debido al aspecto de las
raíces deterioradas. El porcentaje de deterioro se calculó con la
siguiente fórmula:
|
% deterioro =
|
Valor
observado
4 |
x 100 |
Donde el valor observado oscila en la escala entre 0 y 4.
La dinámica del sistema radical 'in situ' se evaluó con el método de
observación en un perfil de suelo, según lo describe Bhöm (1979). Este
método consiste en la excavación de una calicata al lado de la planta:
un metro de profundidad, un metro de ancho (frontal a la planta) y 1.20
metros de largo, con escalones para el acceso (
Fig. 2).
Luego de realizar la primera medición del sistema radical expuesto (20
cm a lo largo del perfil), se colocó un vidrio de un metro cuadrado
plenamente ajustado a la pared frontal de la calicata. El vidrio se
cubrió con un plástico negro (para evitar la entrada de luz) y sobre
éste se colocó un plástico blanco para evitar el sobrecalentamiento del
suelo. Además, cada calicata se protegió con un techo construido con
sacos de polipropileno para evitar la acumulación de agua de lluvia
dentro de la misma y la incidencia directa de la luz del sol sobre la
cara de evaluación.
Cada seis meses se quitó el plástico de cada planta y se colocó una
pieza de policarbonato transparente sobre el vidrio. Esta pieza tenía
dibujada una cuadrícula de un metro cuadrado con líneas cada cinco
centímetros (20 líneas horizontales y 20 líneas verticales), que
formaban cuadros de 25 cm².
La primera fecha de evaluación con la cuadrícula fue a los seis meses de
sembradas las palmas en el campo; en total se realizaron cuatro
mediciones espaciadas seis meses entre sí. Las variables evaluadas
fueron el recuento del número de raíces por tipo (primarias, secundarias
y terciarias más cuaternarias) y su ubicación (distribución) en cada
cuadro de 25 cm².
Durante la época lluviosa del segundo año después de la siembra, se
determinó la resistencia a la penetración en sitios cercanos a cada una
de las palmas en las que se excavaron las calicatas. Para ello, se
utilizó un penetrómetro de mano marca Eijkelkamp
(http://www.eijkelkamp.com) de tipo analógico, utilizando el cono #2 de
15.96 mm de diámetro, con un ángulo de 60 grados. Las evaluaciones se
realizaron en forma posterior a una de lluvia de 50 mm, esperando dos
días para la infiltración del exceso de agua. Las mediciones se
realizaron por triplicado en la zona posterior de la rodaja de aquellas
palmas con ventanas de observación. Las mediciones se tomaron cada cinco
centímetros hasta un metro de profundidad. Todas las evaluaciones se
realizaron en un mismo día de trabajo.
Resultados y Discusión
Evaluación del sistema radical con el barreno holandés
Densidad de raíces. Se encontraron diferencias significativas para la
interacción entre el sitio y el método de preparación del suelo para la
variable densidad de raíces finas (P=0.002, DMS 5%). En el sitio dos
(suelo menos aireado) se presentó una menor densidad de raíces en la
parcela no subsolada (
Fig. 3). El desarrollo del sistema radical fino
(raíces terciarias y cuaternarias) fue relativamente pobre durante el
primer mes posterior al trasplante. La densidad radical encontrada fue
de 0.39 gramos de raíces totales por litro; donde 36% fueron raíces
finas.
Aproximadamente seis meses después de la siembra, la densidad de raíces
había aumentado 4.3 veces en el sitio uno (suelo mejor aireado),
indicando que la planta había desarrollado un sistema radical importante
en busca de agua y nutrientes. La densidad de raíces en ese momento fue
de 1.69 g/l; y el sistema fino representaba 49% del total de raíces.
Este comportamiento del sistema radical fundamenta la práctica de
colocar el fertilizante muy cerca de la planta durante los primeros
meses después de la siembra. Luego de seis meses aproximadamente, la
aplicación del abono se puede ampliar a la primera mitad de la rodaja o
círculo libre de malezas.
Sanidad del sistema radical. No se encontraron diferencias en la sanidad
de las raíces que pudiesen atribuirse al efecto del subsolado, pero sí
al tipo de suelo. No hubo interacción entre sitios y la práctica de
subsolado. El mayor deterioro del sistema radical se observó en el sitio
uno (P=0.005, DMS 5%) con 38%. En todo caso, para efectos agronómicos,
las muestras de raíz del sitio dos presentaron 33% de deterioro, lo cual
también se considera muy alto.
El deterioro paulatino del sistema radical fue evidente en ambos sitios
aún antes de la aparición de palmas con síntomas externos de pudriciones
de cogollo o PC (
Fig. 4), lo cual ocurrió antes de la evaluación a los
18 meses. Este mismo fenómeno fue observado en otros experimentos, en
donde se encontró que el deterioro del sistema radical -inicialmente en
calidad y luego en cantidad- antecedía a la manifestación externa de los
síntomas de flecha seca o PC (Albertazzi et al. 2005).
La aparente mayor capacidad de las plantas en el sitio uno de mantener
una mayor densidad de raíces finas (compensando en parte las
deterioradas), se asoció con una menor incidencia posterior de PC en esa
área (menor a 5%). Esta ventaja aparente no se observó en la parcela no
subsolada del sitio dos, en donde la incidencia de PC fue mayor
posteriormente.
Evaluación de la dinámica del sistema radical con el método de perfiles
(ventanas de observación)
Luego de la siembra en el campo, las palmas favorecieron el desarrollo
del sistema radical grueso (raíces primarias y secundarias), el cual
ayuda al anclaje y la exploración de capas más profundas del suelo en
busca de agua (
Fig.5,
Fig.6,
Fig.7 y
Fig.8
).
A los dos años de edad, la mayor parte de las raíces gruesas se
concentró en los primeros 20 a 40 cm de profundidad, y el sistema fino
se ubicó principalmente en la capa superficial de 20 cm de espesor. Este
mismo comportamiento fue observado por Barrios (1998) en suelos en
Venezuela clasificados como Ultisoles y Vertisoles. De igual manera,
Armas et al. (2005), trabajando con trincheras para estudiar el sistema
radical de palmas de pejibaye (Bactris gassipaes) de un año de edad,
encontraron que la mayoría de las raíces finas y gruesas estaban en los
primeros 20 cm de profundidad y cercanas al tallo; lo cual parece ser
una característica de las Palmaceas en general, al presentar un sistema
radical de tipo fasciculado. En palmas aceiteras adultas (16 años),
Cristancho et al. (2007) encontraron que la mayoría de las raíces crecía
en los primeros 30 cm del suelo y en un círculo de 4.5 metros de radio
alrededor de la base del tallo.
La evaluación a los seis meses después de la siembra (
Fig.5,
Fig.6,
Fig.7 y
Fig.8
), indicó
lo acontecido durante la primera estación lluviosa. En este sentido se
puede observar un pobre desarrollo tanto de raíces gruesas como finas.
El sistema grueso se concentró entre los 20 y 30 cm de profundidad;
mientras que las raíces finas brotaron en forma más superficial,
especialmente en el sitio con mayores problemas de aeración.
En la segunda fecha de evaluación (periodo que incluyó la primera época
seca después de la siembra), fue notoria la emisión de un mayor número
de raíces finas a mayor profundidad (
Fig.5,
Fig.6,
Fig.7 y
Fig.8
).
Durante la tercera fecha de muestreo (18 meses después de sembradas las
plantas) se reflejó el efecto de la segunda época lluviosa, en la cual
lo más destacable fue la emisión de raíces finas en ambos sitios en
forma muy superficial. En ambos sitios aparecieron raíces gruesas entre
los 20 y 50 cm de profundidad; pero la emisión fue mayor en el sitio
mejor aireado.
Para la cuarta y última evaluación (dos años después de la siembra en
campo), fue evidente el efecto marcado de la época seca del año 2000. En
éste caso, el mayor efecto adverso se observó en el sitio menos aireado,
en donde se observó una disminución drástica en la densidad de raíces
finas y gruesas (
Fig.8Fig.7
y Fig.8Fig. 8
) en comparación con el suelo mejor aireado
(Fig.8Fig. 5 y
Fig.8Fig.6).
Con el método de perfiles o ventanas de observación se hizo evidente,
desde la primera fecha de evaluación, un crecimiento del sistema radical
en forma de parches tanto de las raíces gruesas como de las finas. La
dinámica de raíces varió en el tiempo y en el espacio (
Fig.5,
Fig.6,
Fig.7 y
Fig.8
);
posiblemente debido a un efecto combinado de la interacción entre las
condiciones hídricas y la fertilidad del suelo (Arnone 1997). Van
Noorwijk et al. (1996) encontraron que el crecimiento de las raíces
tenía una respuesta a las características físicas y químicas del
sustrato en que se desarrollaban; lo que indica una alta plasticidad
para responder a condiciones de crecimiento disímiles (Grime et al.
1993).
La mayor abundancia de raíces totales (80-90%) en el perfil de suelo se
observó en los primeros 50 cm (
Fig. 9). En general, este comportamiento
había sido observado por Barrios (1998) en palmas cultivadas en
Venezuela. Considerando este hecho, el análisis estadístico se realizó
con la densidad de raíces a dos profundidades, de 0-50 cm y 55-100 cm.
En el sitio uno con mejores condiciones de drenaje y no subsolado, se
observó una mayor densidad de raíces gruesas en ambas profundidades del
perfil (0-50 y 55-100 cm), mientras que las menores densidades
correspondieron al sitio dos no subsolado (
Fig. 10), P<0.05%, DMS 5%.
Para la variable densidad de raíces finas se observaron diferencias
significativas entre sitios (P<0.05%, DMS 5%), en ambas profundidades,
donde el sitio uno (mejor aireado) fue mejor. La densidad de raíces
finas en el estrato más profundo del perfil (> 55 cm bajo la superficie)
fue aproximadamente 4,6 veces menor en el sitio 1 y 11 veces menor en el
peor drenado (
Fig. 11). La consecuencia lógica es que en el sitio 2 (con
limitaciones de drenaje) no subsolado, las raíces finas se confinaron a
los primeros 50 cm.
Resistencia a la penetración y desarrollo del sistema radical
La penetrometría o uso de penetrómetros es uno de los métodos más
utilizados para evaluar la presencia de capas compactadas en suelos
agrícolas (De León et al. 1998, Rooney y Lowe 2000, Duiker 2002). Esta
característica permite diagnosticar situaciones de compactación y la
posterior utilización de métodos adecuados (profundidad de trabajo y
tipo de equipo a usar) para solucionar el problema.
No se encontró interacción entre sitios y los métodos de preparación del
suelo en cuanto a la variable resistencia a la penetración. En ambos
sitios el subsolado disminuyó la resistencia a la penetración,
encontrándose diferencias entre métodos de preparación del suelo
(P=0.004, DMS 5%) (
Fig. 12).
El desarrollo tanto del sistema radical grueso como del fino fue
negativamente afectado cuando el valor de resistencia a la penetración
fue mayor que 1.20 MPa. La probabilidad de encontrar algún tipo de
raíces en suelos con valores superiores a 1.20 MPa fue menor de 5% y
nula con valores iguales o mayores a 1.60 MPa. Por consiguiente, la
aparición de PC se ve favorecida en sitios en donde el suelo presenta
valores de resistencia a la penetración cercanos a 1.2 MPa en alguna
parte del perfil, como consecuencia del confinamiento del sistema
radical a un volumen determinado por la profundidad a la que se
encuentre la capa compactada (Coder, 2000). En éste sentido, Acosta y
Munevar (2002) relacionan mayores incidencias de PC con sitios con
suelos compactados con valores de resistencia a la penetración mayores a
1.07 MPa.
Incidencia de PC y crecimiento radical de la palma
En la
figura 13 se muestra la dinámica del sistema radical en cada fecha
de evaluación tomando como base las raíces cuantificadas en la primera
fecha de muestreo. Tanto para las raíces gruesas como para las finas es
notorio el crecimiento sostenido en la cantidad de raíces durante las
tres primeras fechas de muestreo. Sin embargo, en las palmas que se
enfermaron, los crecimientos fueron más vigorosos pero cayeron
fuertemente para la cuarta fecha de muestreo, justo cuando empezaron a
mostrar los primeros síntomas aéreos de la enfermedad. En cambio las
palmas que no se enfermaron, mantuvieron un crecimiento moderado durante
las cuatro fechas de evaluación. Estos datos son coincidentes con
observaciones realizadas en otros ensayos en donde las palmas más
vigorosas son las que primero se enferman, mientras que palmas con tasa
de desarrollo de la biomasa relativamente bajo o moderado presentan
mayor tolerancia al complejo flecha seca.
Incidencia de PC y crecimiento aéreo de la palma
A los doce meses de sembradas las palmas, se observaron los primeros
casos de PC en el sitio 1 (mejor drenaje), pero la enfermedad solo llegó
a afectar 0.05% de las plantas a los dos años de edad en este sitio. Por
el contrario, en el sitio 2 (con nivel freático fluctuante), la
incidencia de PC a los 24 meses alcanzó 58%, y solo unas pocas palmas
habían iniciado el proceso de recuperación. No se encontró interacción
entre los sitios y el método de preparación del suelo (subsolado o no).
Durante el desarrollo del experimento, el nivel freático en el sitio con
mejor drenaje se mantuvo a profundidades mayores de un metro. En el
sitio 2, se combinaron los efectos negativos de una alta precipitación
pluvial con el de las mareas, que ocasionaron el ascenso temporal del
nivel freático a profundidades menores de 50 cm. Esto ocasionó que fuera
necesario achicar el agua en las calicatas para la toma de datos durante
el período lluvioso. La profundidad del nivel freático es uno de los
factores que más limitan el desarrollo radical (Purvis 1956, Hartley
1977)
Otro factor que pudo afectar en forma adversa el desarrollo radical en
el sitio 2 (menor aireación) fue el nutricional. Los resultados de los
análisis químicos de suelos realizados en 1998 y 1999 reflejaron
diferencias entre ambos sitios. Aunque la saturación con potasio era
baja en general, fue menor en el sitio con mayor incidencia de PC (0.11
cmol(+)/l vs. 0.17 cmol(+)/l en el sitio 1). El nivel mínimo aceptable
de K+ es de 0.2 cmol(+)/l). La saturación con potasio fue de 0.44% en el
sitio 2 (mal drenado) y 0.67% en el sitio 2 (menor incidencia de PC). El
nivel mínimo aceptable para esta variable es de 2.5%.
Contrariamente, la cantidad de Mg en el sitio mal drenado fue mayor, con
relaciones Mg/K muy altas (77 en sitio 2 vs 27 en sitio 1).
El valor aceptable para esta última variable está dentro del ámbito de
2.5 y 15.
Las medidas de crecimiento aéreo de las plantas (área transversal del
pecíolo y área foliar) reflejaron diferencias entre sitios y entre
métodos de preparación del suelo. No obstante, no se encontró una
interacción entre ambas variables para las variables cantidad de racimos
por palma (carga) y en otras mediciones de crecimiento vegetativo. El
sitio con mejores condiciones de suelo favoreció un mayor crecimiento
aéreo y la carga de racimos fue también mayor (
Cuadro 2).
Conclusiones
La presencia de un nivel freático alto y fluctuante se asoció con una
menor densidad de raíces finas y gruesas a través del perfil del suelo
en palma joven. Una mayor resistencia a la penetración (compactación) en
el caso de la parcela sin subsolar, también se consideró un impedimento
para el desarrollo del sistema radical. Una fertilidad baja en el suelo
(particularmente potasio y alta relación Mg/K) también se asoció con un
menor desarrollo radical.
Las condiciones adversas anteriores también ocasionaron un menor
desarrollo vegetativo y una menor carga inicial de racimos. Es aparente
que en condiciones adversas al desarrollo radical, la planta intenta
producir nuevas raíces con consecuencias negativas para sí misma; ya que
ese sistema está expuesto al deterioro, por lo cual la planta debe
reinvertir energía para producir más raíces. Esta situación puede
conducir al debilitamiento de la planta y a una mayor susceptibilidad a
la PC.
Condiciones adversas al desarrollo radical están claramente asociadas
con una mayor incidencia del trastorno de la flecha seca o pudrición del
cogollo. Se concluye que existe evidencia de que la expresión fenológica
de síntomas de PC parece estar influenciada por la conjunción de varios
factores predisponentes (capas compactadas y nivel freático alto por
ejemplo) y factores disparadores (nutricionales y déficit hídrico) que
pueden desencadenar el desarrollo del complejo en diversos grados de
incidencia y severidad.
El uso de 30 plantas por repetición fue suficiente para declarar
diferencias al 5% para la variable densidad de raíces con el método de
evaluación con el barreno holandés. La evaluación de raíces con el
método de perfiles o ventanas de observación se presenta como una
alternativa viable para estudiar el sistema radical en palma aceitera.
No obstante, se recomienda acortar el tiempo entre evaluaciones, a menos
de seis meses entre sí (según los objetivos), debido a la dinámica del
sistema radical de la palma aceitera joven.
El desarrollo del sistema radical de la palma aceitera presentó un
crecimiento en parches, especialmente el sistema radical fino. La
presencia de horizontes o capas con valores de resistencia a la
penetración mayores a 1.2 MPa parece ser uno de los factores que más
influye sobre el volumen de suelo potencialmente explorado por las
raíces primarias y secundarias de la palma aceitera. El penetrómetro se
presenta como una herramienta práctica para diagnosticar áreas con
suelos con problemas de compactación.
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